La crisis alimenticia que afecta a los niños de Coyaima

La crisis alimenticia que afecta a los niños de Coyaima

Un pueblo del Tolima, sufre una situación igual a la de La Guajira: sequía y desnutrición.

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11 de abril 2016 , 09:55 p.m.

Coyaima, unos de los municipios más pobres del Tolima, sufre una crisis parecida a la de La Guajira, donde este año han muerto de hambre 22 niños.

El pueblo tolimense, de 23.000 habitantes, la mayoría indígenas pijaos que viven en la zona rural, soporta temperaturas de 38 grados centígrados, no cuenta con agua potable y este año ya han sido reportados cinco niños con desnutrición, que se sumaron a los siete a los que les fue detectado el mismo mal el año pasado.

Según Adriana Magaly Mátiz, secretaria de Inclusión Social de la Gobernación del Tolima, el año pasado esta enfermedad cobró una víctima en el municipio, al igual que en Natagaima y Prado.

El pueblo vive una emergencia económica, pues el verano secó el río Saldaña y las quebradas Chenche y San Cayetano, que regaban extensos cultivos de maíz, limón y yuca, así como extensas plantaciones de plátano cachaco, producto del que se extrae la hoja para envolver el famoso tamal tolimense. “Cientos de familias derivan su sustento de la hoja de cachaco, pero el verano quemó las plantaciones, la gente está desesperada”, dijo Rigoberto Tique, consejero mayor del Consejo Regional Indígena del Tolima (Crit).

El alcalde de Coyaima, Oswaldo Alape, asegura que para superar el problema de los niños se necesita apoyo desde el Gobierno Nacional. Actualmente, la Gobernación del Tolima y el ICBF adelantan un programa de recuperación nutricional, pero la escasez de comida continúa.

En la casas de barro de las afueras del pueblo se vive a diario este drama, como en la vereda Totarco Tamarindo, donde Yamile y su esposo, Ramiro, viven con seis niños, entre ellos una niña de 13 meses que sufre de desnutrición.
El domingo pasado la familia solo comió arroz, plátano y aguapanela, y ayer lunes tenían para echarle a la olla lo mismo, más unas rabadillas de pollo. “Tenemos hambre, mamá”, le decía a su mamá su hijo de 12 años, mientras repartía un mango verde entre sus hermanos.

“Un programa del ICBF me dio un mercadito con leche, pastas, aceite, lenteja y bienestarina para coladas”, señala Yamile, de 37 años, quien celebra que la menor ha comenzado a mejorar su peso. “Yo la veo repuestica, gracias a Dios volvió a dormir y a comer”, dice Yamile.

En el último control, del 3 de febrero, que le practicó la IPS indígena The Wala, la bebé pesó 6.400 gramos y midió 68 centímetros, lo que indica que debe mejorar. “Aunque ha mejorado en comparación con el año pasado, debe subir un poco más de peso”, afirmó Paola Andrea Vallejo, jefe de enfermeras de la IPS indígena pública, quien agrega que Yamile, a diferencia de otras madres con hijos bajos de peso, es una mujer que se preocupa por la estabilidad de su pequeña.

El problema es cuando los pediatras le ordenan exámenes, pues ella dice que no tiene plata para esos gastos ni para ir a Ibagué. Su esposo gana 20.000 pesos por el jornal diario en construcción, y la plata se queda en el mercado. “Los niños parecen pajaritos, a toda hora quieren comida”, agrega el padre.

En la escuela de la vereda Chenche Amallarco, a unos 15 minutos de la zona urbana de Coyaima, es fácil observar el bajo peso de los niños. “Son niños que duermen en esteras que tiran en el suelo, y se arropan con la pobreza que cubre sus hogares”, aseguró la profesora Luz Amparo Ducuara.

“Yo desayuné con tinto y pan”, dijo un niño de 12 años, que les pide al Presidente y al gobernador del Tolima “cuadernos y colores”.

Tique señala que en el pueblo “abundan los casos de niños mal alimentados. Si hay pan para el desayuno, el almuerzo es con arroz y huevo”.

Ante la situación, las autoridades y una emisora local apelan a la solidaridad de los tolimenses, y tienen prevista para mañana una jornada de recolección de alimentos no perecederos para los niños de Coyaima, en el primer piso de la Terminal de Transportes de Ibagué.

Mientras las ayudas llegan, María Cacais, viuda y madre de 4 niños, se defiende vendiendo hoja de cachaco y chicha en la vereda Chenche Balsillas. “Lo que me gano es para el mercado. Necesitamos ayuda para que no mueran niños de hambre”, dice.

FABIO ARENAS
Enviado Especial de EL TIEMPO

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