A controlar las obras

A controlar las obras

Estamos cansados de que nos roben impuestos por causa de la ceguera de los funcionarios públicos.

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10 de abril 2016 , 08:37 p.m.

Da vergüenza ver en los medios las historias de todas aquellas obras, calles, colegios, parques, puentes que se abandonan a mitad de camino o cuestan muchísimo más de lo proyectado, y jamás se sabe por qué.

Muchos de los que intervienen en ellas dicen que la plata se agotó y por eso no se pudo terminar la obra afectada. En muchas otras ni siquiera se reciben explicaciones de nadie, sino que todo el mundo les voltea la cara, sin importarles los efectos que esas embarradas tienen sobre sus alrededores y la gente.

Es difícil entender por qué pasan estas anormalidades, que no son pocas. Hay procedimientos que permiten hacerle seguimiento permanente a una obra. Existen los interventores, encargados de ejecutar este seguimiento. Y, por supuesto, está la tecnología para facilitar el control, el desarrollo, el presupuesto y la ejecución de todo lo que tenga que ver con una obra, sin importar el tamaño que tenga.

Por supuesto que esto requiere que se tenga el interés de ejecutar bien lo programado, para que la obra se entregue en el tiempo esperado y con la calidad exigida. Se debe tener en cuenta que hay proyectos en los que el presupuesto no es suficiente y el cronograma no se cumple. Eso pasa con frecuencia, pero lo que sí es muy claro es que, de suceder esto, debe haber explicaciones lógicas y claras.

En este país, lleno de corrupción, lo único que importa es sacarles plata a todos los proyectos, sea como sea. Por esto hay presupuestos que se triplican para poder terminarlas –algo que no tiene ninguna lógica–, o que se demoran cinco veces más de lo programado, como Transcaribe, en Cartagena, para no hablar de la plata adicional que hubo que inyectarle.

Es hora de que los responsables de ejecutar todas las obras implementen la tecnología para lograr controlar el cumplimiento de los proyectos, la erogación de los dineros presupuestados y los tiempos y calidad de lo entregado.

Por el lado legal, no se entiende por qué no existen o no se ejecutan las normas que castiguen a aquellas empresas a las que se les asignan contratos gigantes y no los cumplen, ni en los tiempos de entrega ni en los presupuestos aprobados. Los colombianos estamos cansados de que nos roben los impuestos por causa de la ceguera, corrupta o no, de los funcionarios públicos responsables.

GUILLERMO SANTOS CALDERÓN
guillermo.santos@enter.co

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