¿Se viene un fútbol pletórico de goles?

¿Se viene un fútbol pletórico de goles?

Se advierte un reflorecimiento importante del gol en todos los torneos.

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10 de abril 2016 , 07:19 p.m.

Periodista de alto mérito y estadígrafo de rigor, Orlando Ascencio informa que el año pasado fue el más pobre en goles de toda la historia de la Dimayor desde el 48 para acá. “En el torneo que ganó Nacional se marcó a un promedio de 2,14 goles por partido. Bajísimo”, acota. “Y este 2016 arrancó mal también, aunque en las últimas fechas repuntó el gol, se han anotado muchos”, agrega. Significa que, salvo algunas excepciones (Colombia sería una de ellas), se advierte un reflorecimiento importante del gol en todo el mundo.

En medio de las denuncias de corrupción dirigencial en asociaciones y confederaciones (esta semana ya fue salpicado seriamente el nuevo presidente de la Fifa, Gianni Infantino, que tantas esperanzas de decencia había alentado), el gol es una grata noticia. El fútbol sigue adelante, pese a muchos malos líderes. Nadie puede acabar con la pasión. En un deporte cuyo rasgo esencial es la emoción, el gol es una sensación orgásmica. Muchas mujeres no entienden por qué uno se vuelve tan loco en el festejo de un gol. Cuesta explicarlo a quien nunca marcó uno, ni en la canchita del barrio. ¿Cómo un artillero consagrado que ha convertido ya 500 goles anota el 501 y corre a festejarlo como un poseído y salta, baila, tira besos al aire, agradece a Dios, lo dedica a su novia o esposa o madre? Le ha pasado 500 veces, pero en la 501 vuelve a experimentar ese cosquilleo tan conmovedoramente feliz.

El fútbol es, quizá, el deporte con resultados más estrechos. No es el básquetbol, el rugby, el tenis, el voleibol, en los que a cada momento hay un tanto. En consecuencia, cada gol es un acontecimiento, por lo difícil que resulta anotar. He allí una explicación de por qué el festejo es tan pasional. Sin ninguna duda, el fútbol es cada vez mejor: contexto, reglas, marco de disputa, organización, universalización, preparación, tácticas... En muchos aspectos. También en juego. Y una de las manifestaciones más concretas del buen fútbol es el gol. Más allá de errores puntuales, un partido que termina 4 a 3, 3 a 2, 3 a 3, por lo general es atractivo. El gol le otorga esa calificación.

Después de varios años de fútbol rocoso, táctico y de excesiva presión y fricción, en la Argentina hay un renacer del gol. Se dan cantidades de resultados de 6 a 3, 4 a 3, 3 a 3... Algunos periodistas (incorregibles) se han mostrado molestos. “Para la gente puede ser bonito, pero a los técnicos no les agrada, saben que han fallado los esquemas”, dicen. Olvidan algo: el fútbol es para el público, no para los entrenadores. En cambio Diego Latorre, exfutbolista y ahora analista de La Nación, lo ve positivo: “Los goles nos llevan a un mejor fútbol”, dice.

Esta misma hemorragia goleadora se manifiesta en la Copa Libertadores, lo destacábamos en la columna de ayer en EL TIEMPO. La semana pasada, en 13 encuentros de Copa se convirtieron 57 goles, a una altísima media de 4,38 por cada uno.

En las últimas 21 copas Libertadores que se disputaron con 2 puntos por partido ganado (las de 1974 a 1994), se registró un promedio 2,48 goles por partido. En las primeras 21 de la nueva puntuación (de 1995 al 2014), el promedio subió a 2,72. Significa un 10 por ciento más de goles. Puede parecer poco, pero observemos esto: en el 2014 se marcaron 342 goles. Si le sumáramos un 10 por ciento, serían 375, o sea 33 goles más. Es bastante. Tampoco es que el fútbol llegará a ser el básquet. Si aumenta otro 10 por ciento, ya sería excelente.

¿Las causas? Varias. La principal: la especulación está en retirada; casi no quedan vestigios. Los esquemas ultradefensivos que rigieron hasta los años 90 quedaron obsoletos con la norma de los 3 puntos a la victoria. El empate ya no sumaba, restaba. Entonces comenzaron todos, tibiamente, a salir a ganar; con tácticas diferentes, pero a buscar el partido. Y para ello es preciso llegar al gol.

Los jugadores que hoy tienen 25 años tenían 3 cuando la nueva norma de puntuación se implantó por primera vez en el Mundial del 94. No conocieron el catenaccio ni los planteos ultradefensivos tan usuales en la Libertadores entre los años 60 y mediados de los 90. Estos son hijos del ir a ganar. Y los técnicos jóvenes (una tendencia mundial), que van de los 38 a 43 años, tampoco convivieron mucho con esa época de fútbol rácano. Son más audaces que los viejos maestros. De modo que hay una cultura nueva que ignora cómo era aquello de meterse todos atrás.

En estos días hallamos una columna del querido Roberto Perfumo, quien se nos fue el mes pasado. Su título era muy atractivo: ‘Sí, meter goles ahora es más fácil’. La escribió en el 2012. Decía de antemano: “Aclaro: me gusta más el fútbol actual que el ‘de antes’ (el de hace más de 30 años)”. Recordaba el Mariscal: “Los delanteros enfrentaban a defensas que todos conocíamos de memoria y cuyos integrantes estaban 10 años juntos, lo que les permitía jugar sin mirarse. Hoy, al menos en nuestro fútbol, el que ataca lleva la ventaja de tener enfrente a defensas sin rodaje; que, con el poco trabajo previo, no solo no pueden jugar sin mirarse. Aun mirándose, no llegan a cubrir a tiempo. Entonces, claro, cunden los horrores defensivos”.

Su análisis puede parecer una crítica a lo actual, pero termina siendo justamente al revés: “El cambio más drástico, y que inclina la balanza a favor del delantero de antes, es el reglamentario. Las modificaciones de los últimos años favorecen al atacante. Nosotros, si uno se nos iba, podíamos agarrarlo, pegarle de atrás, tomar de la camiseta... No existía la norma del ‘último hombre’, el arquero no era expulsado si hacía penal. No estaban ni las tarjetas ni las cámaras que registran hasta las patadas en las muelas”. O sea, si todo eso era cotidiano y legal, estaba mal.

Sigue el exzaguero, que debutó en 1964: “Al delantero de antes le daban por todos lados; y en la Libertadores era conveniente jugar disfrazado de Rambo. El mejor obsequio para el atacante actual es que en la misma línea no está adelantado. Y tampoco lo está para el asistente, si tiene dudas. Antes, al contrario, siempre, siempre era offside. Los defensores dábamos un paso al frente y levantábamos la mano, en general con buen resultado. Hoy, más de la mitad de los goles son obra de tipos que están en la misma línea; el reglamento los ‘cuida’ y facilita su tarea. En cambio, el defensor amonestado (si es central, peor) queda reducido a medio jugador”.

El párrafo final de Roberto, siempre tan franco y poco afecto a enamorarse de la nostalgia, era demoledor: “Antes, la condición para dar penal era que hubiera sangre. Hoy, ante el mínimo roce, por si acaso el juez lo sanciona. Por eso digo que hacer goles es ahora más fácil”.

Roberto, de todos modos, no computaba otros factores que complican al atacante de hoy: la mayor velocidad, que quita precisión; la presión de marca, por momentos asfixiante; la evolución de las tácticas defensivas y, sobre todo, los excelentes arqueros actuales. Pese a ello se marcan muchos goles porque el jugador se va adaptando y encuentra soluciones.

¿Estaremos entrando en una era del fútbol pródigo en goles? Como siempre, el tiempo lo develará. Mientras tanto, celebremos a vena hinchada.

JORGE BARRAZA

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