Corrupción puso en jaque proyecto de Lula y Dilma

Corrupción puso en jaque proyecto de Lula y Dilma

Escándalos como el de Petrobras minan la imagen de la presidenta del Partido de los Trabajadores.

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08 de abril 2016 , 08:19 p.m.

A pesar de su éxito en la reducción de las desigualdades sociales, mediante la lucha contra la extrema pobreza, y el mejoramiento de los niveles de educación, el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) es ahora uno de los peor evaluados en la historia de Brasil.

La izquierda, capitaneada por el PT, logró un gran apoyo popular hasta mediados del 2013, justo antes de las protestas en defensa de la democracia y del derecho a manifestarse. Hoy, las calles siguen tomadas por ciudadanos insatisfechos con los escándalos de corrupción que plagan el proyecto del PT y por los que se acusa a la oposición de promover un golpe de Estado.

Esta división se refleja en las redes sociales, donde el polarizado debate sobre el proceso de juicio político a la presidenta Dilma Rousseff se traduce en ‘memes’ y publicaciones compartidas. En el mundo político, la división alcanza de pleno a sus aliados en el Congreso, lo cual pone en riesgo su mandato.

Recientemente, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que solía ser el mayor de la coalición de la presidenta y que dirige la Cámara y el Senado, decidió dejar la alianza de gobierno. El presidente de la colectividad es Michel Temer, que también es vicepresidente de la República y asumiría la jefatura de Estado en caso de que Rousseff sea destituida.

Otros partidos aliados también están divididos y podrían abandonar la alianza gobernante. Hasta el propio PT ha demostrado irritación con la Presidenta en las últimas semanas, por haber propuesto en marcha una agenda contraria a sus ideas económicas.

Por eso, el futuro del partido es tan incierto como el de Rousseff. Desde el comienzo de la operación Lava Jato, hace poco más de dos años, figuras del PT han sido investigadas e identificadas como responsables del esquema de corrupción en la estatal Petrobras, conocido como Petrolão, que –en líneas generales– beneficiaba a partidos con fraudes en los contratos y sobornos.

Peor aún, el mayor símbolo del PT y uno de los mayores íconos de la izquierda en la región, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, se convirtió en el blanco principal del escándalo. Lula llegó a ser detenido por la Policía Federal para ser interrogado en un aeropuerto en São Paulo. Después de eso, el PT fue presa del temor a que Lula fuera arrestado, lo que llevó a Rousseff a nombrarlo ministro de Gobierno, para que el fuero de su cargo impidiera que un juez de primera instancia ordenara su detención.

Todo este enredo ha dejado perplejos a los políticos de todas las tendencias. Pero los partidos más vinculados a la izquierda han sufrido más, debido a que sus principales líderes están bajo investigación. Mientras tanto, el gobierno de Rousseff hace agua.

A diferencia de Lula, que también enfrentó un gran escándalo de corrupción cuando era presidente, llamado Mensalão (en el 2005), su sucesora es criticada por su poca capacidad de negociación y su desgaste se ve agravado por el escenario de recesión económica y ajuste fiscal. Sobre ella pesa la acusación de promover la maniobra de ‘pedaleo’ de impuestos, para aliviar las cuentas públicas con el retraso de las transferencias a los bancos públicos y privados que financiaron programas sociales. Esto derivó en el proceso de impugnación que está en marcha: la Cámara de Diputados decidirá si darle continuidad al proceso el próximo 18 de abril. En caso de que así sea, el Senado deberá discutirlo y tendrá que decidir si el recurso merece ser descartado o analizado más a profundidad. En el segundo escenario, los senadores contarán con máximo seis meses para llegar a un veredicto y en ese lapso, Rousseff tendrá que mantenerse fuera de su cargo. Por su parte, la Presidenta argumenta que las esas maniobras de las que la acusan no son suficientes para constituir un juicio político y que otros presidentes las han utilizado antes.

Para el profesor de Ética y Filosofía de la Universidad de Campinas, Roberto Romano, el PT enfrenta una crisis de falta de credibilidad. Antes comprometido con la moral en la política, ahora el partido está acusado de prácticas corruptas, justificadas por la gobernabilidad, y de alejarse de la militancia.

Desde el 2002, cuando Lula fue elegido, la colectividad ha perdido fuerza entre el electorado. En el 2014, los candidatos a diputado federal del PT, por ejemplo, movilizaron el 12,8 por ciento de los votos, por debajo del número observado en el 2002 (17,4).“Un partido que una vez tuvo un presidente tan bien valorado como Lula, que tenía la hegemonía, ahora cuenta con una aprobación similar a cuando comenzó en la vida política”, comenta Romano.

Durante la última década, Brasil ha reducido considerablemente las desigualdades. El índice de Gini, que mide la concentración del ingreso, disminuyó 10,09 por ciento, pasando de 0,545 en el 2004, al inicio del gobierno Lula, a 0,489 en el 2014, al final del primer mandato de Rousseff. Programas sociales como Bolsa Familia son señalados por organismos internacionales (por ejemplo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) como responsables de los cambios sociales positivos, que son el principal legado del PT.

No obstante, 12 años después del ascenso del modelo PT de reducción de la pobreza, al menos diez programas han sufrido recortes financieros. Entre los votantes que eligieron en el 2014 a la candidata que prometió mantener estos avances, el clima es de decepción. En la práctica, ellos se encontraron con una mandataria que tomó otro camino. Y las encuestas de opinión le ponen cifra a esta decepción: según el Instituto Datafolha, el 68 por ciento de la población apoya la impugnación de la Presidenta.

Lunes 18, día clave

Se espera que la Cámara de Diputados decida el 18 de abril si avanza con el proceso de impugnación de Rousseff. De superar la cámara baja, el proceso iría al Senado, responsable del veredicto.

MARLEN COUTO
O Globo (Brasil)

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