Frases de niños dan vida a una historia

Frases de niños dan vida a una historia

Las inocentes ocurrencias de los niños fueron compiladas por años en el diario de un reportero.

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08 de abril 2016 , 08:26 a.m.

El periodista Óscar Domínguez es tan curioso y perspicaz como un niño. Por años ha perseguido los ingenios de sus nietos y de los ajenos. El resultado de esa costumbre es ¿A dónde van los días que pasan?, de la editorial Luna Libros de Bogotá, el séptimo que ha escrito.

Desde octubre del año pasado fueron lanzados 300 ejemplares que compilan alrededor de 80 anécdotas de niños, que son contadas tradicionalmente por sus padres, abuelos o amigos.

“De pronto algunas las he oído yo directamente de mis hijos o nietos, porque nosotros hacíamos un diario y allí íbamos consignando todo lo que pasaba en nuestro alrededor. Incluíamos las palabras que iban pronunciando, las frases que iban hilando e incluso, lo que pasaba nacional e internacionalmente. De ahí también me nutrí para construir el libro”, expresa.

Sobre su vida, Domínguez, un setentón oriundo de Montebello (Suroeste antioqueño), dice que fue “dizque” estudiante de periodismo de la Universidad de Antioquia y antepone ese adverbio porque no ganó ninguno de los cuatro semestres que cursó. Pero fue ese 3.0 que le dio el poeta Elkin Restrepo, única nota que aprobó en el transcurso la carrera, lo que le otorgó simbólicamente el grado como periodista.

“Decidí desertar. En el año 1968 me fui para Bogotá a trabajar como mensajero en Todelar. Allá empecé también a involucrarme con el periodismo, comencé con noticias breves y crónica roja, hasta que me fui enrutando en la política”.

Asimismo, trabajó en agencias de noticias, RCN, Súper, entre otros medios de comunicación. Pero fue en Colprensa donde pasó la mayor parte de su vida profesional, durante 20 años fue reportero, jefe de redacción y director de noticias.

A los 50 años de edad se pensionó. Sin embargo, siguió trabajando hasta que esa agencia le notificó de manera “muy elegante” que debía irse.

Fue en ese momento que decidió escribir un diario exhaustivo de sus últimos tres meses en ese lugar, y ese escrito dio vida a su libro De anonimato nadie ha muerto, publicado en 2013.

“Desde que salí me he dedicado a lo mismo de siempre: A escribir. Pero sin el estrés de tener jefes encima. Nunca he disfrutado más de mi trabajo que ahora que no me lo pagan, puedo tomarme todo el tiempo para escoger un adjetivo, un sustantivo, un verbo”, cuenta.

De todos los diarios que tiene, de los cuales ya perdió la cuenta, el que más le gusta es el de la universidad, porque aunque es derrotista, fue en la época en que más vivo se ha sentido, a pesar de que tan solo fuera “un vago de Junín”.

En esa calle, ubicada en el centro de Medellín, se encontró con el Club de Ajedrez y Billares Maracaibo, en donde relativamente tuvo éxito con el escaque. Por eso se dedica a coleccionarlos y frecuentemente juega con sus amigos.

“A veces nos encontramos y en otras ocasiones lo hacemos por correo eléctrico, yo escribo mi jugada y él me manda la suya. Es muy entretenido”.

Anteriormente, cuenta Domínguez, la jugadas se mandaban por carta o telegrama. Un juego podía durar hasta un año, la vida no guardaba ningún afán, ni siquiera para eso.

Y como el propósito de ese escritor es vivir sin prisa, ¿A dónde van los días que pasan? lo comenzó a elaborar desde hace 15 años, cuando hizo su primer columna sobre las anécdotas y travesuras que sus amigos le contaban que hacían sus niños.

Al tener una buena aceptación por parte de los lectores, comenzó a escribir regularmente del tema. Hasta que un día el poeta Darío Jaramillo se interesó en sus textos y le propuso hacer un libro que los recopilara.

Las historias que se cuentan en las 85 páginas de la obra, han ocurrido en diferentes partes del mundo como Brasil, Argentina, Australia, Alemania, entre otros.Muchas personas, que él ni siquiera conoce, se han dado cuenta de que escribe sobre esa temática y le envían por correo electrónico experiencias.

“Este es el libro más mío, porque toda la vida me he interesado por esas anécdotas, y al mismo tiempo es el menos mío, en el sentido de que solamente soy un amanuense de historias, ya que son originales de los niños”, cuenta.
Sin embargo, aunque los días de Domínguez son tranquilos y sin afán, asegura que seguirá escribiendo sobre la inocencia y la rapidez del pensamiento de los “locos bajitos”. 


DAFNA VÁSQUEZ

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