Al arbitrio de la economía subrepticia

Al arbitrio de la economía subrepticia

Volvimos a la triste posición de primeros productores en el mundo.

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06 de abril 2016 , 10:40 p.m.

Curiosamente, mientras todas las adversidades pasan o abren a otras el campo, la economía colombiana continúa referida a un factor permanente, por encima de todas las vicisitudes. Pasaron la impetuosa bonanza minero-energética y la larga e implacable sequía, atribuida al fenómeno climatológico del Niño, con temperaturas excepcionalmente altas, en aras de la temporada de aguaceros inclementes e inundaciones por doquier.

Lo mismo la sucesión de escándalos, cada uno con su faz característica: desde los paros armados de las ‘bacrim’ hasta el actualmente en boga llamado Papeles de Panamá, país fraterno al cual tantos vínculos históricos y geográficos nos unen. Pero algo más permanente y de distinto orden por encima de todo prevalece: la economía subrepticia de la coca, así nos duela en el alma.

Es por lo menos desconcertante observar cómo en su sinuoso curso acaba siempre sacando la cabeza y recobrando el terreno transitoriamente perdido. Con escasas luces de perspicacia y previsión, se aceptó suspender las aspersiones aéreas con un conocido y probado ingrediente químico, y los resultados no habrían podido ser peores. Volvimos a la triste posición de primeros productores en el mundo. Todo envuelto en la difusa fraseología de aparecer abanderados de políticas en ese plano revolucionarias, merecedores de los aplausos equívocos de los intereses creados. El fiasco que nos llevamos no habría podido ser peor: los cultivos de la yerba maldita se propagaron asombrosamente en el territorio nacional.

Las publicaciones oficiales destacan el hecho de que las exportaciones colombianas hubieran vuelto a registrar, en febrero, reducción del 26,7 por ciento frente al mismo mes del año pasado. Peor aún, la mayor contribución de este porcentaje correspondió a la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), con 9,6 puntos de la caída total, según lo anota el Dane y lo subraya este diario.

Después del bajonazo del precio de los hidrocarburos y del reconocimiento de la urgencia apremiante de diversificar y promover las exportaciones, no se explica que, salvo el caso de los estupefacientes, no se hayan hecho progresos ostensibles en las demás ramas de la producción agrícola y manufacturera. Este flanco económico, vale la pena anotarlo, no es de categoría inferior a la causa suprema de la paz, por cuanto viene a ser también de supervivencia.
Mientras no se acopien recursos bastantes para soportar y superar el cuantiosísimo déficit de la cuenta corriente, será preciso endeudarse en dólares y euros, así se celebren sus costos, hoy por hoy moderados, pero con tendencia a subir en la medida en que las finanzas públicas se agrieten. Cuantos vivimos y sufrimos en la centuria anterior la peor crisis de estrangulación externa no nos sentimos inclinados a poner oídos sordos a sus pasos de animal grande. Ya se está recurriendo al endeudamiento progresivo para atender el vencimiento de las obligaciones crediticias y, de seguro, para cuadrar los presupuestos en marcha, no sin apretarse fuertemente el cinturón. Requisito fundamental de todo proceso de ajuste es que la austeridad empiece por casa.

De resto, en lo tocante a los Papeles de Panamá, cabe formular votos por que se surtan las debidas consecuencias, sin menoscabo de las relaciones entre nuestros países vecinos y hermanos. No sin recordar que su Canal Interoceánico se le reintegró merced a gestiones adelantadas ante el presidente Carter por cuatro mandatarios latinoamericanos en ejercicio, encabezados por el presidente Alfonso López Michelsen, de Colombia, junto a sus pares de Venezuela y México, en presencia y con la colaboración del coronel Torrijos, de Panamá. Todo ello desde el Palacio de San Carlos de Bogotá, provisionalmente sede de nuestros jefes de Estado. 

ABDÓN ESPINOSA VALDERRAMA

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