Reflexiones de una nobel hippie

Reflexiones de una nobel hippie

Jody Williams, ganadora del Nobel de Paz en 1997, presentará su autobiografía en la Feria del Libro.

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04 de abril 2016 , 02:49 p.m.

Jody Williams cuenta que su afán por ayudar a los demás se despertó cuando, siendo una niña, veía a otros pequeños matonear a su hermano mayor, quien era sordomudo y sufría de esquizofrenia, y nadie hacía nada. “Eso me sacó de onda, era como ver a Donald Trump, el gran bully de Gringolandia en la actualidad”, dice Williams, la estadounidense que en 1997 ganó el Premio Nobel de la Paz por su trabajo en la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona y la posterior firma del Tratado de Ottawa, que hasta la fecha ha sido firmado o ratificado por casi 160 países, y cuyo principal objetivo es prohibir la fabricación, almacenamiento y uso de estas armas en el mundo.

De 65 años, y oriunda del estado de Vermont, Williams fue una activista por los derechos humanos desde su juventud. Pese a que se había formado para ser profesora de español, poco a poco se fue decantando por causas como los conflictos en Centroamérica, principalmente en El Salvador, en donde trabajó durante la década de los ochenta.

De hecho, para empezar la entrevista con CARRUSEL, Williams tuvo que interrumpir la escritura de un artículo sobre el fallo en el proceso de Sepur Zarco, que benefició, tras varios años de pleito, a quince indígenas guatemaltecas que fueron víctimas de violencia sexual y actos de lesa humanidad por parte de dos militares de ese país, quienes, finalmente, fueron encontrados culpables y condenados a penas que entre los dos suman 360 años de prisión.

Williams se desempeña ahora como líder de la ONG Iniciativa de las Mujeres Nobel, una organización en la que junto con otras laureadas con el Nobel de la Paz trabaja por causas sociales, como lograr la igualdad de género.

Desde su casa en Virginia, Williams habló de su visita a Colombia durante la Feria del Libro para presentar su obra La hippie que llegó a ser Nobel de la Paz.

Viene a hablar de su libro 'My name is Jody Williams' ('Mi nombre es Jody Williams'), que fue traducido como 'La hippie que llegó a ser Nobel de la Paz'. ¿Qué piensa de esa traducción?

Me gusta más ese título (ríe). Porque ¿qué es ser hippie? Si hippie quiere decir gente de los 60 y 70 que estaba en contra de Estados Unidos y de su política exterior, personas que estaban trabajando por los derechos civiles de los negros y ondas así, entonces sí, hippie. Si seguir un camino en la vida como activista de base es decir que soy hippie, sí, soy hippie, ¿y qué? No vivo en una casita comiendo frijol y arroz todos los días; vivo en una casa grande, bonita, y tengo gustos como cualquier persona. Me encanta el vino, pero el vino bueno. No soy la Madre Teresa, ni santa, ni mártir ni tampoco quiero serlo. Soy normal, pero no puedo evitar ayudar a la gente cuando veo injusticia.

¿Cree que el movimiento hippie tiene pertinencia en la actualidad?

Según qué se entienda por hippie. Yo creo que a las personas que apoyan a Bernie Sanders (candidato demócrata a las elecciones presidenciales en Estados Unidos) se les podría llamar hippies, porque su visión de mi país es totalmente diferente. Los jóvenes que trabajan en Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan, que lucha contra el racismo) y todas esas organizaciones que intentan hacer cambios en un sistema injusto económicamente, en términos de educación, etcétera, también lo serían. Esto, pese a que tenemos a otros que apoyan a Ted Cruz o Donald Trump, quien de veras creo que es un protofascista, porque habla de pendejadas como construir un muro en la frontera con México o no dejar entrar a más musulmanes a Gringolandia. Trump es un misógino, cerdo, sexista que incita al odio y a la violencia. ¿Qué es eso? Imagina a Trump con una jodida bomba nuclear, ¿puedes imaginarlo?

Su libro comienza contando su decepción al darse cuenta de que no podía llegar a ser ‘la papa’, porque este cargo solo puede ser ocupado por un hombre. ¿Sigue sintiendo del mismo modo las diferencias de género?

Claro que sí. Antes del advenimiento de las religiones abrahámicas, el catolicismo, el judaísmo y el islam, las religiones eran una combinación de entidades masculinas y femeninas, dioses y diosas. Pero después el lado femenino fue aplastado, y María Magdalena pasó de ser una apóstol a ser una prostituta. Cuando yo quería ser la papa tenía 7 años y no podía ser ni siquiera monaguillo. Aunque no podía expresarlo en ese momento, creo ahí empezó mi repudio y odio hacia el sexismo.

Hoy creo que existe el mismo orden mundial que ha existido desde los inicios de la humanidad y cualquiera que piense tiene que poder entender que si un solo grupo controla todo, entonces solamente la visión de ese tipo de gente afectará a los demás. Hombres blancos, viejos y gordos son los que siempre han controlado y nunca van a renunciar a su poder voluntariamente, sino que seguirán aliándose con otros que piensen igual. El movimiento feminista no quiere ser como ellos, sino que haya igualdad de oportunidades para todos.

Mucho se ha especulado respecto a que el presidente Santos está obsesionado con el Nobel. También se dice que si el premio viene a Colombia por las negociaciones de paz con las Farc, estas podrían recibirlo, al igual que las víctimas. ¿Quién cree que debería ser el merecedor de ese Nobel?

Yo no pienso en cosas así, en serio. Si la gente está pensando en un premio mientras se supone que hacen un trabajo por justicia y paz, en mi opinión no merecen el premio. La cuestión es hacer lo que uno debe porque con ello beneficia a todos. Yo nunca pensé en el premio. Una vez, los representantes de un actor de Hollywood muy famoso, que no voy a decir quién es, se comunicaron conmigo para saber cómo montar una campaña para que ese hombre ganara el Nobel, y yo les dije que eso no era posible, y mandé una carta al comité del premio en Noruega diciéndoles que me daba asco que gente que parece estar haciendo un trabajo bueno lo único que quiere es el Nobel, por lo que no lo merece. Entonces, Santos, Farc, víctimas, no sé... deben hacer lo que están haciendo porque el pueblo merece vivir en paz. Punto.

¿Cuál debe ser el papel de las mujeres en un eventual posconflicto?

Para tener un país diferente, las voces de todas y todos los sectores se tienen que oír. Las mujeres tienen que participar, igual que los blancos, los indígenas... Ellas han sido víctimas de agresiones sexuales en el conflicto y merecen conversación. Escuchar únicamente a los militares y a los machos de las Farc no va a servir para cambiar al fondo de la población, que es donde debemos buscar cambios. En mi opinión, el papel de las mujeres es muy fuerte para darle sentido a ese nuevo país.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ

nicbus@eltiempo.com

@nicolasb23

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