Los insoportables delfines

Los insoportables delfines

Decadente espectáculo de los herederos del poder.

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03 de abril 2016 , 10:01 p.m.

No sé qué me enferma más: si la sentencia por corrupción a Samuel Moreno, los líos fiscales de Tomás y Jerónimo Uribe, la arrogancia de Martín Santos, la ineptitud de Simón Gaviria o el favoritismo de los hermanos Galán. Mediocres y oportunistas delfines que se burlan del resto de colombianos desde sus confortables y ventajistas acuarios.

Una pecera de nepotistas que se agitó en los últimos días con la pesca del cachalote más corrompido: Samuel Moreno Rojas, exalcalde capitalino. Heredero de una de las castas políticas de mayor tradición –nieto del general y expresidente Gustavo Rojas Pinilla e hijo de la matriarca María Eugenia Rojas– fue sentenciado a 18 años de cárcel por el ‘carrusel’ de la contratación.

Pero no hay que hacerse mucha ilusión: le descontarán el tiempo que lleva detenido y le rebajarán la pena por buena conducta en prisión. Y lo que es mejor: solo entregará una pequeñísima parte del dinero perdido. El juez le ordenó a Samuel Moreno devolver 299 salarios mínimos –unos 240 millones de pesos– de los casi 7.000 millones de pesos que se pagaron en sobornos por el contrato de las ambulancias.

¿Y el resto de contratos? ¿Los muchos más que se firmaron durante su administración? ¿El SITP, la extensión de las concesiones de recolección de basuras, el relleno de doña Juana, la construcción de hospitales como El Tintal, los contratos de medicamentos, los servicios alimenticios de la Secretaría de Integración Social, las concesiones de hospitales? La lista es tan larga que la investigación de la Fiscalía da risa y la reparación de la justicia es irrisoria. Samuel va a salir muy rico.

Hablemos de Tomás y Jerónimo, los negociantes hijos del expresidente Álvaro Uribe. La semana pasada, la Fiscalía se llevó copia de la contabilidad de sus empresas vinculadas con James Arias, el detenido ‘zar de la chatarra’. Según el exfiscal Montealegre, se trata de una investigación por defraudación al Estado de casi 1 billón de pesos, un proceso en el cual aparece implicada la empresa de los hermanos Uribe Moreno. Un escándalo que se suma a otro anterior: el de la compra de lotes en la Sabana que, como por arte de magia, se volvieron zonas francas y multiplicaron su valor. Qué suerte la de estos muchachos: ¡millonarios a los 30 años!

Ilustración: Juan Felipe Sanmiguel

No se quedan atrás otros dos delfines de casta mayor: Martín Santos y Simón Gaviria. Puede que no tengan líos penales, pero sí dan pena ajena. El primero, desde la dirección de la Fundación Buen Gobierno, es especialista en armar trifulcas y camorras contra los uribistas tanto en las redes sociales como en algunos medios. Zafarranchos que hasta terminan en puños y patadas, como el que protagonizó en un restaurante en Brasil durante el Mundial de fútbol anterior. Prepotente, arrogante e impertinente, así describen en los pasillos de Palacio al hijo mayor del Presidente.

También está el caso de Simón Gaviria, que pasará a la historia por no leer los proyectos de ley antes de firmarlos cuando presidía el Senado. Ahora, a la cabeza de Planeación Nacional, tiene críticas por varios lados: es el responsable del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, del que dicen los técnicos está lleno de inconsistencias y errores de presupuestación. Planeación es, además, la cabeza de la junta de la Creg, que por poco nos lleva al apagón y los cortes programados.

Y está el clan de la familia Galán, una cuadrilla de políticos de grandes ligas: hermanos, hijos y sobrinos del difunto Luis Carlos Galán que disfrutan y chupan a sus anchas del Estado colombiano. Han sido senadores, ministros, embajadores, cónsules... Hasta les endilgan supuestos contratos a través de fundaciones que contratan con organismos del Estado, como el Departamento de Prosperidad Social.

¿En dónde quedó tanto Harvard, tanto Anglo Colombiano, tanto Nueva Granada, tantos colegios de élite y millones de pesos invertidos en educación en el exterior? ¿Qué han hecho estos delfines que no sea aprovecharse de las posiciones de poder y privilegios que heredaron de sus padres y abuelos? ¿Por qué seremos tan brutos los colombianos de seguir votando por unos fulanos que se perpetúan en el poder a través de generaciones enteras? ¿No deberían ser estas las élites privilegiadas y educadas que son ejemplo para el resto de ciudadanos?

PAOLA OCHOA
@PaolaOchoaAmaya

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