Editorial: El racionamiento que no fue

Editorial: El racionamiento que no fue

Debido a varios factores, comenzando por el ahorro, el fantasma de un apagón se ha disipado.

03 de abril 2016 , 10:01 p.m.

Cuando a comienzos de marzo el Gobierno anunció que promovería el ahorro de energía con el fin de enfrentar una seria emergencia en materia de generación de electricidad, más de un colombiano pensó que la estrategia era una especie de anticipo a un racionamiento del servicio. Múltiples comentaristas recordaron el apagón de 1992 y muchos vaticinaron que el Ejecutivo simplemente estaba posponiendo lo inevitable.

Afortunadamente, las casandras se equivocaron. El sábado, el propio Juan Manuel Santos sostuvo que el fantasma de una restricción en el servicio se había disipado y emitió un parte de tranquilidad que es bienvenido. Tal como lo señalaron diversos analistas, un programa de cortes de luz, por leve que fuera, habría impactado negativamente a la economía y las actividades cotidianas, incomodando a todos los estamentos de la población.

La superación de la crisis se debió a la conjunción de varios factores. El más importante fue la disminución del consumo, acentuada durante la Semana Santa, la cual todavía continúa. Más allá de los altibajos, en múltiples oportunidades se superó la meta diaria establecida del 5 por ciento, aliviando el esfuerzo de las plantas de generación.

También resultó crucial la respuesta de las termoeléctricas, que usualmente contribuyen con cerca de un 30 por ciento de la oferta de energía y que ahora cubren más de la mitad de la demanda. Los daños en un par de instalaciones claves se lograron reparar sin mayores contratiempos, mientras que un número importante de empresas que son autogeneradoras le vendieron sus excedentes a la red nacional.

Como consecuencia de ambos factores, el agua acumulada en los embalses descendió a un ritmo mucho menor que el previsto. Un informe de este diario afirmó que con el líquido acumulado las plantas hidroeléctricas podrían generar durante más de 50 días, en caso de que no llegaran más aportes hídricos.

Ese, claramente, no es el caso. Reportes desde distintos puntos de la geografía hablan del retorno gradual de las lluvias. Aun si los pronósticos sostienen que la pluviosidad en abril estará por debajo de la norma, la fuerte sequía es cosa del pasado y numerosos ríos empiezan a aumentar su caudal.

De acuerdo con los meteorólogos, el fenómeno del Niño debería terminar en mayo, cuando las precipitaciones retornen a sus parámetros usuales. El próximo mes también debería entrar en funcionamiento en forma gradual la central de Guatapé, en Antioquia, cuya avería a mediados de febrero resultó ser la principal causante de que se dispararan las alarmas.

A medida que la tranquilidad retorna, no está de más recordar que la disciplina del ahorro debería continuar. Apagar el interruptor es una sana costumbre y más en un país que viene de transitar por el filo de la navaja y que necesita evaluar sus políticas energéticas hacia adelante, pues el parque actual debe seguir expandiéndose para atender las necesidades futuras del país.

Esa labor de planeación y ejecución es clave, a sabiendas de que los trastornos climáticos serán tan seguros como inevitables.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

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