El banco que alimenta a Bogotá hace 15 años

El banco que alimenta a Bogotá hace 15 años

Un buen ejemplo en medio de las alarmantes cifras de desperdicio de comida en el país.

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02 de abril 2016 , 07:24 p.m.

La primera donación que recibió el Banco de Alimentos de Bogotá fue en enero del 2001, casi seis meses antes de su creación formal. “Colombina le hizo una propuesta al cardenal Pedro Rubiano para entregarle unos 'snacks'. Eran tantos que no cabían en un camión de esos en los que se hacen trasteos”, recuerda el padre Daniel Saldarriaga, de la Arquidiócesis de Bogotá, director ejecutivo de esta organización.

Si no se consumían antes de que se vencieran, había que llevarlos al relleno de Doña Juana, destinar un equipo humano y alquilar maquinaria para cerciorarse de que fueran destruidos. “Yo les pregunté si salía más barato destruirlos o llevarlos a la iglesia de Tibabuyes, en Suba, donde era párroco. Se rieron, pero los convencí y allá me llevaron todo”, relata este sacerdote.

Durante cuatro días llamaron a parroquias pobres de la ciudad, acudieron al recordado padre Javier de Nicoló y a las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta. Al final, lo entregaron todo. “Me llamaron de Colombina a preguntarme cómo me había ido y les dije que regular porque se había repartido todo el producto, pero había quedado faltando gente”, agrega entre risas.

Ese fue el impulso para consolidar al Banco de Alimentos de Bogotá, que se inspiró en el trabajo de los bancos en Medellín y Cali, los primeros que se crearon en el país.

Este 2016 cumple 15 años de labor en medio de una coyuntura nacional compleja frente al desperdicio de alimentos, retratada esta semana por el Departamento Nacional de Planeación en un informe que mostró que, al año, en Colombia se botan 9,76 millones de toneladas, lo que serviría para alimentar a ocho millones de personas.

En sus mensajes, el papa Francisco ha hecho referencia al tema y ha dicho que la comida que se bota se le roba a la mesa de los pobres. En tres lustros de trabajo, el banco que dirige el padre Saldarriaga ha entregado cerca de 132.000 toneladas de productos en Bogotá y municipios cercanos. Solo el último año entregó 13.700 toneladas, trabajando con 951 organizaciones y beneficiando a unas 258.000 personas.

“La iniciativa todavía tiene mucho por hacer y más aún desde la perspectiva que destapó el informe de Planeación. Todo este año hemos venido hablando de que mueren niños de hambre, pero los problemas de desnutrición que se detectan en La Guajira también están en el Chocó y hasta en Boyacá, que es la despensa agrícola del país. Los problemas de hambre de los más pobres y las personas con más desnutrición están más cerca de lo que creemos”, insiste el padre Saldarriaga.

Pese a que año por año las cifras de donaciones crecen, el padre dijo que se necesitan más colombianos que estén bien, pero que puedan pensar en qué más hacer por los que no están tan bien. Y aclara que no es solo una oportunidad de ayudar para quienes siembran alimentos.

También está abierta para los que tienen industria y económicamente pueden apoyar al banco a conseguir productos que no le donan, pues la compra de alimentos es otra faceta. Lo que recibe representa solo el 44 por ciento de lo que entrega y el 56 por ciento restante lo adquiere.

“A finales del 2001, tras el buen manejo, nos dimos cuenta de que éramos sustentables. Con el Cardenal y la junta directiva nos propusimos comprar algunos productos. Hoy en día compramos cerca de 7.400 toneladas al año y los entregamos subvencionados”, añade el padre Saldarriaga.

Bajo esa estrategia, el banco le apostó a la alimentación sustentable. “Fundación Éxito –explica– empezó a aportarnos recursos y así pudimos comenzar con unos comedores en los que tenemos la capacidad de darles el 53 por ciento del requerimiento nutricional diario –con el consumo de un buen almuerzo y un buen refrigerio– a niños de jardines y que forman parte de diversos programas infantiles”.

Hace 15 años, cuando el banco comenzó en una bodega de la Arquidiócesis, contaba tan solo con cuatro personas: la contadora, que era voluntaria, y tres encargados de recibir los productos y de clasificarlos. Hoy trabajan 102 personas, pero en la operación son muchos más los que participan. En el 2015, el banco tuvo el apoyo de 1.150 estudiantes que hicieron allí sus prácticas y cerca de 2.400 voluntarios.

En su actual sede, una bodega de 4.500 metros cuadrados en el barrio Cundinamarca, el trabajo no para. Llegan y salen camiones. Algunos que dejan productos, y otros, de las organizaciones vinculadas, salen con ellos para llevarlos a quienes no tienen cómo acceder a este beneficio.

El padre Saldarriaga no oculta su enorme agradecimiento con empresas como Alquería, Grupo Éxito, Arturo Calle y Nutresa, que integran la lista de benefactores. Y también a los medios de comunicación, que hacen eco de su labor, la cual, aunque pequeña –dice–, puede llegar a ser grande y contundente si se suman más actores.

Lácteos, la mayor donación

Entre las múltiples donaciones que recibe el Banco de Alimentos de Bogotá, los lácteos son los que ocupan el primer lugar. Alquería lidera ese apoyo, como parte de su estrategia de responsabilidad social empresarial.

Carlos Enrique Cavelier, su presidente, dice que las donaciones empezaron hace 15 años, cuando se dejó de dar a los terneros la leche que no era utilizada, pero que tenía la calidad necesaria para el consumo humano.

Desde ese periodo, la empresa, en conjunto con la multinacional francesa Danone y bajo una asociación llamada Dasa, ha donado 12'656.000 litros de leche a 15 de los 19 bancos de alimentos existentes en el país, incluido el de Bogotá. Eso, en dinero, suma más de 23.600 millones de pesos.

Pero además de ese aporte en especie, la compañía realiza todos los años una campaña en el Día Mundial de la Leche, que se celebra el primero de junio. En esa fecha se recogen las donaciones necesarias para garantizar que, durante todo el año, más de 4.600 niños y jóvenes reciban un vaso de leche al día.

Cavelier, quien se considera el coordinador de sueños de la empresa, explica que defectos en el empaque o una fecha de vencimiento próxima hacen que ciertos productos no se puedan comercializar. “Pero están en buen estado y son aptos para el consumo de las personas que en verdad lo necesitan”, aclara, y agrega que el éxito se debe a que el inventario de los bancos es ágil y de esa manera se logra una entrega a tiempo.

El informe del Departamento Nacional de Planeación señala que de las 129.062 toneladas de productos lácteos disponibles al año en el país, el 23 por ciento se pierde o se desperdicia, lo que equivale a 29.067 toneladas. Según el documento, de cada 100 bolsas de leche que se botan, 36 se desechan en las fincas y 64 en hogares o comercios.

“Si toda la comida que se desperdicia estuviera bien dirigida y administrada, se podría acabar con el hambre en Colombia. Este no es un tema de pobreza o riqueza, es un tema de conciencia y gerencia”, señala Cavelier.

REDACCIÓN VIDA

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