Las claves para entender el poder del 'clan Úsuga'

Las claves para entender el poder del 'clan Úsuga'

Las rentas que ha recibido del narcotráfico y la minería le permiten comprar agentes del Estado.

02 de abril 2016 , 07:16 p.m.

1. Son narcos ‘purasangre’

El paro fue promovido por las ‘Autodefensas Gaitanistas’, que es el nombre bajo el cual han pretendido venderse como un movimiento político. Esto con miras a un tratamiento político similar al que recibieron los ‘paras’ en la negociación con el gobierno de Álvaro Uribe. Pero su supuesto carácter antisubversivo, salvo enfrentamientos en zonas puntuales con el Eln y las Farc por el narcotráfico, no existe. De hecho, lo que hay desde hace años son acuerdos entre bandas y guerrillas en zonas como Nariño, Chocó, el Bajo Cauca y el Catatumbo para repartirse áreas de cultivo y rutas de narcotráfico, así como minería ilegal.

2. No son ‘paras’, pero sí sus herederos

El paramilitarismo, en su versión de ejércitos irregulares de miles de integrantes como los que hubo hasta hace una década, ya no existe en Colombia. Pero las bandas criminales sí tuvieron su origen en los grupos que le hicieron conejo al proceso de paz. En el caso de ‘los Úsuga’ es más notoria esa conexión porque todos sus altos mandos, desde su fundador –‘don Mario’– fueron desmovilizados de las Auc. En el mismo sentido, esa banda, que es la más poderosa del país, tiene en algunas regiones, especialmente en la frontera con Panamá, una estructura militar directamente heredada del bloque Élmer Cárdenas y campamentos que, incluso, han sido bombardeados por la Fuerza Aérea.

3. Su crecimiento, amenaza potencial

El clan ha replicado con éxito los métodos de control social impuestos por los ‘paras’. Además del narcotráfico y la minería ilegal, la banda recibe ingresos por la extorsión intensiva en centros urbanos –especialmente a sectores informales como mototaxistas y vendedores ambulantes– a través de delincuentes que suelen dedicarse al sicariato, lo que dispara el temor que generan. Además, han logrado corromper a miembros de la Fuerza Pública y funcionarios judiciales. Su eventual crecimiento hacia zonas despejadas por la guerrilla, si el proceso de paz de La Habana termina con éxito, y el reclutamiento de disidentes potenciaría el riesgo.

EL TIEMPO

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