Mala ilusión

Mala ilusión

¿Puede, en fin, la sociedad colombiana desarmarse en su vida diaria?

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01 de abril 2016 , 10:15 p.m.

El conflicto colombiano ha sido asunto militar y los distintos gobiernos han engordado el Ministerio de Defensa para sus victorias. También la guerrilla posee una esencia militarista, y nunca previó ni se le ocurrió pensar en el trasfondo social, cultural, humano o de naturaleza que embestía y mancillaba en su accionar. ¿Se puede, desde la investigación, el arte, la educación, los medios, el lenguaje, cambiar el mundo? Los humanos solemos asumir lo nuevo con viejos pensamientos, y esta es la muralla cuando el conflicto viene a ser de naturaleza mental.

Si hay un sector de la sociedad que esté más cerca de esa nueva perspectiva es el arte, que, luego de tantas rupturas en todo el siglo XX, cuando entra en la aventura de experimentar, dejar salir expresiones descontroladas o llevar a los museos objetos no de arte sino de la cotidianidad, mientras crecía otra tendencia aún más revolucionaria: el llamado arte contemporáneo, que ya no se preocupa por producir belleza y ni siquiera objetos (escultoras, pinturas...), sino más bien pensamiento social. Ahí está su encuentro con las memorias sociales y la construcción de sus minuciosos archivos, bellos desde otros parámetros, sobre pérdidas, vacíos, muertes, residuos, perdones y a veces esperanzas en las comunidades concretas.

¿Pueden los medios producir otras representaciones? No digo que hagan, como hoy, un corte para dar una noticia dulce en medio de la guerra, sino que se cambie su enfoque. Si se va tras las huella del crimen, por supuesto hay en abundancia, pero este mismo puede ser visto de otra manera que no sea la misma violencia. ¿Puede la academia pensar de verdad en las necesidades reales para investigar y producir opciones de respuestas posibles? ¿Cuántas tesis se hacen para atender a un buen marco teórico antes que para responder a una pregunta real?

¿Puede, en fin, la sociedad colombiana desarmarse en su vida diaria? Si uno compara a los colombianos con sus vecinos regionales, puede llegar a una conclusión sin mayor esfuerzo: que somos los menos tolerantes con el otro. Llevamos muchos años invirtiendo en guerra, hasta identificarnos con ella. Ya se hicieron las cuentas (Arcadia, G. Castellanos): un día del presupuesto de Mindefensa equivale a un año del presupuesto de Mincultura. Hablar del posconflicto que se debe iniciar luego de una fecha es una mala ilusión.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com 

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