Mónica Savdié, de las jugadas de la palabra a las jugadas del arte

Mónica Savdié, de las jugadas de la palabra a las jugadas del arte

La obra plástica de la artista busca hacer ver el país contemporáneo a través de metáforas.

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31 de marzo 2016 , 10:54 p.m.

La mujer se vino desenvolviendo entre las crónicas de montañismo que hacía en aquellos tiempos en que su destino de periodista la llevó al Everest, y la reflexión a través del arte, de formas escultóricas que nos parecen conocidas, pero no son lo que parecen.

Siempre en evolución: de Mónica a Monique y otra vez a Mónica. De Mónica Savdie a Monique Savdie y luego a Mónica Savdié.

Bogotana, hija de Joe Savdié, egipcio de nacimiento, y Fanny Bubis, hija de inmigrantes rumanos. Una mujer meditativa y cada vez más conceptual.

“Narré alguna vez sobre la escalada en un monolito de California. Enrique Santos leyó esa crónica que dejé en su despacho, y le encantó. Sin saber cómo, salió publicada en dos páginas y ese fue mi inicio como periodista. Al unir montañismo y periodismo, di con un nicho que pocos habían tocado, el de periodismo de aventura”.

De elaborar con palabras la aventura del primer ascenso de un grupo de colombianos al monte Everest, saltó a trabajar con la imagen, con los volúmenes, con la tipografía, los tamaños de las letras, las lacónicas frases que ha escrito acerca de la realidad colombiana, de las masacres, de las minas quiebrapatas, de la corrupción, de un país desgarrador y desgarrado.

Mónica Savdié, que expone hasta hoy en la sede del Congreso Nacional sus ‘Escaques’, tableros de ajedrez que hablan de las macabras circunstancias que le han pasado a este país, es una artista que comenzó graduándose como diseñadora industrial, siguió en las faenas del periodismo, exploró más tarde nuevos mundos como escritora de libros, y ha devenido en una mujer cargada de discurso, un discurso analítico, no cualquier discurso, y en cada una de sus obras remite al espectador a un quiebre en sus conceptos.

Aunque la mayoría de sus trabajos habla de la crudeza del conflicto colombiano, la ironía no está ausente en la obra de Savdié.

Mónica Savdié ha publicado los libros La partida y Viajes paralelos. Sus obras plásticas se titulan Examen de visión 20/20, que trata de ver nuestra propia ceguera del país, y Escaques, que habla de la injusticia social global en tableros de ajedrez.

“Mi última obra nació de una reflexión como periodista –comenta–. Me di cuenta de cómo las noticias tienen con el tiempo una relación de inmediatez y de algo efímero. Su vida es muy breve, pero el arte perdura. Ese fue el punto de partida para plasmar historias que yo venía investigando desde una década atrás. Tenía una gran cantidad de información sobre la vida en las cárceles, el hacinamiento, el matoneo, la pederastia en las cárceles, y otros temas como la distribución de tierras, el movimiento de los indignados, el desempleo, muchos asuntos que investigaba, y sentí que el ajedrez era un excelente lenguaje para plasmar temas que me inquietan. Busco los lenguajes apropiados y las herramientas adecuadas para expresar lo que quiero decir”.

Hace un tiempo, para narrar en su libro La partida la historia de un secuestro extorsivo en Colombia, ocurrido en el año 2002, una partida legendaria del ajedrez conocida como ‘La siempreviva’ le sirvió de estructura narrativa.
Los 47 movimientos de esa partida clásica, jugada en 1862 en Berlín, me sirvieron para narrar la historia del secuestro en 47 párrafos. Lo hice porque el secuestrado talló una a una las piezas del ajedrez en su cautiverio y con ellas entabló partidas contra sus captores, dilatando así los días y encontrando en sus reiterados jaque mates una victoria del espíritu y triunfo simbólico en su encierro”.

El capítulo 52 se titula Jaque mate, y allí narra la caída del rey de Nepal, masacrado junto a toda su familia en el año 2001. “Allá estaba yo cuando ocurrieron esos hechos”, dice.

El poeta Ramón Cote ha explicado que si bien la relación entre el ajedrez y la literatura es muy antigua, “la manera como lo hace Savdié es lo novedoso, en el sentido de que utiliza no solamente la estrategia del ajedrez, los movimientos, sino algo que en apariencia es anodino: el blanco y el negro del tablero del ajedrez, en las páginas del libro. De tal suerte que empieza una relación del cautivo y sus plagiarios, que lo llevan al monte. Se establece una relación de estrategia. El secuestrador tiene una estrategia para ejecutar su fechoría, pero el secuestrado también empieza a tener su propia estrategia, que desemboca en la talla de las fichas, en un tiempo que va del día blanco a la noche negra. Y él va desarrollando su estrategia de sobrevivencia, defendiéndose, no dejándose morir, pensando en la belleza del paisaje... Lo que hace finalmente Mónica es que arma el libro casi como un artefacto por medio de párrafos. Es una contradicción decir que un libro relacionado con el secuestro sea muy poético, pero en el sentido en que ella lo hace no lo es”.

La importancia de ver

“Aunque los pasos toquen mil veces este sitio, no borrarán la sangre de los que aquí cayeron”. Es el poema Siempre, de Pablo Neruda.

Acompañado de estas palabras comenzó también el desarrollo de su obra gráfica, Examen de visión 20/20, en el año 2008, acerca del conflicto armado del país.

“El poema de Neruda cobró cada vez más fuerza a medida que salieron a la luz las noticias sobre las masacres paramilitares, y se fueron exponiendo en un lenguaje visual cuando me di cuenta de que éramos muy pocos los que queríamos ver. Fueron siete años viendo crecer una obra sin realmente proponérmelo. Sólo siendo fiel a un proceso creativo que se fue nutriendo lentamente del acontecer del país”.

Es una muestra de carteles como los que usan los optómetras para medir la visión. Con la misma tipografía e idéntica apariencia. Solo que no presentan las letras del alfabeto sin coherencia “a s d f g h i j”.

Lo que dicen son frases elaboradas por Savdié a partir de las noticias:

“ENCONTRARONSUSEXTREMIDADESRIOABAJOYLOGRARONARMARLASCOMOUNROMPECABEZAS”.
“Entre el 2008 y el 2009, abordé el tema de las masacres paramilitares, pero a medida que iba exponiendo testimonio por testimonio, más ardua era esa tarea de buscar espacios y escenarios. El país estaba en esos momentos demasiado polarizado, y yo, que me encontraba exponiendo esas atrocidades en muros y parques de la ciudad, me enfrentaba a individuos que defendían los excesos paramilitares. Me gritaban ‘guerrillera’”.

En el 2014, “la obra nuevamente despertó cuando se dieron a conocer las dimensiones de lo que había sido en el país la violencia sexual contra las mujeres en el conflicto armado”.

La primera puerta que tocó se abrió, la Galería Sextante, y a partir de ahí ArtBo, embajadas, colegios, Cafam... Ya lleva más de una década dando a conocer su trabajo. Pero es apenas el comienzo.

FRANCISCO CELIS ALBÁN
Editor EL TIEMPO

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