Diga 'recibir', no 'recepcionar' / En defensa del idioma

Diga 'recibir', no 'recepcionar' / En defensa del idioma

Repetir términos que apenas conocemos puede crear dudas acerca de nuestro léxico.

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31 de marzo 2016 , 10:27 p.m.

Un error frecuente al escribir y al hablar consiste en repetir términos que apenas conocemos y que han llegado para crear dudas acerca de nuestro léxico. En ese proceso de asimilación gráfica (escritura), prosódica (pronunciación) y semántica (significado), confundimos muchos de estos. Casi siempre, tales desaciertos se deben a la cercanía de forma y sonido de algunas palabras (las parónimas), que muchas veces provocan una de las más bellas manifestaciones humanas: la risa.

William Bustos Martínez, profesor del taller de radio en la Facultad de Comunicación, nos ha traído algunas de sus malheridas presas lingüísticas, atrapadas casi todas en el deshojado bosque de un estudio radiofónico, donde traviesos duendes marchitan o alteran los significados y atentan contra la veracidad. Por eso, si avanzamos en esta lectura, acerquémonos a un diccionario o a www.rae.es

Debido a los frecuentes errores de sus estudiantes durante los ejercicios radiales, al mismo profesor Bustos le cuesta diferenciar si algunos están “al aire” o “en el aire”, sobre todo cuando uno de ellos lee la noticia donde “un sujeto fue capturado en fragancia”, y los oyentes imaginarán que el tal sujeto estaba asaltando una perfumería. ¿Habrá querido decir “flagrancia”?

Otros radioescuchas supondrán que el fenómeno de la pobreza se habrá extendido hasta el sur de Colombia, porque otro novel reportero informa acerca de “los niños indigentes del Amazonas…”, en lugar de “los niños indígenas del Amazonas”.

Junto con esas mezclas de las palabras parónimas, aparecen también casuales escenas terroríficas, que obligan a evocar la presencia de zombis, sobre todo si la emisión radial se fija para la una de la madrugada y hay una atenta muchacha desvelada cuidando una vacía y gigantesca casa de campo, en compañía solo de un radio: “Una persona murió nuevamente, esta vez en el centro de la ciudad…”. ¡Muere varias veces y en distintos lugares!

El trilladísimo verbo “realizar” y la expresión “llevar a cabo” generan muchas ideas desubicadas: “… el incendio se realizó (o se llevó a cabo) en una zona industrial…”, como si ahora se aplicara una logística formal en ese tipo de accidentes o atentados, con todo y una calculada programación pirómana.

Hay osados que atribuyen (sin querer, por supuesto) a las fuerzas de seguridad unas acciones que erizan a los más valientes: “la Policía descuartizó una banda delincuencial…”. ¡Vaya calumnia! Ni más faltaba: la Policía, en realidad, “desarticuló” a una banda delincuencial.

En medio del furor de la política nacional, esas proximidades de escritura y pronunciación se asemejan a la leña seca que se da como alimento a un dragón: “El expresidente anunció que relevará sus fuentes de información”, en vez de “revelará sus fuentes de información…”. Y eso sin considerar “las declaraciones bastante poco éticas”.

Omitiendo el nombre de la persona implicada y ratificando que prácticamente está blindada, algún corresponsal decía al aire: “...el presidente sigue autodefendiéndose él mismo”. Y ese ego desbordado habrá llevado al mismo locutor a anunciar cierta contradicción metafísica, donde hay una dificultad epistemológica para distinguir al sujeto del objeto, quizás por la saturación de rock: “Encontraron suicidada a la novia de Mick Jagger".

En otras circunstancias, se demuestra cómo el espectáculo comercial ha invadido los espacios de las bellas artes y cómo la maternidad de la Literatura sobre el cine empieza a estar en duda: “El premio Óscar, otorgado a Gabriel García Márquez en 1982…”. ¿Será “Premio Nobel”?

Para concluir, sería impensable dejar por fuera a los comentaristas deportivos, sobre todo considerando las periódicas eliminatorias a los mundiales de fútbol, de esa “citas mundialísticas”, que deben de ser hermanas del “balón que se recepcionó”. Entonces, surgen algunas preguntas: ¿por qué para ellos no habrá cita mundialista”?, ¿por qué un futbolista no podrá “recibir” nunca un balón, sino “recepcionarlo”? ¡Qué ridiculez la de algunos narradores!

Y hasta la noción y la calidad del tiempo empiezan a perturbar a muchos oyentes: ¿por qué “Santiago Giraldo es el tenista de mejor actualidad del momento"?

Con vuestro permiso.

JAIRO VALDERRAMA V.
Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana
jairo.valderrama@unisabana.edu.co

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