Editorial: Mala conducta

Editorial: Mala conducta

Preocupa la aparición de varios lastres que pueden frenar el buen avance de políticas educativas.

31 de marzo 2016 , 08:56 p.m.

últimos días varios hechos que tienen en común el que terminarán siendo pesados lastres que harán más lento el avance de las políticas y programas que en materia de educación desarrolla el actual gobierno.

En un fallo de tutela, el Consejo de Estado acaba de ordenarle al Ministerio de Educación Nacional que incluya en el programa Ser Pilo Paga, esa meritoria iniciativa que promueve el acceso a la educación superior de los jóvenes más destacados académicamente y más pobres del país, a un estudiante que, si bien había sobresalido en las pruebas de Estado –requisito indispensable para acceder al beneficio–, no se hallaba registrado en el grupo poblacional más vulnerable, es decir, quienes pertenecen a Sisbén uno y dos, otra condición fundamental.

Como consecuencia de ese fallo, el Ministerio tendrá que abrirle cupo al muchacho, de forma extemporánea y, en cierta manera, saltándose las reglas de juego. Que sea una decisión judicial que deba acatarse no excluye el que se pueda estar abriendo una suerte de atajo que podría incluso poner en riesgo el programa.

Es, sin duda, un golpe a una iniciativa que hoy beneficia a 21.000 estudiantes que cursan sus carreras profesionales en las mejores universidades de Colombia.

El siguiente lastre corre por cuenta, paradójicamente, de aquellos que de una u otra manera han sido beneficiarios de los créditos del Icetex. La cartera morosa de quienes por medio de este mecanismo de financiación pudieron culminar sus carreras profesionales en Colombia o el exterior asciende a 360.000 millones de pesos, recursos que hoy podrían estar ayudando a subvencionar estudios a otros 22.000 muchachos.

Puede ocurrir que muchas de las personas que adquirieron el compromiso con el Icetex no hayan conseguido una estabilidad laboral o que sus ingresos sean insuficientes para cumplir con la obligación. Pero también lo es que existen múltiples estrategias que se brindan para que los morosos se pongan al día a través de procesos de refinanciación y similares. Lo que no puede suceder es que por tratarse de dineros de todos los colombianos estos no cuenten con amparo alguno, y que con ello se esté dejando por fuera de la posibilidad de estudio a miles de necesitados. Han de saber quienes hoy están incursos en morosidad que una de las consecuencias de no ponerse al día es quedar condenados a no recibir créditos de otra índole en el futuro.

Para finalizar, dos hechos adicionales ensombrecen el panorama: el escándalo por los engaños que habrían sufrido estudiantes con sus raciones de comida en Aguachica (Cesar) y el nuevo hallazgo de estudiantes y profesores fantasmas, como lo denunció la ministra del ramo. Más de 5.000 educadores no aparecen registrados en el escalafón, pero los recursos sí se han girado. Anomalía esta que, por desgracia, no es nueva y demuestra ser muy difícil de erradicar.

Este preocupante panorama deja claro que la viveza, a veces banal, a veces criminal –esto, cuando se trata de poderosas redes de intermediarios atados a gamonales cuya última prioridad es la calidad de la educación–, no es compatible con un país más educado. Justamente, porque el terreno dejaría de ser fértil para ella. 

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.