Proceso de paz con Eln, lo que faltaba para una Colombia sin guerrilla

Proceso de paz con Eln, lo que faltaba para una Colombia sin guerrilla

El reto inmediato del Gobierno y el grupo armado es definir un mecanismo de participación ciudadana.

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30 de marzo 2016 , 09:56 p.m.

Más que otro proceso de paz, el pronto comienzo de negociaciones formales entre el Gobierno y el Eln es el camino inequívoco de Colombia hacia el fin de las guerrillas y, en consecuencia, de la confrontación armada de medio siglo.

En la práctica, la guerra con las Farc terminó hace ocho meses, cuando la guerrilla declaró un cese unilateral del fuego y de hostilidades y el Gobierno respondió con la suspensión de bombardeos a campamentos insurgentes. (Vea: Las cifras que deja la guerra con el Eln)

Hoy cabe esperar que en un futuro muy cercano la guerrilla comandada por Nicolás Rodríguez Bautista, ‘Gabino’, tome una decisión similar. Sería lógico que tuviera este gesto porque estamos cerca de la concentración de las tropas de las Farc para un cese bilateral y definitivo del fuego, con verificación de la ONU. Se trata de que el Eln no perturbe ese cese del fuego y, por el contrario, contribuya con él.

Mientras tanto, y antes de que se inicie la negociación en Ecuador, el Eln debe comenzar a abandonar las hostilidades contra la población civil, de hecho, así lo ratificó este miércoles el presidente Juan Manuel Santos cuando se dirigió al país para explicar las condiciones de este nuevo proceso de paz. (Vea aquí: Arauca y Norte de Santander, los departamentos con mayor presencia guerrillera)

Para el Gobierno no es aceptable avanzar en una conversación de paz con el Eln mientras mantenga personas secuestradas”, dijo el mandatario.

Para empezar, esta guerrilla debería manifestarse sobre el secuestro de un niño de 2 años –hijo de una desmovilizada– que, según la Defensoría, estaría en manos del frente Cacique Calarcá.

De hecho, la liberación de los secuestrados fue uno de los primeros pasos de las Farc para el comienzo oficial de la negociación con el Gobierno en La Habana. Desde febrero del 2012, cuando comenzaba la fase de diálogos exploratorios, anunciaron el fin del secuestro extorsivo. (Además: Los crímenes que marcaron la existencia del Eln)

Una medida similar por parte del Eln, y la liberación de los secuestrados en su poder, pondría fin a uno de los peores lastres de Colombia, pues las guerrillas, incluidas las que ya entregaron las armas, han sido las autoras del 90 por ciento de los plagios ocurridos en el país durante el conflicto armado, con 27.023 entre 1970 y el 2010, según el informe de Memoria Histórica.

El proceso de paz con el Eln también deja superado uno de los grandes temores que había para el posconflicto con las Farc: que una parte de sus miembros, renuentes a la dejación de las armas, terminara cooptada por la guerrilla de ‘Gabino’.

Primer punto, un reto

La negociación con el Eln no debería tardar tanto como el proceso de paz con las Farc porque la mitad de la agenda coincide con la que se ha negociado con la guerrilla de ‘Timochenko’, y la tarea está adelantada. Concretamente, en víctimas y fin del conflicto.

El presidente Santos fue enfático en que algunos de los acuerdos con las Farc en La Habana sirven por igual al Eln. “No vamos a acordar una nueva Comisión de la Verdad, ni un nuevo Tribunal para la Paz, ni nuevos procedimientos para el cese del fuego y de hostilidades definitivo ni una nueva Misión Internacional de Verificación”, dijo.

La parte compleja de la negociación con el Eln podría estar en los tres primeros puntos de la agenda pactada con esa guerrilla, los cuales tienen como base la participación ciudadana y marcan la principal diferencia con la agenda de las Farc.

Si bien la amplia participación social que contempla este proceso de paz es buena para conectar la negociación con las necesidades reales de la gente distinta a la guerrilla, podría también complicarla y prolongarla innecesariamente.

En este sentido, el reto inmediato del Gobierno y el Eln tras el comienzo de la negociación en Ecuador es llegar a un buen acuerdo en el primer punto de la agenda, que define los mecanismos de participación de la sociedad. Es decir, optar por un instrumento de participación amplio, pero no largo en el tiempo y con plazos definidos. (Lea: En la negociación buscarán temas comunes con mesa de La Habana)

Podría ser algo parecido a los foros que se hicieron en Bogotá, como parte del proceso de paz con las Farc, para escuchar inquietudes e ideas de gente de todo el país en temas como el desarrollo del campo, la participación política y el fin de los cultivos ilícitos.

En el caso de los diálogos con el Eln es necesario limitar los temas sobre los cuales la gente puede hacer propuestas, para no convertir el proceso de paz en un debate interminable.

Si el primer punto resuelve esto, el segundo –escuchar las propuestas de la gente para resolver el conflicto– y el tercero de la agenda –convertir en acuerdos las propuestas– serán un asunto más fácil.

Quedó Venezuela

Como lo había informado EL TIEMPO, una de las demoras para el inicio formal de un proceso de paz con el Eln era la insistencia de esta guerrilla en que Venezuela fuera la sede de los diálogos.

Claramente, el Gobierno y el Eln terminaron partiendo diferencias. Si bien el grupo armado no logró que el país vecino fuera la sede de los diálogos, sí puede considerarse un logro para esta guerrilla que el anuncio sobre el comienzo del proceso de paz formal se hiciera en este país y que este vaya a ser una de las cinco sedes que tendrán las negociaciones. Las otras serán Ecuador, Brasil, Chile y Cuba.

(Lea también: ¿Quiénes integran el Comando Central del Eln?)

Esta, precisamente, es otra de las diferencias frente al proceso de paz con las Farc, que ha tenido como sede única a La Habana. Además, el proceso de paz con el Eln tendrá más garantes que el de las Farc. Serán los cinco países sedes, más Noruega, que desde el comienzo acompañó los diálogos exploratorios.

En la negociación con las Farc los garantes son Cuba y Noruega, y tiene dos acompañantes: Chile y Venezuela.

Si el proceso de paz con el Eln resulta exitoso y sale relativamente rápido, el presidente Santos podría terminar su gobierno con una de sus principales metas como mandatario cumplidas: cerrar definitivamente más de 50 años de guerra en Colombia.

La guerrillera más antigua

Omaira Elena Vásquez, la ‘comandante Paola’, que apareció este miércoles al lado de los guerrilleros ‘Antonio García’ y ‘Pablo Beltrán’, lleva 45 años en el Eln. Según información de inteligencia, nació en Barrancas (Santander) y estudió en una universidad de ese departamento. Siempre se ha movido en frentes de la guerrilla en Arauca y desde los 90 está encargada del ‘trabajo político’ de ese grupo. Es del círculo de confianza del máximo jefe del Eln, ‘Gabino’, quien la designó para temas de logística del proceso de paz.

Estructura federada del grupo, un obstáculo

La primera razón que aflora para que ninguna negociación con el Eln haya prosperado en las últimas tres décadas, no obstante los esfuerzos de varios gobiernos por lograrlo, es que la organización ha tenido una estructura “federada” y una autoridad de mando fraccionada.

Otra razón es que el Eln siempre fue visto (inclusive por algunos de sus líderes) como una organización de segunda división y siempre hubo expectativa por los avances que pudieran surgir primero con las Farc, vista como la insurgencia más importante y numerosa, así como la de mayor capacidad ofensiva.

También, a diferencia de las Farc, el Eln estuvo marcado desde sus orígenes por una especie de ideología religiosa dada la presencia de sacerdotes como Camilo Torres y Manuel Pérez, entre otros, en sus filas, que pregonaban “la muerte” como un desenlace digno de la guerra (inclusive, citando a Jesucristo), y que quedó plasmado en su eslogan: “Ni un paso atrás, liberación o muerte!”.

De estos preceptos dan fe algunos de sus exintegrantes como Antonio Sanguino, hoy concejal por Bogotá.

“Por un tiempo el Eln fue una federación de grupos que los unía el nombre, la bandera roja y negra, y ‘ni un paso atrás, liberación o muerte’ ”, recuerda Sanguino. También dice que había tendencias doctrinarias diversas en su seno.

León Valencia, otro exintegrante de esa organización, admite que “siempre en el Eln había un método interno que era el de buscar consensos, lo cual, obviamente, repercutía en decisiones más lentas que no favorecieron los intentos de negociación”.

Tanto Sanguino como Valencia admiten que la hora de la negociación también ha llegado porque antiguos aliados suyos como Cuba ya no creen en las armas para buscar el poder. O como dijo recientemente Frank Pearl, del equipo del Gobierno, al Eln se les acabó el tiempo.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de ELTIEMPO
@MarisolGmezG

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