Hay risas, pero no humor / El otro lado

Hay risas, pero no humor / El otro lado

A las 8 p. m. ya no hay telenovelas o realities, ahora reina el grotesco y se llama '¡Qué camello!'.

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27 de marzo 2016 , 05:01 p.m.

Cada sociedad ríe como puede y en Colombia reímos a lo ‘Sábados felices’. Y no puede ser distinto porque este programa es patrimonio nacional, ya que lleva 44 años haciendo cuentachistes y por eso es Guinness récord y orgullo patrio.

El resultado es que somos un país de cuentachistes donde la risa está en montarla y hacer ‘bullying’ sobre el defecto, la debilidad o la diferencia del otro.

El modo ‘Sábados felices’ de hacer humor ya es tendencia de las telenovelas, las narcoseries, los musidramas, las noticias, las emisoras musicales y la radio informativa y deportiva. Por eso somos un país al que le gusta mucho reír haciendo racismo, homofobia, clasismo, xenofobia, sexismo.

Y ahora ‘Sábados felices’ también se toma el mejor horario, las 8 p. m.; allí ya no hay telenovelas, menos series, tampoco 'realities', ahora reina el grotesco y se llama ‘¡Qué camello!’

Caracol anuncia a cinco cuentachistes que se supone ya son chistelocos: la Gorda Fabiola, Barbarita (ese síndrome del convertismo sexual como chiste), Hassam, Don Jediondo y Suso. Chistositos que primero se ríen y luego cuentan. ¿Dónde está el humor?

Cada noche se burlan de las profesiones que tenemos que hacer para sobrevivir. Suso juega al chistosito haciendo de mariachi, un oficio muy común en Colombia.

El que se hace de mujer para burlarse de lo femenino juega a ser del Esmad, pero para hacer una parodia de obviedades.

Don Jediondo se ríe solo mientras lleva un caballo de las riendas. La Gorda Fabiola no para de reír. Y al otro se le salieron las bolas en un campo de golf (¡ay, qué chiste!). ¿Dónde está el humor?

La promoción de Caracol anuncia que “las risas se acabaron y esta vez sí tendrán que pasar las duras y las maduras”. Y de verdad, los televidentes la pasamos mal, muy mal viendo este programa. ¡Qué camello! ver tan poco humor y tanta risa cada noche.

Lo cierto es que en esa pobreza que es nuestra televisión, este programa tiene un ‘rating’ aceptable. Los colombianos reconocemos que no tenemos más humor que la burla, hacer el ridículo o practicar nuestros sexismos o racismos. Nos reímos mucho de los demás, lástima que el buen humor sea reírse de uno mismo.

***

#apagar paga le ha salido bien a Santos. Mientras los medios, tarde como siempre (¡periodismo de pasado!), se van en busca de culpables, el Gobierno convirtió en un concurso el asunto de ahorrar en lo cotidiano. Y así cada día fuimos premiados o regañados. Y se logró vincularnos como colectivo.

Al final no importa si hay o no apagón (¡a pesar de la indignación de los periodistas!), lo que importa es que estamos un tris más conscientes sobre el problema y nos sentimos bien haciendo parte de algo.

Una idea simple, repetida con consistencia e impacto emocional, es lo que nos mueve como sociedad.

Lástima que una idea sublime como es la paz no ha tenido concepto de comunicación y menos de nación (¡y otra vez periodismo de pasado!).

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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