Hamlet: no dejará de ser / Opinión

Hamlet: no dejará de ser / Opinión

The Tiger Lillies conmueve y logra una puesta en escena vanguardista y estéticamente poderosa.

20 de marzo 2016 , 04:40 p.m.

¿Hamlet o no Hamlet?, he ahí la cuestión, nos preguntamos viendo ‘The Tiger Lillies Perform Hamlet’.

Un sí rotundo lo certifica, pues es el mismo Hamlet en esencia, añejo, glorioso, pero distinto: innovador, delirante, musical, en todo el sentido de la palabra, y contemporáneo.

En el arte, el riesgo siempre será recompensado, o bien como logro exitoso o como mera intención. La simbiosis entre la compañía teatral Republique de Dinamarca y la banda inglesa The Tiger Lillies conmueve y logra una puesta en escena vanguardista, original y estéticamente poderosa.

“El rey ha muerto, larga vida al rey”, cantan los asesinos en una especie de banquete orgiástico en una mesa ladeada que pareciera retar la gravedad.

O Hamlet fungiendo de ventrílocuo de Ofelia y de la madre ebria y adúltera, en una escena de simple grandiosidad. O la amada ahogándose en una luna extraña y robada por el ladrón de la muerte.

La escenografía es diversa, mutante, una pared de orificios por donde hablan los personajes; un muro con ventanas y puertas que dan acceso a la imaginación y al tránsito de los protagonistas, una pared que también sirve de pantalla para proyección de videos (agua, fuego, gusanos), vida, consumación y putrefacción. Una pared que se repliega y se vuelve escenario. La tecnología al servicio de una obra ancestral, sutil, sin ostentación.

La obra integra los elementos dramatúrgicos: la escenografía, algunos visos circenses, y sobre todo la actuación y la música; aunque son instancias paralelas, llevan el ritmo del argumento dramático sin fisuras. No son acompañantes, ni aderezos, hacen parte del todo.

Este equilibrio de fuerzas mantiene el drama vivo, ascendente, y escamotea vacíos. Un espléndido cantante narrador, que parece un Tom Waits rumiando en los bares una tragedia sublime, acompañado de un contrabajo electrónico y un baterista.

Y un Hamlet preciso, delirante, que vibra con el texto original, pues el actor “es una ficción, una pasión soñada”. La genialidad shakesperiana permite que este drama tenga muchas lecturas y como rematan al final de la función, que también sea “solo una puta canción de desolación”.

ALFONSO CARVAJAL
Escritor

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.