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'Presos', una metáfora de las ataduras sociales

'Presos', una metáfora de las ataduras sociales

El realizador Esteban Ramírez cuenta detalles de su película, que ya se puede ver en los cines.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de marzo 2016 , 04:09 p. m.

Presos es el relato de un amor que florece y se alimenta a través de las llamadas telefónicas entre un hombre que está en la cárcel y una jovencita que busca su lugar en la vida.

Pero, sobre todo, la película es una metáfora de los encierros, casi siempre impuestos por los entornos, a los que nos enfrentamos a diario. Las ataduras e hipocresías sociales.

“En el caso de la protagonista, Victoria, está atada a un noviazgo que no quiere, encaminado por la presión familiar y por la enfermedad de su mamá (que sufre de depresiones)”, cuenta el realizador costarricense Esteban Ramírez, que estuvo en Bogotá durante el estreno de la película.

La trama se centra en el personaje que interpreta Natalia Arias, una joven de clase media que lucha por una oportunidad laboral sin haber completado sus estudios. J. J. (Alejandro Aguilar), un colombiano que vive en San José de Costa Rica y es propietario de una empresa de seguridad, la apoya y la escoge como su asistente, mientras ella termina el bachillerato. A través de J. J., Victoria llega a Jason, un bailarín que está en la cárcel por cometer una estafa.

“Hay muchos prejuicios alrededor de los presos. La gente piensa que deberían encerrarlos en un basurero sin atención mínima. Pero es sano un retrato de lo que sucede dentro de una cárcel, del hacinamiento en el que están. Mi idea era mostrar el lado vulnerable y no agresivo de los internos, su lado familiar, las visitas, los dramas que enfrentan”, explica el realizador.

Con Presos, Ramírez completa su tercer largometraje después de Gestación (2009) y de Caribe (2004); ficciones pero con tramas muy cercanas a la realidad.

Parte del rodaje de Presos, que se puede ver en los teatros del país, se llevó a cabo en el penal más grande de Costa Rica, durante nueve días.

“Para hacer la película no solamente tuvimos que obtener muchos permisos. Debimos tener mucho tacto con los reclusos. Eran 1.300 y no todos estaban felices de que se hiciera una película ahí”, cuenta el director, que se inspiró en un documental que hizo su papá acerca de las cárceles en la década de los 70.

“De hecho, creo que me convertí en cineasta por esa producción”, agrega el realizador tico.

Durante el rodaje, sus bolsillos estaban llenos de cigarrillos. Los reclusos le pedían uno después de los cameos y planos generales en los que aparecen unos 200 internos, quienes fueron escogidos luego de que asistieron a una audición.

“Uno de los momentos más tensos ocurrió el último día de filmación. Muy temprano habían llegado 400 reos nuevos, que no sabían de nuestra película. Ese día se atrasó el inicio de las visitas y empezaron a gritar y a culparnos. Sentí miedo”, recuerda Ramírez sobre el episodio que tuvo un desenlace tranquilo, para fortuna de los 30 integrantes del equipo de producción.

El realizador ya está trabajando en dos proyectos nuevos: en uno quiere apostarle a algo ligero y divertido, y en el otro contará un relato intimista, independiente.

No adelanta mucho respecto a las temáticas. Solamente dice que “una película debe tener algo de riesgo para llevar a la gente a las salas de cine. Como espectador me gusta que tenga algo complejo”.

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