¿Qué hay detrás de la tempestad por la captura de Santiago Uribe?

¿Qué hay detrás de la tempestad por la captura de Santiago Uribe?

Uribistas dicen que su detención prueba una persecución. Acusaciones datan de la década de 1990.

notitle
05 de marzo 2016 , 08:15 p.m.

La detención, esta semana, del ganadero Santiago Uribe, el hermano menor del expresidente Álvaro Uribe Vélez, estaba cantada, con preocupación y rechazo, dentro del círculo íntimo del exmandatario.

El propio Santiago Uribe, según fuentes de su defensa, les dijo a varios allegados que tan solo esperaba la notificación de la Fiscalía para presentarse al búnker en Bogotá a responder por un proceso que considera infundado, el cual arrancó hace 20 años y que lo vincula con la presunta conformación de un grupo armado ilegal en el centro-norte antioqueño conocido como ‘los 12 Apóstoles’.

La noticia sacudió la política del país como hace tiempo no sucedía, al punto de que voceros de varios partidos tuvieron que salir a mitad de semana a pedirles calma tanto al Gobierno como al uribismo, que se trenzaron en una guerra de declaraciones, comunicados públicos y duros mensajes en Twitter.

Según el uribismo, la detención de Santiago Uribe se convierte en el capítulo más evidente de la supuesta persecución judicial y política que se desató hace al menos cuatro años en contra del expresidente, su familia, sus alfiles y su grupo político, el Centro Democrático, hoy en la oposición.

Por eso, abandonaron el Congreso en plena aprobación de las modificaciones a la ley de orden público y marcharon frente a la Casa de Nariño exigiendo la renuncia del Presidente.

Pero el Gobierno insiste en que esa captura, efectuada el lunes al mediodía en el sector de El Poblado de Medellín, es una decisión autónoma de la Fiscalía General y que el uribismo busca deslegitimar con un peligroso llamado a la desobediencia civil. Postura que, además, es aprovechada para descalificar el proceso de paz con las Farc.

De hecho, el escalamiento de la confrontación entre uribistas y santistas se registra en momentos en que los diálogos en La Habana están a punto de lograr la firma del fin del conflicto.

Y si bien la profunda rencilla personal y política entre Santos y Uribe se ha manifestado en diversos escenarios –desde los alcances de la Jurisdicción Especial para la Paz hasta la venta de Isagén, pasando por los sobrecostos en la refinería de Cartagena–, este episodio la agudiza en extremo y, tal vez, sin remedio.

Y lo peor es que este clima de polarización estalla justo cuando la economía requiere de urgentes ajustes y los diálogos en La Habana, de un espaldarazo de características nacionales.

El expediente

Uribe, que sigue insistiendo en que Santos se eligió Presidente, en el 2010, con sus votos y luego lo traicionó, no quiere ceder a pesar de que el Gobierno ha buscado mediación local y externa para recomponer la maltrecha relación, que ahora la captura de Santiago Uribe parece haber roto definitivamente.

Las sindicaciones contra el ganadero, de 59 años, no son de poca monta y, de prosperar, le podrían significar hasta 20 años de prisión. El fiscal décimo delegado ante la Corte, Carlos Mejía, lo llamó a responder por concierto para delinquir y homicidio agravado.

Los cargos están vinculados a la investigación por al menos 37 crímenes ocurridos entre 1993 y 1995 a manos de ‘los 12 Apóstoles’. (Lea también: Santiago Uribe está recluido en un batallón del Ejército en Antioquia)

En su zona de influencia estaban dos de las fincas emblemáticas de la familia Uribe: la hacienda Guacharacas, ubicada en el municipio de San Roque y escenario del asesinato de Alberto Uribe Sierra, padre de los Uribe Vélez, y La Carolina, entre Yarumal y Santa Rosa de Osos, clave en el expediente que tiene preso al ganadero.

Desde la captura del exsenador Mario Uribe, primo del expresidente, por sus nexos con el paramilitarismo, el uribismo no había recibido un golpe tan fuerte. Y parecieran temer otro más: la semana se cerró con la sorpresiva aparición en el búnker de Tomás y Jerónimo Uribe, hijos de Álvaro Uribe, que aseguran que existen presiones de la Fiscalía y de la Casa de Nariño para que uno de sus antiguos socios de negocios, James Arias, el ‘zar de la chatarra’, los involucre en el desfalco al fisco que lo tiene preso y ad portas de firmar un acuerdo con la justicia.

Álvaro Uribe viajó hace una semana a Washington a denunciar ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) lo que considera una persecución y mencionó el caso de su hermano y de sus hijos. Paradójicamente, allí también hay denuncias contra su gobierno por el acoso estatal a la oposición y a la Corte Suprema, que investigaba la ‘parapolítica’.

A su estrategia de denuncia en el campo internacional, ripostó el presidente Santos pidiendo una veeduría externa para el caso de Santiago Uribe, con lo que busca desmarcar a su gobierno de ese proceso judicial.

En el campo interno, la defensa de los uribistas, incluida la del ganadero, está en cabeza de Jaime Granados y Jaime Lombana, dos reputados penalistas. A ellos se unió el exfiscal Luis Camilo Osorio, cuya administración cerró dos procesos claves dentro del expediente de ‘los 12 Apóstoles’. Entre ellos, el del mayor (r) Juan Carlos Meneses, principal testigo en contra de Santiago Uribe.

En el 2010, después de una polémica aparición en Argentina –patrocinada por el nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel y el sacerdote Javier Giraldo, reconocido crítico de Álvaro Uribe–, el mayor Meneses admitió que hizo parte de ‘los 12 Apóstoles’ y señaló a Santiago Uribe como uno de los jefes de la banda. Además, reconoció varios de los crímenes que la Fiscalía, en el 2000, había desechado al ordenar la preclusión del proceso, que se reabrió tras su declaración en Argentina.

Meneses dijo que, en 1993, cuando aún era teniente de la Policía, llegó a Yarumal, región asediada por la guerrilla, como comandante. En el empalme con el capitán Pedro Manuel Benavides, este le dijo que allí operaba un grupo paramilitar, con sede en la hacienda La Carolina, cuyo jefe era Santiago Uribe.

Para la Fiscalía, la versión encaja con la de Alexánder Amaya, escolta de Meneses y quien, desde 1996, había hablado del ganadero y de los comandantes de la Policía de Yarumal como partícipes en los crímenes de ‘los 12 Apóstoles’. Desde el 2014, tanto Meneses como Amaya están presos y llamados a juicio por el crimen del conductor de un bus escalera, Camilo Barrientos, quien aparecía como auxiliador de la guerrilla en una lista negra que circuló por Yarumal.

Ese hecho, ocurrido en febrero de 1994, es el que tiene encartado por homicidio a Santiago Uribe.

Pero para los abogados del ganadero, Meneses no es más que un mentiroso, ficha de los ‘Comba’, narcotraficantes del Valle, y protegido del chavismo.

En efecto, estuvo refugiado en Venezuela, antes de entregarse a las autoridades y de que lo confinaran en la cárcel para policías en Facatativá (Cundinamarca). Además, su abogado dentro del proceso por el crimen del conductor del bus fue Alejandro Mejía, defensor y socio de Ignacio ‘Nacho’ Londoño. Se trata del abogado de la mafia asesinado en el 2015 y que defendió a los ‘Comba’, al hacker Andrés Sepúlveda y al coronel de los ‘falsos positivos’ Róbinson González. (Además: Uribe y Zuluaga arrecian críticas en las redes sociales)

Un tercer testigo clave contra el ganadero es Eunicio Pineda Luján, jornalero del Buen Suceso, una finca vecina a La Carolina y que terminó en manos de Álvaro Vásquez, otro de los poderosos de Yarumal, señalado, desde los 90, de patrocinar a ‘los 12 Apóstoles’.

Pineda Luján, quien se encuentra exiliado en Europa, dijo bajo juramento que en varias oportunidades vio a Santiago Uribe y a Vásquez escoltados por hombres armados en esas fincas y que cuando denunció el hecho fue torturado, e intentaron asesinarlo.

La Fiscalía le da credibilidad a su versión, según la cual alias Rodrigo, uno de los gatilleros de la banda, le arrancó dos dientes con un alicate y luego le disparó en varias oportunidades mientras él corría para salvarse.

Aparte de considerar fantasiosa su versión, el penalista Jaime Granados insiste en que Pineda Luján no es testigo confiable por problemas psiquiátricos. Según la Fiscalía, si bien esa afectación existe, es producto de la persecución de la que ha sido víctima. Además, logró que Medicina Legal certificara su aptitud mental para ser testigo.

“El caso de Pineda Luján es el mejor ejemplo para entender la capacidad y determinación de Santiago Uribe y de los miembros que aún subsisten de ‘los 12 Apóstoles’ para silenciar un testigo”, dice la providencia al sustentar la captura contra el ganadero.

El siniestro Toyota rojo

Y si bien Santiago Uribe es la figura más visible dentro del expediente, desde mediados de los 90 han sido mencionadas decenas de personas frente a las cuales la justicia no actuó, no obstante la gravedad de los señalamientos en su contra.

La lista la encabeza el coronel (r) de la Policía Pedro Manuel Benavides, quien como Meneses fue comandante en Yarumal y beneficiario de un polémico cierre de investigación en el 2002, a pesar de que en el expediente hay testimonios que lo ponen como uno de los principales actores del terror en la zona.

“Cuando estaba el capitán Pedro Manuel Benavides en Yarumal había un Toyota rojo carpado que llamaban el ‘carro de la muerte’, pues todo ensangrentado lo lavaban al frente de todo el mundo y los cadáveres los amarraban en la parte de adelante del carro y entraban por el pueblo pitando como si trajeran un trofeo. Ese testimonio le llegó a la Fiscalía el 7 de febrero de 1996, enviado por un habitante.

En el 2009, Meneses grabó secretamente una charla con Benavides en la que se menciona a ‘los 12 Apóstoles’ y a Santiago Uribe.

Para la defensa del ganadero, el audio está manipulado y es una prueba ilegal. Además, Benavides sostiene que Meneses lo que le estaba planteando era un montaje contra los hermanos Uribe Vélez. (Lea aquí: Las pruebas en el proceso de la Fiscalía contra Santiago Uribe)

La Fiscalía, sin embargo, califica de fundamental esa grabación para demostrar que los dos policías tuvieron relación con la banda y tenían conocimiento de las supuestas acciones de Santiago Uribe para entorpecer la acción de la justicia. De hecho, ante las quejas internacionales de la defensa de los Uribe de que al ganadero se le ha denegado justicia por 20 años, fuentes de la Fiscalía responden que la dilación se debe a maniobras ilícitas para cerrar el caso.

“Existe evidencia sobre la interferencia de Santiago Uribe, por interpuestas personas, para controlar los resultados de investigaciones penales a favor de otros miembros de su organización armada y como estrategia para garantizar su silencio”, dice la Fiscalía.

Este no es el único caso judicial en el que lo han señalado de supuestas manipulaciones. Su nombre está en el expediente del famoso caso ‘Tasmania’, con el que se pretendió afectar la imagen de la Corte Suprema y de su investigador Iván Velásquez.

El ya mencionado Álvaro Vásquez y los comerciantes Emiro Pérez y Nonato de la Cruz Vargas también aparecen en el expediente y serán citados. De la misma manera, con 83 años, el cuestionado cura de Yarumal Gonzalo Palacios, a quien, dicen, el grupo criminal debe su nombre.

Y uno de los pocos jefes paramilitares que lograron esquivar la extradición en el 2008, Rodrigo Pérez Alzate, el poderoso ‘Julián Bolívar’, se arriesga a volver a la cárcel y perder los beneficios de pena alternativa. La Fiscalía dice que a ‘Bolívar’ –protagonista de un montaje contra la excongresista Yidis Medina cuando esta se enfrentó al uribismo– se le olvidó confesar ante la justicia todo lo que sabe de ‘los 12 Apóstoles’.

Por ahora el clima político y judicial del país está hirviendo y parece poco viable que baje la temperatura, al menos en los próximos días. Por el contrario, Uribe anunció para hoy una nueva embestida contra el Gobierno y está invitando, el próximo 2 de abril, a salir a la calle para protestar por lo que él califica como “la consolidación de la entrega al terrorismo”.

La defensa de Santiago Uribe, que el viernes fue sacado de los calabozos de la Fiscalía en Bogotá y trasladado a una guarnición militar en Rionegro (Antioquia), ya anunció la búsqueda de medidas cautelares ante la CIDH para que se le garantice el debido proceso y un fallo definitivo tras 20 años de investigación.

¿Qué le dijo Uribe a la CIDH?

Hace 11 días, el senador Álvaro Uribe viajó a Washington para sostener un encuentro con Emilio Álvarez, secretario ejecutivo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Uribe y su abogado, Víctor Mosquera, tenían el objetivo de solicitar medidas cautelares a favor del exministro Sabas Pretelt y de su exsecretario general Alberto Velásquez, ambos condenados por la ‘Yidispolítica’. Según expuso, sus dos escuderos tienen más de 65 años y enfermedades graves. Pero no les ha sido suspendida la pena y ninguno tuvo acceso a una segunda instancia.

El temario se amplió por la presencia en la reunión de Luis Almagro, secretario general de la OEA. En ese momento, Uribe empezó a hablar de una persecución sistemática contra él y su familia. Se refirió al caso de su hermano Santiago (capturado días después) y a sus hijos Jerónimo y Tomás, vinculados a negocios con el zar de la chatarra, preso por millonarias defraudaciones a la Dian. Aunque, al final de la reunión, Uribe emitió un comunicado en el que hizo referencia a los presuntos “fallos políticos” contra sus escuderos por parte de la Corte Suprema y a supuestos falsos testigos reclutados por el exmagistrado Iván Velásquez, de eso no dijo nada en la reunión oficial. Pero sí habló de aspectos polémicos del proceso de paz con las Farc.

UNIDAD INVESTIGATIVA Y REDACCIÓN JUSTICIA
u.investigativa@eltiempo.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.