El porqué de las concesiones

El porqué de las concesiones

Aunque criticado, el modelo de concesiones permite avances imposibles de lograr de otro modo.

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29 de febrero 2016 , 05:48 p.m.

En toda sociedad, los proyectos e iniciativas de gran alcance deben encontrar fuentes de financiación para hacer posible su implementación. Dichas fuentes pueden ser locales o internacionales, de carácter oficial o privado. Aquellas de origen público estarán limitadas por la disponibilidad de los presupuestos del Estado y sujetas al conflicto de las múltiples necesidades que deben ser atendidas. Los capitales particulares, por su parte, tendrán como derrotero la maximización de sus utilidades.

Ante la intención de llevar a cabo, por ejemplo, algún proyecto de inversión social o destinar recursos para desarrollar un nuevo sector, es normal que se requiera de un portafolio con diversas opciones de financiación. Esto puede conseguirse armónicamente si se logran entender los distintos roles que juegan los actores involucrados, en donde los capitales privados (a diferencia del Estado) tienen plena libertad de usar sus dineros para aquellos fines que consideren pertinentes, teniendo en cuenta el riesgo y la utilidad del negocio.

De igual manera, es importante tener presente que para el cumplimiento de metas sociales derivadas del progreso económico, así como para alcanzar un sistema mercantil sostenible, es necesario disminuir la dependencia de la capacidad y voluntad del Estado. Según el Fondo Monetario Internacional, hay una correlación inversa entre el tamaño de la economía y la magnitud de la inversión pública medida como porcentaje del Producto Interno Bruto. Es decir, más inversión privada significa más riqueza.

En Colombia existen varios ejemplos de la articulación entre actores públicos y privados en proyectos estratégicos, entre los que se destacan los contratos de operación del sistema TransMilenio (TM) y las Asociaciones Público Privadas (APP) que se utilizan en concesiones viales. En el caso de TM, la Administración distrital cedió la responsabilidad de operar los buses rojos y alimentadores a empresarios particulares, quienes recuperan los costos de prestar el servicio a través de la tarifa que paga el usuario. Es por esto que no es ninguna crítica inteligente ni novedosa que el 95 % de lo captado por dicha vía se destine al pago de los concesionarios. El diseño técnico de la tarifa (al igual que en una concesión vial) pretende reconocer los costos de operación en lugar de constituirse en fuente de ingresos para el Gobierno. Estas tarifas incluyen el componente de utilidad del negocio, sin el cual no habría inversionistas interesados y estaríamos nuevamente a merced de la capacidad del Estado.

Es fácil olvidar el desafío que representa dar inicio a este tipo de esquemas contractuales, pues conllevan incertidumbres para los capitales privados que siempre pueden optar por inversiones más seguras, incluso fuera del país. Por esto resulta comprensible, como fue el caso de TM y las APP, que aquellos que se aventuran a los primeros contratos exijan mayores dividendos. Asimismo, es cierto que a medida que se consolida el modelo y disminuyen sus riesgos, se deben mejorar las condiciones para el Estado y los usuarios.

Esta combinación es el corazón del modelo de concesiones: iniciar proyectos sin depender de la disponibilidad de dineros públicos mientras se constituye un esquema perfectible en el tiempo. Dicho arreglo es criticado por algunas voces como leonino y favorable a intereses particulares, pero en realidad representa una aproximación pragmática que permite avances imposibles de lograr en su ausencia. Ojalá nuestra mayor preocupación fuera la de garantizar transparencia y calidad técnica en los diseños y en la adjudicación y operación de estos contratos, pues estaríamos dando pasos de gigante hacia nuestro propio desarrollo y bienestar.


Eduardo Behrentz

@behrentz

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