'Las Farc no dominan ningún territorio, ni lo han dominado nunca'

'Las Farc no dominan ningún territorio, ni lo han dominado nunca'

Camilo Gómez, excomisionado de Paz, advierte que 'la clave de un despeje es la verificación'.

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28 de febrero 2016 , 08:41 p.m.

La gente, después de ver las imágenes de Conejo, asoció inmediatamente con El Caguán...

Hay una gran diferencia: El Caguán se hizo dentro de la Constitución y la ley. Lo de Conejo fue una toma guerrillera.

Tenían ‘permiso’ de venir a Colombia y de socializar con su gente…

Pero hoy el Presidente no puede ordenar legalmente el retiro de la tropa para que haya presencia guerrillera.

Como excomisionado de Paz del gobierno Pastrana, ¿qué diferencias encuentra entre El Caguán y las zonas de concentración guerrillera que está negociando el Gobierno con las Farc? La gente está recordando nerviosamente ese mal experimento…

Yo no puedo desconocer que El Caguán tuvo problemas. Pero le repito, fue hecho bajo normas legales vigentes. Una sentencia de la Corte Constitucional dice que las zonas de despeje como El Caguán no son entrega de la soberanía sino por el contrario, ratificación de la soberanía, porque el Presidente puede darlas por terminadas en cualquier momento, entre otras cosas. Con El Caguán, cada 90 días se tomaba la decisión de si se prorrogaba o no. Tan es así, que un día las Farc llenaron la copa y se acabó la zona de El Caguán. (Lea también: 'Se entregó el país en 72 horas': Andrés Pastrana)

Pero fue básicamente un sitio de concentración de gente armada. Hasta sacaron a los militares del batallón Cazadores, que estaba en la zona…

Pero ese batallón se convirtió en sede del Gobierno. Es decir, la guerrilla nunca entró al batallón. La desmilitarización es un mecanismo válido para hacer una negociación de paz para terminar un conflicto, consistente en buscar un espacio geográfico donde no haya confrontación, y por eso hay separación de fuerzas, que es técnicamente el término.

¿Qué pasaba en El Caguán con los jueces?

Los jueces estuvieron al principio, después mantuvieron la jurisdicción pero, como sucede en muchos casos, estaban operando desde un municipio vecino.

No había jueces, no había militares… Pero de resto, entraba todo el mundo.

Pues precisamente ese fue uno de los problemas, que entraba todo el mundo. No de los problemas, corrijo, yo creo que al final fue una virtud, porque fueron cientos de periodistas de todo el mundo a mostrar la realidad. Con sus problemas y sus beneficios, El Caguán nos dejó el Plan Colombia. (Lea además La historia inédita del Plan Colombia a sus 15 años)

Sí, el gobierno Pastrana tenía un plan B. Pero El Caguán salió mal. ¿Qué debe hacer este Gobierno con las futuras zonas de concentración guerrillera para no repetir las malas experiencias y que se vuelvan zonas incontrolables?

Primero, tiene que existir el mecanismo legal para el despeje, que hoy está derogado, y que curiosamente derogó este mismo Gobierno a través de su entonces ministro del Interior, Germán Vargas Lleras. Ahora tendrán que crear nuevamente el mecanismo, a través de una ley en el Congreso.

Me parece que la supervisión internacional, a través de Naciones Unidas, le pone seriedad a eso. Siempre y cuando se defina bien el rol de esa verificación. A propósito, ¿usted recordaba que Juan Manuel Santos fue el verificador de El Caguán?

No recordaba…

Él era el que dirigía la comisión de verificación cuando El Caguán empezó. Lo importante es que la verificación tenga elementos de verificabilidad.

¿Y qué atribuciones deben tener los verificadores de la ONU? ¿Las que quiera?

Las funciones de verificación las define el país solicitante. Pero los verificadores tienen que tener capacidad de entrar a los campamentos de la guerrilla porque la verificación va a ser de la concentración. Un territorio donde hay presencia del grupo guerrillero pero no hay presencia de la Fuerza Pública. (Lea también: Las claves de la decisión de la ONU de verificar el cese del fuego)

¿Y qué pasa con la población civil en ese sitio?

Hay que definir las reglas. Por ejemplo, si las concentraciones van a ser en las cabeceras municipales o no. Yo hoy, con la experiencia anterior, no lo haría en las cabeceras. Sin embargo, uno no puede ignorar la presencia de las Farc en ciertas zonas del país, con o sin zona de concentración.

¿Aunque las concentraciones no se hagan en las cabeceras municipales, cómo impedir el contacto de la gente armada con los civiles? ¿Cómo evitar que en muchas zonas del país se repita la ‘película’ de Conejo? ¿O que esto se llene de ‘Caguancitos’?

Reglas claras y públicas. La publicidad de la que ha carecido este proceso es la que le ha quitado tranquilidad a los colombianos. Hoy ningún colombiano sabe qué es lo que está pasando allá. Y si las zonas van a ser también con reglas ocultas, pues va a ser muy difícil.

Las Naciones Unidas deben tener claridad de qué puede o no hacer dentro de la zona el grupo guerrillero. Por ejemplo, ¿podrán las Farc continuar cultivando coca? Habrá que verificar que no la vayan a sembrar, ni a traficar, ni a esconder armas, ni a esconder explosivos.

¿Cómo se hace con las familias? ¿Se verán niños en medio de un grupo armado?

No debería ser posible, porque hasta que no entreguen las armas, simplemente mantienen su condición de ilegalidad. Niños y armas no son compatibles, nunca.

¿Y las visitas de civiles? ¿Cómo hacer para que toda esa curiosidad no trivialice las zonas de concentración como pasó en El Caguán, donde hasta estuvo la reina Noor de Jordania?

Y Enrique Santos, y Juan Manuel Santos, y todo el mundo iba. Ahí sí defiendo yo ese efecto de El Caguán. Como iba todo el mundo, la gente pudo darse cuenta de qué eran realmente las Farc. Molestó tanto El Caguán porque la gente no sabía qué era la guerrilla, ni había visto la cara de la guerrilla, ni grupos de mil guerrilleros juntos, nunca en imágenes. En El Caguán vieron todo eso y generó mucha repulsión. El triunfo político sobre las Farc lo generó el hecho de que la gente pudiera ver qué tipo de bárbaros eran o son los de las Farc. Por eso soy partidario de no limitar el tránsito de ningún colombiano. Que vaya el que quiera.

¿Que vaya el que quiera? ¿Cómo evitará entonces el Gobierno las alianzas de la gente armada con el resto de la delincuencia común?

A los colombianos no se les puede restringir su libre tránsito por su propio territorio. ¿Por qué los colombianos no van a poder ver qué es lo que está pasando allá por su propia cuenta, si alguien quiere ir? Ahora, es que tampoco sabemos cuántas van a ser las zonas. El Gobierno no ha querido contar.

Se dice que las zonas serán donde las Farc han tenido influencia histórica. Pero no en todos los casos es por razones ideológicas. ¿Por qué condenar a los habitantes de una zona a repetir la influencia armada, ahora con permiso del Estado, de un grupo guerrillero?

Una claridad: las Farc no dominan ningún territorio en Colombia, ni lo han dominado nunca. Han hecho presencia y tienen unos campamentos en ciertas zonas, unos más importantes que otros. Está el caso de Casa Verde o del mismo Caguán, donde las Farc han hecho presencia durante años.

Tendrán que dar la ubicación exacta de sus campamentos. Ahora, las zonas selváticas, de muy poca población, traen también inconvenientes de verificabilidad, porque para Naciones Unidas no va a ser fácil entrar. En toda la zona de El Caguán había 50.000 ciudadanos, y eran muchos kilómetros. Luego, sí hay zonas donde podría estar la guerrilla sin tocar a la población. Y tendrán que hacer un censo de guerrilleros.

Pero, vuelvo y repito: verificabilidad. Si las Farc no van a permitir verificar sus actividades dentro de esas zonas, no hay nada que hacer.

En lo del censo, ya nos pasó en el proceso con los paramilitares, en el que se metió todo tipo de delincuencia. El Gobierno está confiando en la buena fe de las Farc. ¿Eso será suficiente?

¿La buena fe de las Farc? Es inexistente. Lo de Conejo no fue una cosa de buena fe. Fue planeado, y era conocido previamente por el Gobierno. Las Farc están en su filosofía y no han cambiado nada. Le han ganado al Gobierno en todo. ¿Y ahora pensar que va a ser de buena fe? Imposible.

¿Es factible tener una cifra aproximada de cuántos son realmente en las Farc, para controlar a los colados?

Los militares han hecho muchos análisis de inteligencia. Pero hay unos incentivos perversos. El acuerdo sobre narcotráfico contiene un par de clausulitas que dicen que a los que tengan cultivos de coca el Gobierno se los tendrá más o menos que comprar, porque ya está pactada la prohibición de la fumigación con las Farc. ¿Cuánta gente no aprovechará? Igual con los acuerdos sobre desarrollo agrícola: ¿cuánta gente no querrá colarse? Ese censo tendrá que ser la primera base obligatoriamente verificada por Naciones Unidas, también. Para eso es la verificación, no es para que verifiquen lo que están haciendo los militares.

¿Esas zonas de concentración durarán cuánto tiempo?

El proceso de desarme no puede ser eterno, y si uno lee los acuerdos con cuidado, no hay término. En los tres borradores de acuerdo está pactado el desarrollo de las zonas especiales de reserva campesina. ¿Coincidirán con las zonas de concentración? ¿Se quedarán ahí para siempre? Es decir, como diría Álvaro Gómez, ¿volvimos a las repúblicas independientes de Marquetalia? Si uno lee el grupo de los acuerdos completo, estamos a centímetros de que eso suceda.

¿Eso deberían poder evitarlo los colombianos a través de un plebiscito, o de una constituyente?

Yo sí les preguntaría a los ciudadanos, en un referendo con puntos específicos, si aceptan lo pactado. Que el Gobierno no nos crea tan bobos a los colombianos de que somos capaces de leer diez preguntas y contestar si nos gustan o no. Si por ejemplo, aceptamos que participen en política. Si por ejemplo, aceptamos amnistiar a los que no han cometido delitos de lesa humanidad. Si por ejemplo, aceptamos que no paguen ni un solo día de cárcel. Esas preguntas, formuladas en un referendo, adquieren carácter obligatorio, lo que no pasa con el plebiscito, y eso permite entonces ponerle temporalidad al cumplimiento de los acuerdos mismos.

La constituyente de las Farc es una locura. Pero una constituyente después, para ajustar las normas constitucionales a un país en paz, si creo que va a ser necesaria. (Lea además: Acuerdos de La Habana irán a plebiscito, 'les guste o no a las Farc')

El general (r) Jorge Enrique Mora fue uno de los más fuertes opositores de ustedes en el despeje de El Caguán, y hoy está de negociador de esas zonas de concentración. ¿Qué estará pensando ahora?

Mora castigó a El Caguán, evidentemente nos dio muy duro y se quejó mucho de ese despeje. Ahora va a terminar negociando esas zonas de concentración.

¿Esos ‘Caguancitos’?

Pues sí. Eso es algo que nadie se esperaba.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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