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Meluk le cuenta... (Defensa e hipocresía)

Meluk le cuenta... (Defensa e hipocresía)

En el fútbol, como en el fanatismo político y religioso, el absolutismo es tenebroso.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de febrero 2016 , 08:26 p. m.

La vieja discusión se ha elevado a verdaderos niveles de fanatismo. No de ‘hinchismo’ futbolero. No. Hablo de fanatismo real, de apasionamiento desmedido, de obstinación desproporcionada. Es como la intransigencia religiosa o la intolerancia política.

Decir hoy que en el fútbol hay que defenderse o entender por qué es válido hacerlo es motivo para que la ‘Nueva Santa Inquisición del juego’ empale a quien lo afirme. Es un hereje el que diga que hay que esperar agazapado y saltar en el momento justo; hay que amarrar en el potro al que sostenga que hay que poner mucha gente atrás y correr y raspar y marcar y cerrarse y encerrarse (que son cosas distintas) y contragolpear.

Entonces, como en una cacería de brujas, la horda de ‘santos’ que salvaguardan la ‘tradición, las buenas costumbres y la mortal ofensiva’ salen a quemar a los sacrílegos mientras recitan sus ‘santas escrituras’ del Barcelona (¡obvio, son de otro planeta!) o del Bayern de Múnich (¡obvio, un equipazo!) o del Brasil del 70 o la Hungría de Puskas o la Holanda de Cruyff y gritan sus nombres entre aleluyas y alabados, como las sectas..

Barcelona y Bayern y tantos otros son fantásticos, excelentes y maravillosos (¡hay que ser estúpido para no entenderlo!), pero no son la única manera para jugar al fútbol. Y en el fútbol, como en el fanatismo político y religioso, el absolutismo es tenebroso.

Con el fanatismo siempre aparece la hipocresía y cuando gana el Leicester de Ranieri o el Atlético de Simeone o la Grecia campeona de la Eurocopa o el Once vencedor de la Libertadores o el Santa Fe rey de la Suramericana con defensas cerradas y encerrada, ahí sí es una fiesta de la táctica, una oda a la estrategia, un poema al orden, una balada al coraje y a la hombría. Hipocresía, porque cuando se pierde tras una apuesta defensiva o se enfrenta a un rival cerrado, se ponen las capuchas y crucifican a los avaros profetas del antifútbol.

Sun Tzu fue un general chino, un maestro del combate. Escribió El arte de la guerra, el famoso tratado militar. “La invencibilidad es cuestión de defensa. Mientras no hayas observado los puntos vulnerables del adversario, oculta tu ataque y prepárate para preservarte, para ser invencible. Cuando los adversarios muestren sus debilidades es el momento de atacar; pues solo se debe atacar cuando la fuerza es abundante”, dijo. Abundante como en el Barcelona o el Bayern.

Fanatismo, defensa e hipocresía... ¡Hay harto de eso en el fútbol!

Meluk le cuenta...

GABRIEL MELUK
Editor de Deportes
@MelukLeCuenta

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