Los 'topos' del barrio San José de Manizales

Los 'topos' del barrio San José de Manizales

Habitantes de calle han convertido las demoliciones de la obra de renovación urbana en su casa.

notitle
28 de febrero 2016 , 05:33 p.m.

El rostro delgado de un hombre, enmarcado por barba y cabello negros y cortos, se distingue en medio de la oscuridad de una pequeña cueva debajo de una placa de concreto. Observa con desconfianza el mundo exterior. Espera a que no haya nadie a la vista para salir y escabullirse por entre los mismos escombros y la basura que lo rodean.

La escena se da en un lote del barrio San José, en la comuna homónima de Manizales, donde alguna vez estuvo en pie una casa de varios pisos o, tal vez, un modesto edificio de apartamentos, derribado para dar paso al megaproyecto de renovación urbana que avanza a paso lento en esa zona, desde hace dos alcaldías.

El protagonista, Diego Antonio Triviño, tiene 38 años. Ha sido tiempo suficiente para pasar un cuarto de siglo, que empezó en su cumpleaños número 13, atrapado en el mundo de las drogas. Parte de ese lapso se le fue recorriendo las cárceles del país: de La Blanca, en Manizales, a El Barne, en Tunja; de Bellavista, en Medellín, a la Colonia de Oriente, en Acacías (Meta). La pena por concierto para delinquir, porte ilegal de armas y hurto calificado –mejor dicho, por robar una joyería en el centro de la ciudad– fue de nueve años, tres meses y seis días.

“Desde que salí a la calle no he vuelto a delinquir. Yo pido respetuosamente. Si no me dan, les digo que será a la próxima y que Dios los bendiga. Uno no sabe quién está oyendo. De pronto otro que vaya por ahí lo escucha a uno hablar así, con decencia, y viene y le ayuda”, dice Diego, ya no en la pequeña cueva donde duerme, sino en lo que podría ser la sala de su casa: el primer piso de un edificio, con tres muros y medio resquebrajados, que sostienen dos de la segunda planta, que están en idénticas condiciones y que, a su vez, soportan la última pared del tercer nivel.

Mientras habla, cuida a un ‘pana’ que está tirado sobre un cojín sin sofá, bajo un plástico, en medio del trance que produce la heroína: los ojos abiertos pero no habla, no se mueve, a duras penas respira. El hedor a su alrededor mezcla humedad, excrementos y todo tipo de podredumbres acumuladas por meses. A pesar de todo, ninguno de los dos parece notarlo.

–Para mí, estas ruinas son un beneficio, una riqueza porque no me mojo –dice Diego.

–Pero esto se le puede venir encima en cualquier momentos. ¿No le asusta?

–Lo único que se puede, es pedirle a Dios que nos libre de eso y de todo mal.

Las ruinas que ha dejado el macroproyecto San José atraen a cada vez más vecinos como Diego, que no tienen otro sitio dónde pasar sus noches. Así lo denuncian los habitantes de las casas que todavía no han sido derribadas para dar paso a la obra, que escasamente supera el uno por ciento de progreso en ocho años y está corta de recursos para continuar.

La ciudad, que es reconocida como el ‘mejor vividero’ del país gracias a sus buenos resultados en los estudios del programa Manizales Cómo Vamos –en los que supera a todas las demás capitales que tienen presencia de esta red de veedurías ciudadanas–, ha permitido que sus ciudadanos menos afortunados estén segregados en el espacio donde se construye con un propósito exactamente opuesto: el de brindar vivienda y desarrollo a las personas que tienen sus viviendas en zonas de alto riesgo, por ejemplo.

Además, está por encima del promedio nacional y ocupa el cuarto puesto en cifras de drogodependencia, según lo reveló ayer el director del Departamento de Planeación Nacional, Simón Gaviria, en su visita pedagógica para asesorar los planes de desarrollo de las nuevas administraciones de Caldas.

En respuesta a esta situación, el alcalde de Manizales, José Octavio Cardona, dijo estar preocupado y agregó que “se viene trabajando, en materia de habitantes de calle, con programas específicos de las secretarías de Salud, Desarrollo Social y Gobierno”. Pero aseguró que “la economía del Municipio no es tan alentadora como uno quisiera para atender con vehemencia a esa población”.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.