'El renacido': la gran aventura de Alejandro González Iñárritu

'El renacido': la gran aventura de Alejandro González Iñárritu

El realizador mexicano dice que no quiere repetir un rodaje como el de 'The Revenant: El renacido'.

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27 de febrero 2016 , 08:13 p.m.

Fue justo hace un año. Alejandro González Iñárritu estaba en el Kodak Theatre de Los Ángeles (EE. UU.), en la ceremonia de entrega de los premios Óscar. Era su gran noche. Su película ‘Birdman’ estaba nominada a nueve categorías de la Academia, incluyendo las más relevantes: mejor película y mejor director. Era una noche de celebración para el cineasta, pero la pantalla de su celular no paraba de mostrarle mensajes que no contenían felicitaciones.

Más tarde, esa noche, Iñárritu se convirtió en el segundo mexicano en ganar el Óscar como mejor director. El año anterior, su amigo Alfonso Cuarón lo había conseguido por la espectacular ‘Gravedad’. Esa noche, Iñárritu tenía su cabeza en dos lugares al mismo tiempo: por un lado, el Kodak Theatre, donde posaba con sus premios, y, por el otro, los mensajes en su teléfono que le anunciaban problemas de su producción en curso. Se trataba de ‘El renacido’, una de las empresas más duras en su carrera y que ahora acumula 12 nominaciones a la estatuilla dorada, incluyendo mejor actor y mejor director.

“Estaba con los premios Óscar y los festejos, pero prácticamente al día siguiente debía volar para seguir con ‘El renacido’ ”, recuerda el cineasta en Ciudad de México. El director mexicano, de 52 años, cuenta que al menos desde el 2010 quería filmar 'El renacido', un guion complejo, instalado en la lista negra de Hollywood por sus dificultades de realización, debido a los inhóspitos paisajes y brutales condiciones climáticas que exigía la historia.

Pero Iñárritu estaba cautivado con la odisea del trampero y guía de montaña Hugh Glass, un personaje real del folclor norteamericano que alcanzó cotas de leyenda cuando, en la década de 1820, sobrevivió el feroz ataque de un oso y deambuló medio vivo, medio muerto, kilómetros y kilómetros a través de territorios salvajes cubiertos de nieve.

“Pero tuve que esperar a Leonardo DiCaprio, que estaba a punto de rodar ‘El lobo de Wall Street’ con Scorsese. Entonces, en esa pausa, hice ‘Birdman’ ”. (Lea también: Llegó la hora de Leonardo DiCaprio)

Protagonista y estrella de los Óscar en dos años consecutivos, el mexicano ha estado en un set desde hace un par de años con ‘Birdman’ y ‘El renacido’, y ese desgaste, dice, ya lo siente.

“Creo que nunca más me embarcaría en un proceso así de intenso”, afirma con expresión cansada, quizá recordando las exigencias físicas que, junto a DiCaprio y el equipo de filmación, debió soportar durante la filmación: empinados riscos, ríos congelados y temperaturas de 40 grados bajo cero.

Eterno retorno

A fines de los 80, cuando González Iñárritu era un popular DJ y conductor radial en la estación WFM, del DF mexicano, nadie podía anticipar que iba a convertirse en uno de los mayores créditos del cine mexicano y en una energía revitalizadora para Hollywood. Criado en el barrio de clase media de Narvarte, el realizador fue un joven de esos que caben en la categoría de difícil. A los 16 años no tenía un prospecto claro. Lo habían expulsado del colegio y su vida, según ha contado, era escuchar Pink Floyd con su novia en permanente estado alterado de conciencia. Así, cuando apenas había dejado atrás la adolescencia, su vida dio un giro inesperado y emprendió su propia odisea.

“Me fui de sobrecargo en un crucero y recorrí durante un par de años desde Misisipi hasta Marruecos y Europa –cuenta–. Fue una muy buena experiencia, muy enriquecedora, y no fue hasta de más mayor que me di cuenta de algo: sin pensarlo, he vuelto a esos lugares a lo largo de mi carrera. Mi primera película estadounidense fue ‘21 gramos’ (2003, con Sean Penn y Naomi Watts), que rodé en Misisipi. Enseguida filmé ‘Babel’ (2006, con Brad Pitt y Cate Blanchett), en Marruecos. Luego ‘Biutiful’ (2010, con Javier Bardem), ambientada en Barcelona”.

De alguna manera, él piensa que siempre ha vuelto a sus lugares. Y ahora, si bien ‘El renacido’ no es el regreso físico a un sitio donde haya vivido, sí lo es desde el punto de vista del retorno a un estado de emergencia y ferocidad que experimentó en su país natal.

Desde hace 14 años, el cineasta está radicado en Estados Unidos, y manifiesta una profunda pasión por su país, por su cultura, por su gente y se nota a gusto en Ciudad de México (“creo que la pasión de mi cine viene de la música del país, del melodrama poderoso de las telenovelas, de los murales de Siqueiros”), aunque su madre fue golpeada y perdió algunos dientes en un asalto que sufrió en la capital mexicana, mientras que su padre fue secuestrado seis horas en un camión para robarle 50 dólares.

Hace 16 años, Iñárritu debutó como director de cine con ‘Amores perros’. Antes hizo publicidad y compuso, entre 1986 y 1989, música para cuatro películas locales. Pero con ‘Amores perros’ dio su gran golpe, a través de un retrato formalmente quebrado (varias historias que se cruzan en un guion soberbio) de distintas realidades de México, coescrito con el que sería su colaborador más cercano durante unos años: Guillermo Arriaga, con quien, además, hizo ‘21 gramos’ y ‘Babel’. Pero “diferencias artísticas” hicieron que tomaran caminos separados. Alejandro González Iñárritu encontró un nuevo aliado para su cine hiperbólico y formalmente ambicioso en el director de fotografía Emmanuel ‘Chivo’ Lubezki, otro mexicano de exportación, con quien hizo ‘Birdman’, que marcó un antes y un después en su carrera.

“El ‘Chivo’ es mi mano derecha. Tenemos una excelente comunicación y logramos un debate hermosísimo para encontrar las mejores decisiones”, explica.

De hecho, junto con Lubezki, el cineasta adelantó –para ‘El renacido’– un proceso que comenzó con meses de anticipación, preparando y coreografiando lo que sería la puesta en escena de las batallas y la tragedia de un grupo de hombres –tanto los blancos exploradores como los nativos americanos– involucrados en una historia donde solo existe la ley del más fuerte.

Durante nueve meses el equipo de filmación se instaló en los helados paisajes de Calgary (Canadá), para seguir el periplo de su protagonista, un Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) que apenas habla, preocupado del bienestar de su hijo mestizo y a quien las imágenes de su mujer muerta lo persiguen.

Liderando un grupo de más de 200 personas, con un presupuesto de 60 millones de dólares –que pronto subió a 90 y finalmente llegó a 135 millones–, González Iñárritu tuvo que sacar fuerzas para mantener el espíritu en alto frente a un duro invierno canadiense, que muchas veces congelaba e impedía el uso de las cámaras, o que acrecentaba la impaciencia de sus actores.

De su estrella, Leonardo DiCaprio, dice que fue un colaborador permanente y una fuerza clave para sacar adelante el proyecto: “Toda la película estaba sostenida por un actor de la talla de DiCaprio. Ha sido la experiencia más extraordinaria que he tenido como director, no solo porque encontré al gran actor que yo sabía que era, sino porque necesitaba un camarada y un guerrero, y también fue un gran amigo, y eso pocas veces sucede en una profesión tan difícil como esta”.

DiCaprio actúa gran parte del rodaje sin diálogos, como si fuera una película muda...

Mucha gente cree que a veces los diálogos, el ‘plot’, el ‘twist’, los eventos y las líneas creativas hacen de una película, una película. Todas estas estructuras de primer acto y tercer acto es una cosa muy ortodoxa y académica, y a veces rígida. Cuando una película no se puede articular con palabras, entonces es cuando el cine trae su mejor posibilidad de expresión. Yo creo que esta película fue la oportunidad para explorar una forma de hacer cine con muy pocas palabras, con eventos muy lineales y sencillos.

El director habla de sacrificios, de riesgo y de seguir al pie de la letra los mandatos que él, su director de fotografía y DiCaprio se fijaron como norte: que en ‘El renacido’ todo lo que apareciera en pantalla se sintiera como auténtico, real, palpaple. Para eso, solo se filmaría con luz natural. Nada de luces artificiales.

¿Por qué apostó por este camino tan arriesgado, cuando quizá era más fácil usar efectos digitales?

Creo que se ha hecho un uso excesivo de la digitalización, un poco por la necesidad de salirse de la Tierra, con criaturas que no son terráqueas y también para poder entrar al mundo de la fantasía, que es la negación de la realidad, escaparse de la realidad. A mí me parece que todavía la Tierra y la realidad ofrecen mundos no explorados, olvidados, mal interpretados o desconocidos, que pudiesen parecer más de ciencia ficción que el espacio. Y estos horizontes infinitos crepusculares americanos de 'El renacido' son de unas formas, de unas luces y de unos sonidos que podrían estar en una película de ciencia ficción.

***

‘El renacido’ casi se rompió por completo el año pasado, cuando, a falta de nieve en Calgary y pese a los esfuerzos titánicos que hicieron con toneladas de nieve traídas por camiones para simular un invierno que duró menos de lo esperado, el mexicano debió aceptar el fracaso y posponer el rodaje. No sabía si iba a conseguir más dinero para su alocada odisea. Pero la inyección de recursos llegó, y el rodaje –que ha sido comparado con otros tan o más difíciles, como el de ‘Apocalypse Now’, de Francis Ford Coppola– pudo continuar en Ushuaia (Argentina).

Frente a las dificultades sufridas entre los rodajes, el cineasta reconoce que fue bastante complicado. “Se me ve en la cara, que muestra el cansancio, pero ha sido una travesía imparable. Venía de una película como ‘Birdman’ y no he parado desde ahí. En realidad, fueron dos maratones. Y sí, ha sido una película que demandó mucha atención, física y emocional, y con riesgo, que siempre es estresante. Pero me gusta que todo lo que pudo haber sido un riesgo enorme, todo lo que pudiera haber fallado de una forma grande, de pronto renace, toma vida”.

Alejandro González Iñárritu, que firma como Alejandro G. Inárritu para Hollywood, está agotado. Sabe que el Óscar, hoy, otra vez puede tocar a su puerta: “Estar nominado ya es una celebración al trabajo en su totalidad, y eso me llena de orgullo. Más allá de que ganemos o no, creo que la película ya ganó ese reconocimiento. Es un gran abrazo de cariño, de calor, y lo recibimos con muchísimo agradecimiento y gusto. Ahora, lo único en lo que pienso es en descansar, en meterme en una cueva para hibernar”.

ERNESTO GARRATT
El Mercurio (Chile) - GDA
Ciudad de México.

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