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John Williams: la banda sonora de nuestras vidas

John Williams: la banda sonora de nuestras vidas

El compositor neoyorquino es el artista con más nominaciones al Óscar en toda la historia.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de febrero 2016 , 08:13 p. m.

Casi al final de ‘Encuentros cercanos del tercer tipo’, el protagonista, Roy Neary, un empleado de una compañía eléctrica interpretado por Richard Dreyfuss, se encuentra con la nave extraterrestre que atormentaba sus sueños. Todos lo daban por loco, salvo un par de científicos que crearon un código no verbal para comunicarse con los alienígenas: una sucesión hipnótica de cinco notas que hace parte de la historia del cine (si bemol, do, la bemol, otro la bemol, pero una octava más abajo, y mi bemol).

En ese momento mágico, los científicos hacen sonar por los altavoces de un estadio el comienzo de la melodía, y desde la nave se escucha el final, el la bemol profundo, con una potencia que rompe los vidrios de una cabina de transmisión y llena de alegría los corazones de Roy y de generación tras generación de cinéfilos.

Esa escena es el triunfo de la música como comunicación absoluta.

La película es de 1977. Su director, Steven Spielberg, y el compositor de la banda sonora, John Williams, fueron candidatos al Óscar. Para Spielberg fue la primera de sus 17 nominaciones, incluida la de este año, por ‘Puente de espías’. Para Williams, en cambio, fue la nominación número 13. A esa altura ya había ganado dos estatuillas, una por ‘El violinista en el tejado’ (1971) y la otra, por ‘Tiburón’ (1975). Hoy, a los 84 años, opta al galardón por su partitura para ‘El despertar de la fuerza’, el episodio siete de ‘La guerra de las galaxias’. Con 50 nominaciones a cuestas, es el artista de cualquier categoría que más veces ha optado al premio más famoso del cine. Si lo obtiene, quedaría a tres de su colega Alfred Newman, fallecido en 1970 (a los 68 años), quien ganó nueve óscares entre 1939 y 1968, por sus composiciones para películas como ‘The King and I’.

En una reciente clase magistral para alumnos de cine que dieron Williams y Spielberg, los dos explicaron cómo en todos los filmes que han hecho juntos (‘ET’, ‘Indiana Jones’, ‘La lista de Schindler’ y tantos otros), el realizador hacía una primera versión de la película y después Williams empezaba a pensar en qué música podía acompañar las imágenes y los diálogos. En todos, menos en ‘Encuentros cercanos’. En esta, la música –y sobre todo esas cinco notas– es el eje de la historia, la forma de comunicarse con una civilización desconocida, un mensaje de paz a posibles invasores. “En ‘Encuentros cercanos’ hicimos al revés: primero vino la música”, contó Spielberg.

Ya tiene cinco estatuillas

John Williams ha ganado cinco veces el Óscar, uno de ellos, por una de las bandas sonoras más recordadas de la historia: la que da inicio a la saga de ‘La guerra de las galaxias’, de George Lucas. El tema central de la película concentra todas las virtudes que hacen del compositor estadounidense el gran autor de música para cintas de aventura, fantasía, ciencia ficción y emoción desbordada. Desde el inicio de los créditos, junto con las letras que van desapareciendo en un cielo estrellado, las trompetas y los trombones inician una fanfarria marcial de gran fuerza expresiva. Inmediatamente, las cuerdas arrancan con un contratema lírico y enérgico, después de lo cual vuelve el tema principal: A-B-A, la vieja forma sonata de los maestros del barroco y el clasicismo.

Música nueva y un guiño al pasado. Los jóvenes se fascinan por el resultado. Los eruditos, por su sapiencia compositiva.

Para la pianista y periodista musical Laura Galindo, “las melodías de John Williams son simples, la gente puede memorizarlas, pero a la vez están muy bien orquestadas, armonizadas y producidas. Y lo más importante en la música para películas: cuentan cosas que la imagen no dice”.

Desde 1958, este gran artista se ha encargado de más de cien bandas sonoras, con las cuales legó al imaginario colectivo de tres generaciones la música que nos acompaña en la tristeza (ese lastimoso violín de ‘La lista de Schindler’), en los sueños de la niñez (esa delicada melodía en las cuerdas durante la escena de las bicicletas voladoras en ‘ET’), en el peligro de la maldad (los timbales insistentes de Darth Vader) o en la fascinación de la magia (el tema principal de ‘Harry Potter’).

Escuchando las asombrosas melodías de John Williams, todos volvemos a ser niños.

Sus partituras vuelven la vista atrás, a la gran música sinfónica para películas del Hollywood de los años 40, pero sin parecer anticuadas. Y las grandes orquestas, de la Filarmónica de Berlín a la Sinfónica de Boston, suelen incluirlas en sus conciertos.

Y no solo las bandas sonoras: él también ha compuesto música ‘culta’, conciertos y obras de cámara, y temas para las más diversas ocasiones y celebraciones, incluyendo cuatro Juegos Olímpicos y tres informativos de TV.

Sí, estamos rodeados de la música de John Williams. Podríamos sentar a casi cualquier persona que afirme nunca haber escuchado música sinfónica, y sería capaz de reconocer al menos diez melodías suyas, sin saber que son de él, por supuesto, porque el valor supremo de un creador de músicas es que sepamos tararearlo, silbarlo, mover las manos y esbozar una sonrisa…

Y que su nombre no nos suene.

La música de John Williams parece surgirnos de un rincón secreto de nuestra propia sensibilidad. Es tan perfecta que imaginamos que las escenas de las películas que tuvieron la fortuna de contar con sus composiciones fueron hechas sin música, y que la música se la vamos poniendo nosotros a medida que se suceden las escenas. No pueden tener otra: es la música que les va.

Por eso creo que John Williams es un extraterrestre de los que vienen en el platillo volador de ‘Encuentros cercanos’. Sí, habla, y muy bien. En la grabación de la clase que da junto a Steven Spielberg se expresa con soltura, humildad, gracia y precisión. Pero su principal forma de comunicación es la música, y mediante ella nos llega al alma.

Y por eso creo que ‘Encuentros cercanos’ es la película que mejor lo define: como los científicos que buscan entenderse sin palabras con seres de otra galaxia, John Williams diseña una y otra vez melodías profundas en su sencillez, que quedan colgadas en el aire y, un segundo antes de disolverse en el silencio, se prenden a nuestra memoria como si siempre hubieran estado ahí.

Morricone, el italiano que inventó el sonido del wéstern

En el modesto rubro de la música para películas, este año los Óscar se podrían ver como un duelo al sol en la polvorienta calle principal de un pueblo del Lejano Oeste. A un lado, la cantina; al otro, el banco y la oficina del ‘sheriff’. En medio de la calle, a punto de desenfundar, los duelistas. Uno es el indiscutible genio de la música de Hollywood del último cuarto de siglo: John Williams. El otro, el más grande músico europeo dedicado al cine: el italiano Ennio Morricone.

Seguro que nunca volveremos a ver un duelo igual.

Williams volvió a su pasado glorioso (la séptima entrega de ‘Star Wars’), mientras que Morricone, de 87 años, se lanzó a un desafío nuevo: poner música a la visión posmoderna, irónica y sangrienta del director Quentin Tarantino.

Para reinventar el wéstern en ‘Los ocho más odiados’, Tarantino contrata como músico al genial creador del sonido de las películas con las que Sergio Leone inventó el ‘spaghetti western’. Estoy hablando de ‘Por un puñado de dólares’, ‘El bueno, el malo y el feo’, ‘Érase una vez en América’ y ‘Hasta que llegó su hora’, entre otras. Entre sus más de 500 bandas sonoras para películas, series y programas de televisión, Morricone creó temas tan recordados como la delicada melodía para oboe de ‘La misión’ (nominada al Óscar en 1987) o la dulce letanía para saxo de Cinema Paradiso (1988).

Su música para cine es muy distinta a la de Williams. Los dos son genios, tal vez los Mozart y Beethoven o los Verdi y Wagner de nuestro tiempo.

Pero mientras el fuerte de Williams es lo grandioso, lo marcial, lo que enaltece, lo que nos canta, la música de Morricone se nos mete sutilmente, como una melodía que podemos cantar nosotros. O silbar, como el tema principal de ‘El bueno, el malo y el feo’.

A diferencia del ‘pistolero’ al que enfrenta, Morricone nunca ganó un Óscar por la partitura de alguna película, aunque ha sido nominado seis veces. Sí le dieron un Óscar honorífico, en el 2007, por su trayectoria. Pero es increíble que el mejor músico de cine que produjo Europa no lo haya obtenido aún por una banda sonora.

La asombrosa belleza musical de ‘Los ocho más odiados’ es la ocasión ideal: es su vuelta al Oeste, lugar que no podemos imaginar hoy sin su música, y su regreso –después de ‘Kill Bill’– a la alianza con Tarantino, el viejo niño terrible de Hollywood.

ROBERTO HERRSCHER*
Especial para EL TIEMPO

*Periodista argentino experto en música clásica. Dirige el máster en Periodismo de la Universidad de Barcelona. Sus textos se publican en medios como ‘Opera News’, ‘Gatopardo’ y ‘La Vanguardia’.

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