Así mata la desnutrición a un niño

Así mata la desnutrición a un niño

Menores con bajo peso tienen ocho veces más probabilidades de fallecer por enfermedades infecciosas.

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27 de febrero 2016 , 06:48 p.m.

Hasta hace algún tiempo se pensaba que solo los niños gravemente desnutridos tenían un riesgo mayor de muerte.

Sin embargo, estudios recientes demuestran que la relación entre la desnutrición y la mortalidad infantil es ubicua; en otras palabras, un niño desnutrido, en cualquier grado, está sometido a riesgo de muerte.

Hay consenso en torno al hecho de que los niños con bajo peso, sobre todo en su primera infancia, tienen ocho veces más probabilidades de fallecer como consecuencia de enfermedades infecciosas que aquellos con peso normal.

Incluso se ha demostrado que cuando presentan pérdidas leves de peso para su edad, dicha probabilidad es de hasta 2,5 veces más que la de un niño normal.

Razón tienen quienes citan el axioma “todo niño desnutrido es un niño infectado”; eso quiere decir que la carencia nutricional le impide producir las defensas, que no son otra cosa que proteínas, para contrarrestar las enfermedades.

Estado carencial

El problema se agrava cuando la poca energía que tiene el niño es destinada por el cuerpo a luchar contra los males que lo atacan, lo cual lo debilita más, al punto de que todos los órganos, los vitales incluidos, quedan en un estado carencial tan severo que pueden dejar de funcionar, de manera individual o colectiva.

Cuando los pequeños llegan a este punto, su salud cae en un círculo vicioso del que difícilmente salen, incluso si están hospitalizados y recibiendo nutrientes, que es el caso de algunos niños, entre ellos fallecidos de la tribu wayú.

La desnutrición los vuelve vulnerables; en ese estado las enfermedades, principalmente las infecciosas, los atacan; para defenderse, el cuerpo saca energía de todos sus órganos y sistemas, que de por sí son disfuncionales por las carencias a estas alturas; todo esto los vuelve más deficitarios.

Algunos de ellos llegan a un punto de no retorno, y no mejoran, así se refuerce la nutrición del niño en esta etapa. En poco tiempo esto termina en fallas multisistémicas, que pueden matar.

Por lo general, la causa de muerte se identifica más con el último órgano que dejó de funcionar; por eso se dice que fallecen de gastroenteritis, neumonías y meningitis, entre otros males. Estos diagnósticos sepultan la causa primaria de los decesos, que es la desnutrición. Los que fallecen siguen expuestos a que otra infección reinicie este proceso.

Estatura y peso bajos marcan a los sobrevivientes de por vida, con un agravante: su cerebro es, literalmente, subdesarrollado, lo que aumenta su vulnerabilidad social. Así, difícilmente podrán tener buenos desempeños escolares, obtener trabajos bien remunerados y autonomía económica.

CARLOS F. FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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