¿Libertad de información o censura?

¿Libertad de información o censura?

Por polémica que sea una noticia, no se puede pasar por alto que en internet olvidar es un derecho.

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26 de febrero 2016 , 10:23 p.m.

El video divulgado por La F.m., que le costó la cabeza a la periodista Vicky Dávila, recorrió las intrincadas telarañas de la red a una velocidad incalculable. ¿De que sirvió que lo bajaran de la página web de la emisora radial? Hoy, Google, Facebook y Twitter están inundados de copias del mismo, memes y artículos que reproducen su contenido.

Así ocurre con todo en el internet actualmente, cuyas dinámicas tecnológicas y sociales lo han convertido en un gran efecto dominó, con alcance mundial. Esto ya no debería sorprender.

Qué pasa si alguna persona, cuyo nombre haya estado vinculado a hechos polémicos o señalamientos relacionados con delitos, quiere que Google elimine de su motor de búsqueda todo resultado en el cual aparezcan sus datos personales. ¿Tendría el derecho de hacerlo? En teoría, sí. Y, de hecho, ya ha ocurrido. En mayo de 2014, con base en una reclamación interpuesta por un ciudadano, el Tribunal de Justicia Europeo ordenó a Google (y los motores de búsqueda, en general) eliminar todos los enlaces que contuvieran información del reclamante, que fuera difamatoria, irrelevante, obsoleta y que atentara contra la privacidad del usuario. Esto es lo que se conoce en el mundo digital como "derecho al olvido", concepto que tiene sus raíces en el Habeas Data.

Visto desde el lente del periodismo digital, parece un atentado contra la libertad de prensa que una corte de justicia pueda ordenar que una información sea eliminada de los motores de búsqueda y, por ende, ser prácticamente inaccesible, así permanezca publicada. Por otro lado, está el derecho que tienen las personas cuyas vidas se han tornado en un infierno, debido a información íntima que circula en la red. En Colombia tenemos varios casos, los más recientes y sonados son las selfies del ex Defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora; y el ya mencionado video del ex Viceministro del Interior, Carlos Ferro.

El debate está totalmente abierto, ya que, desde la perspectiva de los periodistas que decidieron divulgar dicha información, los contenidos representan piezas fundamentales dentro de sus investigaciones y agregan valor periodístico al relato. Así lo han señalado, tanto Daniel Coronell como Vicky Dávila. Pero, por otro lado, están los sujetos que protagonizan los polémicos episodios.

¿Alguien pensó en los hijos o nietos del ex defensor Otálora, cuando en el futuro busquen el nombre de su abuelo y se encuentren con las fotos?, ¿A alguien se le pasó por la mente que para la esposa de Carlos Ferro será un martirio vitalicio saber que el polémico video de su esposo anda circulando por internet, aún dentro de 10 ó 20 años?

Estas personas deberían tener el derecho de solicitar a los buscadores como Google que eliminen todo rastro de sus vergonzosas historias, basándose en el derecho a la honra y el buen nombre. Pero ¿Está el periodismo dispuesto a dejar que sus publicaciones sean bloqueadas por órdenes judiciales?

La Corte Constitucional sentó jurisprudencia sobre el derecho al olvido en Colombia, a mediados del 2015. Por medio de una acción de tutela, una mujer que había sido acusada de un delito, que no pudo ser comprobado en juicio, solicitó al diario El Tiempo que eliminara o rectificara la noticia en la que su nombre se mencionaba, a lo cual el medio se negó. Según un comunicado emitido por la Corte, no se consideró procedente ordenar la eliminación de la noticia (ya que esto iría en contravía de la libertad de prensa) pero se ordenó “disponer medidas para proteger los derechos fundamentales de la tutelante”. Como la información estaba publicada en la web, El Tiempo se vio en la necesidad de evitar que los robots de Google rastrearan la noticia. Es decir, permaneció publicada pero, prácticamente inaccesible desde cualquier motor de búsqueda. ¿Censura, o defensa de la privacidad?

Lo cierto es que, por polémica y noticiosa que sea una información, en la cual estén en la esfera pública datos personales o íntimos de una persona, no podrá pasarse por alto que, en internet, el olvido es un derecho. Los periodistas seguirán defendiendo la libertad de información, con toda la razón, pero las víctimas del despiadado matoneo virtual podrán ampararse en el derecho a ser eliminados de la memoria mundial de internet. Aunque esto no sea fácil; internet tiene muchos rincones inexplorados y, así Google olvide, siempre cabrá la posibilidad de explorar en las profundidades de la web.

SEBASTIÁN SILVA C.
Profesor Facultad de Comunicación
Universidad de La Sabana

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