La vergüenza

La vergüenza

Las cárceles funcionan como empresas del crimen desde donde se extorsiona y se planean asesinatos.

24 de febrero 2016 , 05:15 p.m.

En referencia a su editorial ‘Una verdad que hace falta’, el de las cárceles es un episodio muy triste para este país. En especial, la Modelo. Y una muestra de la desidia institucional, cuando había denuncias de por medio de valientes periodistas. Qué vergüenza que en el primer centro carcelario del país, en la misma capital, en las barbas de los poderes judiciales, los paramilitares monten su cuartel criminal y nadie haga nada. Aquí se necesita ir al fondo de las investigaciones y buscar a los culpables. Y ojalá dentro de algún tiempo no estemos lamentándonos porque todo pasó al olvido. No dejemos que esto pase, exijamos justicia.

Ángel María Aguilar

* * * *

Señor Director:
La corrupción intrínseca y la precariedad de la justicia en el tercer mundo hacen que el sistema carcelario sea uno de los peores factores de inseguridad. Las cárceles funcionan como empresas del crimen desde donde se extorsiona, se planean asesinatos y se coordina todo tipo de operaciones delincuenciales. Son una burla para la sociedad y para quienes creen que son ejemplo paradigmático de castigo. En su lugar, son “academias” del mal. La experiencia más ilustrativa la ofrecen los paramilitares. Mientras “saldaron” sus deudas, consolidaron sus emporios y los legitimaron. Circunstancia que refuerza la institucionalización de la justicia transicional para los grupos armados como el medio ideal para reparar a las víctimas, evitar que evolucionen hacia estructuras más sofisticadas y que el conjunto de la sociedad se convierta en víctima de este pernicioso sistema, mientras supone ingenuamente que se hace “justicia”.

Carlos H. Quintero B.

Los ‘informales’

Señor Director:
¿Cómo puede ser posible que en Bogotá haya vendedores ambulantes que han ocupado las vías durante diez o quince años y que sus familiares terminen por heredar esos puestos, como si el espacio público pudiera privatizarse? Es decir, cómo es posible que luego de veinte años de ocupar el espacio público puedan seguir alegando que viven en la pobreza más extrema, cuando la verdad es que muchos tienen casa propia, sus hijos estudian en colegios distritales, gozan de un nivel aceptable de vida, hasta tienen motos. Si uno se queda más de cinco años en un puesto ambulante y reclama el espacio público como propio es porque desea vivir en el subdesarrollo, sin pagar impuestos e integrarse a la economía formal. La Alcaldía hace bien en tratar de que se integren a una sana economía de mercado.

Mayo Monroy

Que acaben Guantánamo

Señor Director:
Bien por esa exhortación que hace su editorial ‘Obama y Guantánamo’ a EE. UU. para que ese país acabe con la barbaridad jurídica y ética que representa ese campo de concentración llamado Guantánamo... y ojalá que los republicanos estén a la altura.

Toribio Araújo Segovia
Cartagena

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