'Sí, era gol de Yepes'

'Sí, era gol de Yepes'

Una entrevista con el eterno capitán de la Selección Colombia.

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24 de febrero 2016 , 10:28 a.m.

¿Era gol de Yepes? Aquí responde el “Eterno Capitán”, el hombre serio y reservado. El central que defendió 102 veces a la Selección Colombia, que fue determinante en los dos momentos más importantes de la historia del fútbol colombiano: el título de la Copa América 2001 (el único para el país) y el quinto lugar en el Mundial de Brasil 2014 (la más brillante participación de la tricolor en una Copa del Mundo), y que el 20 de enero de 2016, después de 20 años de batallar a lo largo y ancho del mundo, colgó los guayos.

Dicen en su familia que la primera palabra que usted dijo fue 'gol'. ¿Así fue y ha sido su obsesión por el fútbol?

Fue extraño porque en mi familia no había nadie ligado al fútbol. Ninguno fue jugador y no tuve un tío jugador, ni nada por el estilo. Se dio.

Entonces, ¿por qué cree que a sus ocho años ya había declarado que iba a ser futbolista?

Mi mamá es la que dice eso. Pero creo que eso lo dicen todos los niños: “Quiero ser futbolista, quiero ser bombero, médico, astronauta…”.

Pero en su adolescencia, en efecto, usted sí tomó la opción de ser jugador. Entiendo que no había otra vida y que terminó en un colegio nocturno por la obsesión de hacerse futbolista…

A los 12 años, después de dar tanta “lora” y de molestarla tanto, mi mamá me inscribió en la escuela Sarmiento Lora. Allá fue donde me empecé a destacar como centro-delantero y de donde me llamaron para la Selección del Valle. Entonces llegó un momento en el que tuve que ir a representar al departamento en torneos nacionales y como en esas épocas no había apoyo de la parte académica, pues se fue afectando mi rendimiento escolar. Así que perdí un año y cuando me fui para probar en el Cortuluá, ahí sí la idea fue terminar el colegio de noche.

¿Cómo dio el salto al Cortuluá?

En 1992 y en 1993 se jugaron unos campeonatos internacionales que se llamaban “Torneo Esperanzas”, para los que vinieron el Real Madrid, la Juventus y la Sampdoria. Ahí me vieron jugar y me llevaron para Cortuluá. En 1994 comenzó mi carrera como profesional y en 1995 debuté en la primera división.

Usted era un decidido centro-delantero. ¿Cómo fue que se convirtió en un defensa central?

Debuté como delantero en Cortuluá con el “Tucho” Ortiz. Después, al poco tiempo, llegó Reinaldo Rueda y a él le gustaba jugar con tres defensores. Entonces empezó a ponerme de stopper por la izquierda.

Todo centro-delantero sufre un peligroso romance con el gol. ¿Fue complicado desprenderse de esa posición?

La verdad fue muy difícil porque yo era muy terco y, claramente, no quería jugar de defensor. Un día fuimos a jugar un partido amistoso contra Quindío y Reinaldo [Rueda] me puso un tiempo de delantero y otro tiempo de defensor. Lo más increíble de todo es que jugando de nueve no hice gol, pero cuando me fui a jugar de stopper, anoté. Y seguí jugando de nueve. Entonces yo le dije al profe: “¡Que no voy a jugar nunca de defensor!”. Y se formó un problema. Pero me llegó una convocatoria para la Selección Colombia Sub-20, que fue para el Suramericano en Bolivia, y era como defensor. Así que si yo quería ir a la Selección Juvenil de Colombia, tenía que ir como defensor, no como delantero. Y ahí estuvo.

Usted hizo cuatro semestres de Administración de Empresas pero, de nuevo, pudo más el fútbol…

En Tuluá hice mi primer semestre. Luego entré a la Universidad del Valle, en Cali, y después me fui a la Universidad Santiago de Cali, pero fue muy difícil porque ya estaba en préstamo en el Deportivo Cali, con el que tenía que jugar la Copa Libertadores. Entonces ya no hubo tiempo para poder dedicarme de lleno al estudio.

En 1997 usted pasó al Deportivo Cali, luego de una famosa transacción que, en su momento, fue medio escandalosa…

El escándalo no fue tanto por la plata, porque en realidad no se pagó mucho. El escándalo fue que el Cali tuvo que dar la plata más cinco jugadores para Cortuluá. Eso era lo que sonaba escandaloso. Pero yo me quedé muy al margen de ese tema.

Y en 1998 usted alcanzó el título con el Cali y se robó el corazón de los hinchas que lo empezaron a ver como un referente. Y todo, en buena parte, por una jugada histórica en la final contra el Once Caldas que terminó con su expulsión… ¿Aún la tiene clara?

Nosotros le habíamos hecho cuatro goles al Caldas en Cali, pero si el Caldas nos hacía un gol en Manizales, teníamos que ir a un tercer partido. Una cosa ilógica, pero así fue. El caso es que terminando el partido en Manizales, que iba 0-0, Galván Rey quedó habilitado y me tocó tirar una plancha un poquito de emergencia, porque yo ya no llegaba y él me llevaba ventaja. Me expulsaron pero no permití anotar. Claro que fueron los diez minutos más largos de mi vida porque yo decía: “¿Qué tal que hagan un gol y yo no pueda ir a jugar el tercer partido?”. Pero finalmente celebramos.

Después jugaron la Copa Libertadores y el título se les escapó por poco con Palmeiras. ¿Quedó ese sinsabor en su carrera?

Hubiera sido merecido porque, creo, nosotros teníamos mejor equipo. Y quedaron muchos sinsabores en la carrera, yo siempre quise ganar todo.

Entonces, en el 99, llega usted a River Plate, donde alcanzó dos títulos de liga y una tapa en El Gráfico, lo cual no es muy usual. Tal vez solo usted, Iván Ramiro y otro par lograron esa portada…

En efecto me reencontré con Iván y fuimos símbolos de nuestros equipos. Todo fue muy bonito. Es que en la Argentina la pasé muy bien, tanto en lo deportivo como en lo personal. En River armamos un equipo espectacular y la pasamos muy bien. Y fuimos unos ganadores.

De su paso por Argentina quedó una imagen que siempre da vueltas y que es un túnel que le hizo Riquelme en un clásico. Está claro que si no se lo hubiese hecho a usted, no hubiese sido un “caño” mitificado. ¿Alguna vez habló de eso con él?

La verdad, para mí fue una jugada normal de fútbol. Yo me he encontrado muchas veces con Román y él piensa lo mismo. Es solo el folclor del fútbol, y así lo tenemos claro tanto él como yo.

En el 2001 ustedes conquistaron, por primera y única vez para Colombia, la Copa América. Un logro que no se ha vuelto a dar, pero parece ser que, entonces, no fue tan valorado el triunfo. ¿Cómo lo interpretó usted?

En ese momento decían: “Es que no vino Argentina”. Pero, a ver, Argentina lleva desde el 93 sin ganar una Copa América. Así que sí fue un gran logro, un logro que unió al país de una manera impresionante. Creo que después del Mundial de Brasil, fue esa Copa América la más importante. Tengo unos recuerdos muy lindos de esa Copa, en la que Colombia tuvo la oportunidad de jugar en Barranquilla, Armenia, Manizales, Bogotá. A donde íbamos, la gente apoyaba. Fuimos el equipo más goleador, el equipo que no recibió ningún gol en contra, el que ganó todos los partidos y el que puso el goleador: Aristizábal.

Y para rematar, el título se consigue con un gol de su compadre, Iván Ramiro…

Para mí fue una alegría enorme, primero que haya sido con un gol de él y, segundo, que nos brindó un título histórico y muy merecido para esa Selección. Lo que la gente no sabe es que nosotros nos quedamos en un sitio, con nuestras esposas, ahí guardados, con la copa.

¿Cómo así? ¿Ustedes se llevaron la Copa América?

Mientras todo el país festejaba, nosotros, con Iván Ramiro, nos llevamos la copa. Eso fue lo más bacano, que andábamos con la Copa América solo para nosotros. La devolvimos al otro día. Pero sí, estuvimos con la copa un buen rato.

¿Y se hicieron fotos?

Sí, las tengo guardadas.

Inmediatamente después de esa alegría, tal cual como es el fútbol, viene una pena enorme: no clasificar al Mundial de Corea y Japón. Cuenta Álex Viveros, su compañero en la Selección, que en el último partido usted lloró desconsoladamente y que ellos no sabían qué decir o hacer. ¿Así, siempre, asumió este asunto?

Esas son cosas que pasan en el camerino. A ver. Es que yo soy una persona que cree que lo que pasa en el camerino es mejor que no se sepa. Por eso ese video de mi arenga al grupo en la eliminatoria, que anda por ahí en internet, no me gustó; y no por nada malo. Sí, es motivador, lindo, cuasi-histórico, pero esas cosas no deberían salir al aire. Es que, por ejemplo, hay arengas mucho más emocionantes, o ha habido arengas mejores. Pero lo que quiero decir es que eso es algo que queda dentro del camerino. Yo tuve mi problema por eso, porque yo les dije a los productores que no lo sacaran, pero igual lo sacaron. No sé, ese es mi pensamiento.

Pero por fortuna salió. Revela una imagen suya muy elocuente. Sin embargo, usted siempre prefirió ser parco, prudente y reservado frete a las cámaras y los micrófonos. ¿Cómo va a ser ahora que va a ser director técnico?

Trato de ser así, siempre he tratado de ser así y ojalá que Dios me dé la sabiduría de, al volver a estar en el juego, mantener esa forma de ser.

Volvamos al recurrente tema de los mundiales. Tampoco se pudo para Alemania 2006 ni para Sudáfrica 2010. Fue hasta Brasil 2014, a sus 38 años, que pudo llegar. ¿Alcanzó a pensar que ese sueño no se cumplía?

Cada que terminaba una eliminatoria yo quedaba muy golpeado. Y obviamente que después de que clasifiqué al Mundial del 2014 agradecí y recordé a cada uno de los muchachos que hicieron parte conmigo de esas otras tres eliminatorias. Siempre tuve la ilusión, pero debo decir que, después de la de 2010, pensé que no lograba llegar al Mundial. Ahí sí me fui muy, pero muy golpeado. Me dolió mucho y tuve la idea de que no iba a lograr nada más. Pero el fútbol y la vida me dieron otra oportunidad: en ese mismo 2010 me fui al Milán, que fue una especie de renacer.

¿Pensó en irse del fútbol?

No necesariamente, pero… Le voy a contar algo que nadie sabe. Cuando llegó el Bolillo, él quiso contar conmigo en la “Sele”. Entonces armaron uno de los partidos más dolorosos que jugué en mi vida: un amistoso que hicieron contra Sudáfrica, en Sudáfrica, antes del Mundial. Nosotros inauguramos el estadio donde iban a jugar la final del Mundial, pero no íbamos a jugar el Mundial. Yo fui porque era la Selección, si no, yo no hubiera ido a ese partido…

Usted pasó por momentos muy difíciles en las canchas, pero hay uno en el que se le vio el peor de sus rostros: en la Copa Confederaciones 2003, donde tuvo que presenciar, en sus pies, la muerte del camerunés Marc Vivien Foe.

Imagínese, estaba viendo la muerte de un compañero. Fue uno de esos momentos que uno jamás quiere recordar. Fue terrible, una sensación horrible. La verdad, yo pensé que él estaba vivo, que iba a salir bien de eso. Pero cuando terminó el partido, me di cuenta de que se había muerto. No debimos haber seguido jugando ese partido, así de sencillo.

Volvamos a los gloriosos. En 2002 usted se fue a Nantes donde lo apodaron “El Rey”. ¿Quién y cuándo le puso ese mote tan fuerte?

A mí me fue muy bien desde el principio y, en mi primer año, quedé de segundo mejor jugador de la Liga, en un torneo donde siempre los mejores jugadores son delanteros. La verdad es que con ese equipo veníamos muy bien. Nantes, en ese momento, jugaba la Champions y, en el segundo año, jugué la UEFA. Y cuando la gente de Nantes supo que me iban a llevar a París, una tarde me hicieron un tremendo homenaje. Yo no tenía ni idea, yo estaba suspendido en ese partido y estaba sentado en la tribuna. Cuando de pronto en el costado sur me sacaron una bandera con mi cara que cubría toda la tribuna y que en español decía: “El Rey”. Fue muy impresionante. Entonces, esos últimos tres meses que jugué para el Nantes, la cosa quedó así.

¿Pudo ser su mejor momento, tanto física como futbolísticamente?

Físicamente, de pronto sí; porque creo que fue el año que jugué prácticamente los 38 partidos de la Liga. Pero después, en París, en el primer año, todo fue impresionante también. Lo que pasa es que tuve algunas expulsiones y eso me bajó el promedio de jugar todos los partidos.

De su paso por el Paris Saint-Germain quedó, entre muchas otras, una imagen que le dio la vuelta al mundo: un doble deslizamiento en un partido contra el Metz. ¿Dónde aprendió esa técnica que, además, fue el sello de su carrera?

Eso no te lo enseña nadie. Sí se pude perfeccionar y obviamente que trabajaba mucho en eso. Un día Hernán Peláez me habló de Miguel Escobar, un defensa del Cali, y de sus famosos deslizamientos. Por obvias razones yo no pude verlo jugar ni en vivo ni en video. El caso es que un día, cuando estaba entrenando en Cali, me lo presentaron y él me dijo: “Mirá, yo hacía lo mismo que tú. De pronto yo esperaba un poco más acá, un poco más allá”. Y yo me sentí muy feliz de que una persona que le dio tanto al Cali y la Selección me hablara así.

Y sus famosos deslizamientos alcanzaron a llegar a una Copa del Mundo…

Llevaba rato sin hacerla y fue en el Mundial donde vuelve y se da. Ahí hice dos o tres. ¡Je!

¿Por qué después de alcanzar títulos con el PSG usted decide irse al ChievoVerona, un equipo pequeño de Italia? Dio para pensar que ahí era el inicio del fin.

La verdad es que no se dio la renovación con el París, por diferentes motivos, todos menos el deportivo. Yo me vine para Colombia y acá me llegaron ofertas de muchos países, digamos, exóticos. Pero yo no tenía muchas ganas de ir… Incluso me llegaron ofertas de Francia, pero mi imagen ya estaba muy ligada al PSG. Entonces me decidí por ir a jugar a Italia, que era una liga que yo quería conocer y jugar. Y apareció el Chievo, un equipo que peleaba por el descenso. Fue un cambio gigante, pero fue una experiencia lindísima en la que aprendí muchísimo.

Ahí también le dieron la banda de capitán. ¿Usted fue capitán en todos los equipos que pasó?

Sí, a excepción de San Lorenzo.

En 2010 usted llegó al A.C. Milán y, al siguiente año, salió campeón de la Serie A. Ese es un gustico que muy pocos han tenido el placer de saborear...

Esa fue una experiencia muy linda. Es un equipo de gente muy profesional en el que aprendí muchísimo. Un club espectacular.

¿Qué tiene el A.C. Milán que no tengan los clubes normales?

El A.C. Milán lo tenía todo. Por ejemplo, tenía una agencia inmobiliaria. Con decirle que, cuando yo llegué, ellos ya me tenían diez casas para que yo escogiera dónde vivir. Creo que no me va a volver a pasar. [Risas].

Es en Milán donde comienza su curso como técnico. ¿Entonces ya estaba pensando en retirarse?

No, no estaba pensando en retirarme, quería prepararme. Lo hice con la Asociación de Técnicos de Italia. Allá tengo el carné. Luego terminé el curso en Argentina.

¿Es cierto que usted dejó el A.C. Milán y se fue para el Atalanta de Bérgamo en busca de continuidad, solo para llegar a punto al Mundial?

En Milán siempre me dijeron: “Quédese aquí. Aquí va a tener siempre su contrato”. Pero yo el último año había jugado 18 partidos de Liga y como cinco de Champions. Y sí, la verdad, quería jugar con más continuidad. La idea mía era jugar cada fin de semana. Quería ir preparándome para el compromiso tan grande que tenía con Colombia. Yo sabía que era un compromiso muy jodido.

¿A usted se le pasó por la cabeza que iba a hacer semejante mundialazo?

Es que yo hice todo para hacerlo. Yo no sabía que mi Mundial iba a ser así, pero yo me preparé y entregué todo para hacerlo. Cambié mi rutina de entrenamiento, cambié mi rutina de comer, cambié de equipo. Me hice un examen y a partir de ahí encontré las cosas que debía mejorar. Entonces empecé a trabajar con una persona que yo mismo pagué para trabajar de lleno.

¿Le daba susto darle pie a todos los que decían que usted no iba a alcanzar a jugar un Mundial a sus 38 años?

Yo lo hice así porque era mi responsabilidad. Y así lo hice los últimos seis meses, de enero hasta junio. Pero ahí fue importante Pékerman, porque Pékerman me ratificó siempre. Él dijo: “No señores, él es mi capitán, él es la persona con la que yo voy a dirigir la defensa en el Mundial”. Él entendió mi compromiso con el Mundial. Y bueno, eso fue lo que hice; ese compromiso, el más grande, como he pensado siempre, no era solamente conmigo. Es que cuando uno juega para la Selección tiene compromiso con sus hijos, con su familia y con toda la gente de Colombia.

Hay muchas imágenes lindas de ese mundialazo de Colombia. ¿Con cuál se queda?

El primer partido, contra Grecia. Nosotros no teníamos ni idea que el estadio iba a estar así. Pero no solo el estadio. Nosotros casi no llegamos al camerino porque la gente no dejaba pasar el bus de Colombia. Nosotros llegamos tarde al debut en el Mundial porque en la calle, con las banderas de Colombia, miles de personas nos bloquearon el paso. Cuando llegamos, tarde, nos tocó cambiarnos rápido y salir a la cancha a calentar rapidito. Y cuando vemos ese estadio Mineirao como si fuera Barranquilla… ¡Noooo!

Cuando termina el Mundial, usted se convierte en una especie de héroe nacional. La gente lo puso a usted en un pedestal del que va a ser difícil bajarlo… ¿Ha sido difícil lidiar con eso?

Sí claro, porque lo de “Era gol de Yepes” fue impresionante y todavía sigue siendo impresionante...

¿Era gol de Yepes?

Para mí, sí, sigue siendo... Sí, era gol de Yepes.

 

MAURICIO SILVA GUZMÁN
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