Lara Bonilla: ¿otro magnicidio del DAS?

Lara Bonilla: ¿otro magnicidio del DAS?

Un libro de Alberto Donadio revela que la versión oficial sobre el crimen es falsa o manipulada.

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22 de febrero 2016 , 09:01 p.m.

“Treinta años después del asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, la opinión pública no conoce un secreto fundamental de ese crimen que conmocionó a Colombia. Ese secreto, que tiene hondas repercusiones, ha estado todos estos años escondido en el expediente que inició la justicia penal la misma noche aciaga del 30 de abril de 1984 en que Rodrigo Lara Bonilla falleció víctima de un atentado en una avenida de Bogotá que hoy lleva su nombre (...)

“Un médico del Instituto de Medicina Legal y otros compañeros suyos, expertos en balística y en otras disciplinas conexas, habían estado hablando con Germán (Castro Caycedo). Querían que él les ayudara a conseguir, discretamente y sin que se supiera quiénes eran los interesados, el expediente judicial que se abrió por la muerte del doctor Lara Bonilla. Ellos habían participado en la fase inicial de la investigación del delito por su condición de expertos, y el médico había estado presente en la necropsia del cadáver de Lara. Germán tenía un viaje pendiente o estaba terminando un libro y no podía ayudarlos. Para eso me llamó. Días después, ya de regreso a Bogotá, me reuní con el médico forense y con sus colegas en un apartamento en la calle 100, un poco más abajo de la carrera séptima. Habían pasado once años desde el primer gran homicidio de los muchos que ordenaron los narcotraficantes. Como funcionarios de una entidad oficial, ellos no podían solicitar directamente el expediente, o sí podían hacerlo pero no querían que en el juzgado quedara constancia de que eran ellos los que pedían las copias. Querían tener el expediente para leerlo y examinarlo porque, desde cuando en razón de sus cargos tuvieron que conocer detalles de la muerte de Rodrigo Lara Bonilla, habían quedado con serias dudas sobre la versión oficial de los hechos, versión que fue la misma que se divulgó por los medios de comunicación.

La reunión con los funcionarios ocurrió el primero de agosto de 1995 en el apartamento 703. El día en que asesinaron a Lara Bonilla, el médico patólogo y un colega suyo estaban en una reunión sindical en la sede de la embajada de la República Democrática Alemana, la desaparecida RDA. Alguien se les acercó y les dijo: “Oiga, mataron a su jefe”. El Instituto de Medicina Legal es una dependencia del Ministerio de Justicia. Hoy tiene un nombre más largo: Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Los dos funcionarios salieron inmediatamente en un Fiat Topolino. No oyeron noticias porque el carro no tenía radio. Cuando llegaron a Medicina Legal, el médico asistió a la necropsia, que se inició a las 10 de la noche y terminó a las 3 de la mañana. “No estábamos contaminados”, me dijeron los funcionarios. Es decir, ellos no se habían enterado por las noticias de lo sucedido. Se enteraron en la diligencia de autopsia.

El médico se marchó en la madrugada a su apartamento. Luego fue a almorzar a la casa de su suegra. Ella sí había estado oyendo y viendo noticias sobre el asesinato desde la noche anterior y empezó a contarle a su yerno lo que había pasado, como si él no supiera nada. Dos sicarios en una motocicleta habían aparecido súbitamente en la calle 127 cuando el Mercedes Benz del ministro estaba a pocos minutos de llegar a su residencia en el barrio Rincón de los Frailes. Los sicarios habían disparado desde la moto, que se desplazaba a 80 kilómetros por hora, contra el lado derecho del Mercedes y habían acribillado al ministro, que estaba sentado en el asiento de atrás en el lado derecho del carro. La suegra estaba repitiendo lo que había escuchado, lo que en esa noche y al día siguiente y en los días por venir escucharon millones de colombianos estupefactos ante el asesinato de Rodrigo Lara.

Desde esa conversación con la suegra, la mañana del primero de mayo de 1984, la duda se apoderó del médico. Él había estado presente en la autopsia y sabía que al ministro le dispararon del lado derecho, pero el cadáver también presentaba un orificio de entrada por el lado izquierdo. ¿Cómo era posible que la información que se estaba divulgando se refiriera únicamente a los disparos hechos desde el lado derecho del Mercedes Benz?

Según los apuntes que tomé en esa reunión en el apartamento de la calle 100: - Había 14 tiros con tatuaje. Con tatuaje es a menos de 50 centímetros de distancia los disparos. Cuando se produce un disparo por la boca de fuego salen elementos de la vainilla o fragmentos de pólvora o elementos metálicos que quedan sobre las prendas o sobre la piel de la víctima. Con base en eso se puede determinar la distancia del disparo. Eso en disparos directos. Pero si hay un vidrio, se quedan sobre el vidrio. No todas las armas dejan la misma cantidad de tatuaje. Los residuos de pólvora o metálicos varían. La composición química hace que varíe el tatuaje.

- El cadáver de Rodrigo Lara Bonilla llegó desnudo a la necropsia, me contaron los funcionarios de Medicina Legal, precisando que para los expertos en balística son muy importantes las prendas de vestir. En igual estado de desnudez se practicó la necropsia de los muertos del Palacio de Justicia en 1985, pues esos mismos funcionarios participaron en esas diligencias. El juez militar, recordaron, lavó los cadáveres, los desnudó y los bajó al primer piso del Palacio de Justicia. Las prendas de vestir llegaron 48 horas después. En el caso de Lara Bonilla, los patólogos y expertos no vieron las prendas. El cadáver de Lara estaba desnudo y perfectamente manipulado.

- Además, la Policía había extraído un proyectil del cadáver, pese a que esa diligencia se debe hacer en la necropsia. Los disparos desde la derecha se hicieron con arma automática. Hubo un disparo que le atravesó el cerebro a Lara Bonilla, es el que lo mata. Si hago ahora esta precisión es por la coincidencia entre la información que recibí en 1995 de los funcionarios y el dictamen que en el año 2014 realizó el médico forense antioqueño Máximo Duque, que fue director de Medicina Legal en el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez. El único proyectil que fue objeto de estudio por los especialistas en balística fue el calibre 45 extraído antes de la necropsia, me informaron en esa reunión de 1995.

El calibre es el diámetro del ánima, de la parte interna del arma, se da en pulgadas. Anoté en mis apuntes: “Está deformado. Aleación que recubre el núcleo de plomo lo hace resistente a deformaciones. Pero está deformado porque pegó en superficie de gran dureza (¿paral del carro?) y luego entra con menos fuerza al cráneo” (...)

“Como conclusión de la reunión me comprometí a solicitar en el juzgado copia del expediente (...) Una vez tuve en mi poder el expediente completo lo entregué a los funcionarios. Ellos lo leyeron, tomaron notas, compararon datos y finalmente me dijeron que sus sospechas estaban confirmadas. La versión oficial era falsa o no era suficiente. La muerte de Rodrigo Lara Bonilla no se produjo única y solamente por obra de los disparos realizados por el parrillero de la moto. Eso de que los asesinos dispararon a 80 kilómetros por hora, según se dijo públicamente y según en el expediente declararon los choferes y los escoltas, no era creíble. En el mismo expediente había quedado constancia de que las vainillas de los proyectiles habían sido recogidas a muy poca distancia del Mercedes Benz. Cuando se dispara un arma desde un vehículo en movimiento y a alta velocidad, como se dijo que ocurrió con la moto, lo lógico es que las vainillas hubieran caído a varios metros de distancia (...)

Estremecedor peritazgo

“El dictamen del doctor Máximo Duque, de 27 páginas, constituye el Apéndice de este libro. Es un dictamen contundente, terminante y convincente (...) No obstante todas las advertencias y precisiones que formuló en el dictamen, en el momento de absolver el cuestionario que le presentó el hijo de Rodrigo Lara Bonilla el doctor Máximo Duque concluyó afirmando que con toda probabilidad se presentaron hechos que difieren de la versión que dieron dentro de la investigación penal los choferes y escoltas (...)

“En este caso los testimonios dicen que el ataque de los homicidas fue por el lado derecho del vehículo, pero en el cuerpo hay al menos un impacto con trayectoria que no es compatible con esa versión (herida número 5, con entrada en el pecho lado izquierdo y salida por el lado derecho, zona cercana a la axila). Esta conclusión, basada en la información forense oficial que reposa en el expediente, indica que no andaban errados en sus sospechas los funcionarios de Medicina Legal con quienes hablé en 1995 (...)

“Lara estaba sentado en el asiento derecho en la parte de atrás del Mercedes Benz. Según la versión pública no desmentida jamás por autoridad alguna que se divulgó desde el mismo día de su muerte atroz, los disparos que acabaron con su vida provenían todos del lado derecho, todos debieron entrar por el costado derecho del cuerpo. Pero hubo por lo menos un proyectil que entró por el lado izquierdo del pecho y salió por el lado derecho, cerca a la axila (...) Luego señala que ese proyectil pudo ser el primero en la secuencia de los tiros que mataron al ministro (...)

“De esta hipótesis, que tiene mucha lógica, se desprende que ese primer proyectil fue disparado desde el lado izquierdo del Mercedes Benz o que pudo haber sido disparado desde dentro del Mercedes Benz. Si hubo disparos desde el lado izquierdo, ¿por qué resultó ileso el conductor? ¿Por qué no se rompió el vidrio de la ventanilla del conductor? El doctor Máximo Duque lanza esta hipótesis:

En las fotos que hay del automotor se ven múltiples impactos que afectan las sillas delanteras. Abajo se muestra el diagrama de la silla del conductor, quien salió ileso del atentado y la ventana de su lado no se rompió. Esto pudo haber ocurrido por ejemplo si el conductor no estaba en la silla y la puerta de ese sitio estaba abierta al momento de los disparos.

El conductor salió ileso, según la hipótesis del doctor Máximo Duque, porque pudo haber estado fuera del carro. Esa circunstancia explicaría también por qué los múltiples impactos de bala que recibieron las sillas delanteras no provocaron muerte o lesión grave al conductor ni al escolta. Al leer esta hipótesis del doctor Duque pensé en la explicación que hace veinte años formularon los funcionarios de Medicina Legal, es decir, que el Mercedes lo habían detenido para que los asesinos pudieran acribillar al ministro de Justicia a mansalva y sobreseguro (...)

La realidad probablemente fue otra. Ese sicario pudo acertar y acabar con la humanidad del ministro porque el Mercedes Benz estaba detenido. Porque probablemente los funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) pararon el vehículo y facilitaron el asesinato, o permitieron que los mismos u otros sicarios dispararan también desde el lado izquierdo del Mercedes Benz, si es que no fueron ellos mismos, los choferes y escoltas, los que también dispararon, tal vez incluso desde dentro del Mercedes Benz (...)

“Una única cosa es cierta a 30 años de distancia de este primer gran asesinato ordenado por los narcotraficantes: la versión oficial que trascendió a la opinión pública es falsa o gravemente incompleta”.

Exhumación en Neiva será hoy

Con base en las grandes dudas sobre lo que pasó realmente en 1984, la Dirección Nacional de Contexto de la Fiscalía (Dinac) ordenó exhumar los restos del exministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, que se encuentran en un camposanto de Neiva. La diligencia será hoy.

Los peritos van a comprobar si la versión oficial es ajustada a la realidad, en lo que toca al número de impactos de bala y su trayectoria. Una diligencia similar en el caso de Carlos Pizarro indica que los escoltas del DAS habrían participado en el crimen.

ALBERTO DONADIO

justicia@eltiempo.com

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