Ahí está pintada

Ahí está pintada

El grafiti bogotano se ha convertido en atractivo turístico reconocido en Latinoamérica.

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22 de febrero 2016 , 06:56 p.m.

Como la capital latinoamericana del grafiti calificaba a Bogotá el diario El País, de España, hace apenas un par de días. Casualmente encontré la nota un rato después de haber recorrido a seis kilómetros por hora la ciclovía de la avenida Eldorado y haber disfrutado de las propuestas que muchos artistas del grafiti han dejado allí plasmadas. Me conmovió –suele conmoverme cada vez que la veo– la imagen que hay de Jaime Garzón en algún punto de este recorrido: su cara inconfundible, inolvidable, sonríe quizás con un dejo de tristeza. Acompaña el retrato una leyenda que dice: “... hasta aquí las sonrisas, país de mierda...”. Y pensé una vez más en la falta enorme que nos hace.

Grafiti político y malas palabras, dirán algunos con el ceño fruncido. Y aunque probablemente el más claro origen de este arte coincide con las manifestaciones universitarias de mayo del 68, que tenían una evidente carga política, otros podrían señalar su más lejano antecedente en el milenario arte rupestre de la cueva de Altamira, y no les faltaría razón.

Lo cierto es que el grafiti parisino de aquellos años de liberación y rebeldía se apoyaba más en la palabra –y sobre todo en el juego de palabras– que en el dibujo. Y algunos de los más célebres todavía se repiten de vez en cuando en muros de lejanas ciudades, como aquel de “Prohibido prohibir” o el de “Seamos realistas, exijamos lo imposible”.

Pero no hace falta ponerle apellidos al grafiti: en su amplio espectro se ocupa de lo político, de lo filosófico, de lo romántico, de lo cotidiano, de lo inexplicable. Puede conmover, puede señalar, puede divertir, puede invitar a la reflexión. No hace falta clasificarlo, y mucho menos tratar de meterlo en cintura, como proponía el secretario de Gobierno del Distrito, Miguel Uribe Turbay, quien pretendía que se determinara cuáles tenían contenido artístico y cuales no rendían culto a la estética. Por cierto, ¡qué buenos grafitis hubo en tiempos de su abuelo! ¡Y qué importantes fueron para señalar parte del horror de aquel cuatrienio!

Con un catálogo de dibujos muy bien logrados, el grafiti bogotano se ha convertido en atractivo turístico. Tanto así que incluso hay quienes organizan recorridos guiados para contemplar la que es, sin duda, la más democrática de las manifestaciones del arte. Porque allí hay arte: no hay duda.


Fernando Quiroz
@quirozfquiroz

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