Los retos de Claudia Palacios

Los retos de Claudia Palacios

La periodista habla de su visión de país y del papel de los reporteros en un eventual posconflicto.

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22 de febrero 2016 , 05:32 p.m.

Habían transcurrido pocas horas de esa mañana cuando Claudia Palacios ya era protagonista de una tendencia que crecía como la espuma en Twitter, en Colombia. Aunque su nombre no aparecía junto a ningún numeral, el de su más reciente interlocutor inundaba la red de los 140 caracteres.

Era el 9 de febrero de este año y la entonces periodista de la emisora La W defendía con vehemencia su profesión en el día en que, precisamente, esta se conmemora en el país. Palacios, junto a sus compañeros de la mesa de trabajo, interrogaba a Fabio Echeverri, exmiembro de la junta directiva de Ecopetrol, a propósito del escándalo por los sobrecostos en la modernización de la Refinería de Cartagena (Reficar). Más que una entrevista, aquella era una confrontación en la que Echeverri parecía estar dispuesto a hablar solo con los hombres de la emisora.

Ante la insistencia de Claudia para que Echeverri contestara la pregunta que unos minutos atrás le había hecho otra periodista, el hombre colgó. “Él tiene un estilo que yo no tolero, que es atacar al periodista, disminuyéndolo frente a la audiencia, y esta vez, además, tomó la actitud de contestar solamente a quienes respetaba porque tienen muchos años o porque los conocía personalmente; al resto, que coincidencialmente éramos tres mujeres, ni siquiera nos respondía o nos permitía preguntarle”, explicaba unas horas más tarde Palacios desde los estudios de la emisora, en Bogotá.

Y continuaba: “Si uno acepta dar una entrevista al aire tiene que responder, y el que hace las preguntas es el periodista. No lo estábamos juzgando, las preguntas eran legítimas. Pero me pareció intolerable como actuó, por eso le hable como le hablé. Creo que estaba insultando la inteligencia de los oyentes, que no son tontos, que saben que él estaba evadiendo las preguntas de una manera descarada, y yo no iba a permitirlo”.

El discurso de Claudia Palacios es determinado y coherente, con este refleja los casi 20 años de experiencia que la han forjado como una de las comunicadoras más reconocidas en Colombia. Esa experiencia, sumada a otros valores, le sirvió a esta caleña para ser escogida, a comienzos de este año, como la nueva directora de noticias del Canal Capital.

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Claudia asumió su nuevo cargo el pasado 15 de febrero. Y asegura que sus principales apuestas en esta nueva etapa están dirigidas a generar mayores y mejores vínculos con la audiencia a través de las redes sociales y a prestar un servicio a la comunidad, no solo informando, sino llevando contenidos educativos. “Esta –dice– también debe ser una responsabilidad de los medios de comunicación”.

Este último compromiso no es nuevo en la vida de la reportera de 38 años. Ella cuenta que desde que era una estudiante de comunicación social, en la Universidad Javeriana de Bogotá, sabía que el pilar sobre el que edificaría su carrera sería el servicio a la sociedad. Y aunque quería hacerlo a través de la escritura, la primera oportunidad profesional le mostró un rumbo distinto al que tenía planeado.

Claudia acababa de regresar a la capital luego de pasar unos meses en su natal Cali, donde hizo su tesis de grado en un programa de televisión sobre medio ambiente que era producido por Telepacífico y el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma), cuando empezó a hacer su práctica profesional en el noticiero CM&, entonces dirigido por el periodista Yamid Amat.

Poco tiempo antes de terminar la práctica, en 1998, Amat fue contratado como director de noticias del naciente Canal Caracol y durante los castings de presentación se fijó en Claudia, a quien se había llevado para que trabajara con él como reportera de salud. Con una sola leída que hizo Claudia en el teleprómpter, Amat quedó convencido.

Pasaron seis años y medio en los que esta mujer se consolidó como una de las caras más reconocidas del periodismo televisivo en Colombia, hasta que sin proponérselo llegó a una de las cadenas de noticias más importantes del mundo: CNN, en su versión español.

Resulta que una de sus compañeras de trabajo envío a la sede de ese canal, en Atlanta (Estados Unidos), un reel en el que aparecía Claudia. Los responsables del medio se fijaron en ella y no en su amiga. ¿Que quién fue la desafortunada colega? “Nunca lo he dicho y nunca lo voy a decir”, es la respuesta de Claudia.

Luego de ocho años en Estados Unidos, Claudia regresó a Colombia como se fue, como los caracoles. A la capital del estado de Georgia, Claudia había llevado todo su mobiliario en un contenedor y del mismo modo volvieron sus muebles a Colombia. Una de las principales razones de su regreso fue la insistencia de su hijo Pablo, quien una vez hasta le escribió una canción sobre lo difícil que era para él despedirse de su familia cada vez que venían a Colombia de visita. Ya en el país, Claudia no se conformó con ocupar todas las mañanas un puesto en la mesa de trabajo de La W, sino que siguió trabajando en los programas que tenía en CNN: Destinos y Los influyentes, y también y fue una de las encargadas de la emisión de las siete de la noche del noticiero CM&.

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Las críticas por parte de los allegados de Claudia no se hicieron esperar cuando estos supieron que ella regresaba. No era para menos: la periodista no solo renunciaba al sueño americano, sino que además dejaba atrás las grandes ligas de su oficio, las credenciales de una empresa a la que todo periodista televisivo querría representar. Sus posibilidades de seguir entrevistando a los presidentes de la región –los entrevistó a casi todos–, de conversar con los personajes más importantes de la actualidad mundial, de las grandes coberturas y de todas las comodidades de una ciudad como Atlanta, disminuían al acercarse a su país.

“Hubo varias personas a las que les pareció una locura que se fuera de los Estados Unidos, pero yo nunca estuve loca por irme de Colombia. Por supuesto que aprecio muchísimo todas las experiencias que viví allá y el haber trabajado en una cadena tan importante, pero creo que los puestos no son grandes o chiquitos porque las empresas lo sean, sino que es uno el responsable de que el puesto sea relevante o irrelevante”, asegura Claudia, y agrega que para ella la felicidad no es una sola, sino que cada quien crea su propio modelo de felicidad.

“Claro –continúa–, hay un tema que se llama bienestar, y el mío aquí es tan bueno como el que tenía allá, pero en Colombia soy más feliz porque puedo ejercer mi carrera de manera más diversa, porque puedo ver a mi hijo más feliz, porque puedo tener otras proyecciones. Respeto a quienes dicen que su felicidad se enmarca más en otras culturas, pero yo en este momento de mi vida soy más feliz acá, y acá he ido encontrando los retos que mi carrera necesita”.

Y así ha sido. Claudia no es el tipo de personas que les huyen a los desafíos. Ella, al contrario, va y busca esas apuestas que enriquecerán su carrera, como cuando se preparó por meses para cubrir la muerte del papa Juan Pablo II, y cuando esta ocurrió ella estaba en Panamá en un viaje de relaciones públicas para CNN. Claudia no dudó en regresar a los Estados Unidos para liderar esa transmisión, que duró seis horas y que, como ella misma lo reconoce, la “graduó como periodista”.

Dentro de las metas que había aplazado por ir en busca de otras inesperadas, Claudia tenía pendiente poner a prueba su talento como escritora y en el 2013 lanzó el libro ¿Te vas o te quedas?, en el que contaba historias de migrantes. Y hace poco más de cuatro meses publicó su segundo libro, Perdonar lo imperdonable, que lleva vendidos alrededor de 12.000 ejemplares, lo cual, dice, supera los estándares de los libros periodísticos en el país. El texto cuenta en 10 capítulos, a través de entrevistas, crónicas y reportajes, las historias de víctimas y victimarios de los distintos tipos de violencia que Colombia ha tenido en los últimos 50 años. Personas que lograron reconstruir sus vidas y, como su autora lo afirma, renacer de las cenizas y sacar de esas experiencias trágicas y traumáticas algo positivo para sus vidas y sus entornos.

Con esa premisa la obra recoge conclusiones como que quienes han vivido el conflicto directamente son mucho más creativos y pragmáticos a la hora de buscar soluciones para terminarlo, y han logrado a partir del amor, el arte, la fe, el deporte y la solidaridad crear entornos de paz, incluso a pesar de seguir siendo vulnerables ante la presencia de un grupo armado y por la ausencia del Estado.

Perdonar lo imperdonable demuestra en gran medida la visión de la periodista frente al momento que atraviesa el país por cuenta del proceso de paz que se está llevando a cabo en La Habana y el posconflicto que puede resultar de este.
“Lo escribí para que tenga un impacto, para que los lectores piensen en el rol que cumplen en esta transición en la que está el país hacia una posibilidad real de paz. Lo que yo digo en el libro es: no importa si uno está a favor o en contra del proceso de paz, de cómo este se está desarrollando, todos queremos la paz y todos tenemos algo qué hacer, y debemos hacerlo. Aunque no nos guste el proceso, debemos aportar desde nuestro talento conocimiento, recursos y tiempo a la construcción de entornos en paz”, explica Claudia, para quien el papel de los medios en este contexto es primordial. Ella es crítica del rol que estos han asumido a la hora de cubrir el conflicto armado.

Según Claudia, "las cadenas informativas se han preocupado más por mostrar en primera plana los hechos de guerra, el soldado amputado, la mamá al lado del ataúd, el pueblo destruido, el niño llorando… pero no les hemos dado el mismo despliegue a los antecedentes de esos hechos ni a cómo la gente, a pesar de haber vivido esas situaciones, lucha por tener una vida mejor”.

La propuesta de la reportera para sus colegas en el país es aprender a hablar de paz, lo cual significa empezar a contextualizar por qué han ocurrido y seguirán ocurriendo hechos de guerra. Esta labor, desde su visión, pueden empezar a cumplirla las facultades mismas de comunicación social.

“Colombia es un país en el que la gente se guía mucho por lo que ve en el noticiero o lo que oye en la radio, entonces el periodismo tiene la obligación no solo de informar sino también de educar. El hecho de estar en un país que ha vivido tantos años en guerra les ha quitado peso a las noticias no violentas. Y es lo que enseñan en la universidad, que 'good news is no news' ('las buenas noticias no son noticias'). Pienso que muchas cosas positivas también responden a la definición de noticia y que en un lugar donde hay tantas cosas funcionando mal, cuando algo sale bien, cuando hay perdón, eso es algo raro, extraño, inusual, y debe ser noticia de primera plana”, dice Claudia mientras camina por una atestada calle de la capital, en plena hora de almuerzo.

Sus palabras se suceden, una tras otra, con coherencia, con elocuencia. No importa si tiene que esquivar a los transeúntes que se le atraviesan o, como ocurrió hace unas horas, confrontar a un entrevistado esquivo, Claudia siempre escoge la palabra indicada. Cuando yerra una frase, Claudia corrige de inmediato. 

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ

nicbus@eltiempo.com

@nicolasb23

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