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"Las películas terminan pareciéndose a uno mismo" / Una y quince

"Las películas terminan pareciéndose a uno mismo" / Una y quince

El cineasta Lisandro Duque en conversación con Fernando Quiroz.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de febrero 2016 , 05:14 p. m.

Acaba de estrenar El soborno del cielo, una historia que habla del poder que tuvo la Iglesia en otros tiempos en los pueblos colombianos y que retrata la idiosincrasia de nuestros compatriotas. Ha dirigido películas que forman parte de la historia del cine colombiano, como Milagro en Roma, Visa Usa y Los niños invisibles.

Y a pesar de que su carrera como guionista y como director es larga y prolífica, Lisandro Duque reconoce que aún tiene muchas películas entre el tintero, pues tiene más historias que tiempo para hacerlas. Es de los que piensan que hacer cine en Colombia es de quijotes o de locos, “sobre todo cuando uno se embarca en una película que cuesta el triple de lo que recibe de subvención por ley del cine”, pero reconoce que un productor recursivo alivia las cargas, y elogia la labor de la suya, Anaís Domínguez, una venezolana residente en Colombia que es una dura para conseguir la plata en fondos internacionales.

Aunque el tema que aborda El soborno del cielo es controvertido y puede despertar resistencias entre los más tradicionalistas, Duque confiesa que “temor de irme para el infierno no sentí ni pizca… me da más miedo el cielo: debe ser muy tedioso”. 

¿Cómo nace la historia de El soborno del cielo?

Esa historia ocurrió en la realidad, en mi pueblo, que es Sevilla, Valle. El párroco, un bugueño de apellidos Navia Belalcázar, decidió no hacerle oficios religiosos a un suicida muy querido por la gente, que se llamaba Fulvio Granada. Y encima de eso, quería que la familia lo sacara de su mausoleo privado. Como todo el mundo fue solidario con esa familia, el cura cerró la iglesia y no le dio sacramentos a nadie. Varios matrimonios tuvieron que aplazarse y algunos niños que se murieron sin bautizar se fueron para el limbo.

¿Cuáles son las claves de la comedia negra?

La única clave que conozco es ser sincero. A mí se me dificulta mucho no ser divertido. Eso va saliendo.

¿Qué es lo más difícil de hacer cine en este país?

Últimamente, el tema de la baja taquilla. Pero los que hacemos películas no decembrinas estamos muy a la expectativa de que el público se reactive después de El abrazo de la serpiente. La gente sabe que las buenas películas nunca vienen solas.

¿Qué es lo mejor que le ha dejado el cine?

La recordación en el público de mis películas. Tengo un amigo que conquistó a Marcelita Agudelo recitándole los diálogos de Visa Usa. Y han sido muy felices.

¿Qué condiciones requiere un buen director?

Aunque eso no basta, requiere liderazgo y credibilidad. Y talento, obviamente.

¿Qué espera de un buen actor?

Que sea disciplinado, ame la historia y aporte su temperamento al personaje.

¿Qué es lo más valioso que ha aprendido por cuenta del cine?

A perder plata.

¿Y lo más osado que ha hecho por este arte?

Una vez me metí a un brazo del Amazonas a filmar una escena, sin importarme que estaba lleno de pirañas. Y míreme, estoy completo.

Usted también tiene un largo recorrido como guionista. ¿Se siente más cómodo escribiendo o dirigiendo?

No concibo lo uno sin lo otro. Me gusta pensar que soy un autor.

¿Qué grandes directores lo han motivado de manera especial?

Hitchcock, Tony Richardson, George Stevens, Sergio Leone, De Sicca. Últimamente amo a Dino Risi. Pero las películas terminan pareciéndose a uno mismo.

¿Qué escena de sus películas recuerda como especialmente difícil de haber logrado?

Como yo mismo las escribo, desde el guión procuro ahorrarme escenas que me puedan comer vivo.

¿Quiénes son esos escritores a los que siempre vuelve?

Balzac, Thomas Mann, García Márquez… Son como una liturgia que necesito cada cierto tiempo. Y ahora estoy dedicado a Sándor Márai, Amos Oz, Kadaré. Y uno permanente: Stefan Zweig.

¿Cuáles son esas películas que todo el mundo debería ver?

Billy el mentiroso, Shane el desconocido, Psicosis, Umberto D, El bueno, el malo y el feo.

¿Qué le alborota la nostalgia por su natal Sevilla?

Los chorizos, los chicharrones, las rifas, la carreta de la gente.

¿Cuál es su actividad favorita en las horas de ocio?

Jugar con la perra y la gata.

FERNANDO QUIROZ
Twitter: @quirozfquiroz

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