Cerdos

Cerdos

En ningún otro país del mundo habrían botado a Vicky Dávila.

notitle
21 de febrero 2016 , 09:14 p.m.

Lo que le hicieron a Vicky Dávila es infame. En ningún otro país del mundo atacan a los medios cuando se publican fotos o videos de funcionarios, personajes públicos, situaciones o lugares. Por más pornográficos, obscenos, grotescos, morbosos, atroces, sanguinarios, despiadados y desalmados que sean. Siempre la prensa está en plena libertad de reproducir el material que le apetezca.

Hagamos una lista para refrescar la cabeza: desde la niña de 9 años que corría desnuda con ampollas en el cuerpo durante la Guerra de Vietnam, pasando por la foto del bebé de Siria que yacía muerto en una playa de Grecia, o hasta la propia Omaira, que agonizó durante 3 días seguidos en plena televisión nacional.

O qué tal las imágenes publicadas por la prensa de los hornos y cámaras de gas en Auschwitz, de los monjes budistas incendiándose en llamas en el sur de Vietnam, de la gente saltando desesperada de las Torres Gemelas, de los prisioneros de guerra iraquíes tratando de calmar a sus hijos en pleno cautiverio, o las fotos y videos de las torturas del ejército gringo en plena prisión de Guantánamo.

Sigamos ahora con los escándalos sexuales: las imágenes que publicó el diario español ‘El País’ sobre el bunga-bunga y la red de orgías de Silvio Berlusconi; las revelaciones en la prensa gringa de las grabaciones íntimas entre Mónica Lewinsky y Linda Tripp sobre los amoríos repetidos de Bill Clinton, o las fotos de la relación extramatrimonial del exdirector de la CIA David Petraus, que le costaron el puesto como cabeza del máximo organismo de inteligencia de Estados Unidos.

O qué tal los videos y fotos que publicó ‘The New York Times’ sobre el exgobernador de Nueva York Eliot Spitzer, teniendo sexo con una red de prostitutas rusas de lujo en la Gran Manzana; o el escándalo del senador de Idaho Larry Craig mientras trataba de tener sexo con otro hombre en un baño del aeropuerto internacional de Minneapolis. O las revelaciones que hizo la prensa de las aventuras homosexuales del exgobernador de Nueva Jersey James McGreeve, y su posterior confesión gay.

O el escándalo de ‘sexting’ del excongresista estadounidense Antony Weiner, cuyo contenido erótico también reveló ‘The New York Times’. O las fotos del exsenador John Edwards, quien mantuvo una relación extramarital mientras su esposa Elizabeth estaba gravemente enferma de cáncer. O la revelación de la prensa francesa sobre la aventura amorosa del presidente François Hollande, que le costó su matrimonio con la primera dama.

Hasta los medios paraguayos publicaron fotos de los hijos del expresidente y exobispo Fernando Lugo, sin importar los votos de abstinencia y celibato. La semana pasada –para no ir más lejos– la propia BBC reveló las cartas íntimas entre San Juan Pablo II y su entrañable amiga filósofa americana, de ascendencia polaca: “Te pertenezco” y “te siento en todas partes” eran algunos de los apartes.

En ninguno de esos países se linchó a los medios. En ninguno se les cuestionó por revelar los videos, las fotos, los e-mails, las cartas, los mensajes de texto. En ninguno se sancionó a los periodistas ni se les endilgó responsabilidad alguna por el sufrimiento de las familias. La responsabilidad siempre es exclusiva de los protagonistas de los escándalos, que ‘motu proprio’ ellos mismos se buscaron.

Cerdos

Ilustración: Juan Felipe Sanmiguel

En ninguno de esos países se cuestionó la integridad de un medio por revelar la intimidad de los protagonistas. En ninguno se dijo que era un asunto reservado entre dos personas, que solo querían tener sexo. Y la razón es sencilla: se trata de figuras públicas y de altos funcionarios del Estado, de cuyo carácter y criterio depende el destino de todo un pueblo.

Ese es –y ha sido– el papel de la prensa: publicar imágenes bestiales, salvajes, brutales, dolorosas, crueles, violentas, salvajes, carniceras y hasta perversas. Imágenes que despierten al mundo del letargo y la ignorancia en la que a veces dormita. Imágenes que duelen en el alma, porque tocan las fibras de lo que la humanidad niega, pero también reclama: verdad. Hechos y no palabras.

Usted, Vicky, es una periodista de verdad, con una mentalidad de reportera del primer mundo. Lástima que le haya tocado nacer y trabajar en Colombia, el único país en el planeta en el que se castiga la verdadera libertad de prensa. El único donde sus líderes siguen defendiendo esa caduca tradición de machos que, a través de hacer porquerías juntos, garantizan roscas de favores recíprocos por poder y privilegios.

PAOLA OCHOA
@PaolaOchoaAmaya

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.