Editorial: El palo no está para cucharas

Editorial: El palo no está para cucharas

En épocas de vacas flacas, lo importante es demostrar que los principios siguen vigentes.

21 de febrero 2016 , 09:14 p.m.

El viernes pasado, al concluir la reunión de la junta directiva del Banco de la República en la cual se tomó la decisión de subir la tasa de interés que la entidad les cobra a las instituciones financieras por darles liquidez temporal, el Ministro de Hacienda ratificó que está tomada la decisión de hacer un recorte presupuestal. El monto es de 6 billones de pesos, que no es una suma menor, y cuyos componentes deberían ser anunciados en los días que vienen.

Las razón de la determinación es la necesidad que tiene el Gobierno de mantener la casa en orden. Eso quiere decir que el déficit en las cuentas estatales no puede superar los 30 billones de pesos, que es el faltante calculado para el 2016 y que responde a los parámetros definidos por la regla fiscal.

Teniendo en cuenta la caída de los precios del petróleo –que hasta hace tres años era la principal fuente de los recaudos públicos–, se impone la necesidad de ajustarse el cinturón. Tal como le ocurre a cualquier persona a quien se le reducen los ingresos, impera el requisito de adaptarse a un escenario de menores ingresos, algo que este año solo se logra restringiendo los gastos, por lo menos en estos meses.

De lo contrario, los riesgos serían mayúsculos. Tal como lo recordó la firma calificadora de riesgos Standard & Poor’s la semana pasada, nos exponemos a que la nota de los bonos emitidos por la tesorería sea reducida, lo cual implicaría un aumento en los costos de financiación del país. En consecuencia, es mejor mantener aquello que se conoce como el grado de inversión, porque de lo contrario todos acabaremos pagando la cuenta: desde los usuarios del crédito hasta quienes consumen productos importados, que son prácticamente todos.

Por lo tanto, la responsabilidad se impone. Esta comienza por la austeridad, pero también por las economías. En consecuencia, es de esperar que el Ejecutivo actúe en forma monolítica y los integrantes del gabinete pongan de su parte en un propósito ulterior, como es el de la sostenibilidad de las finanzas públicas, cortando aquí y allá.

Si el escenario actual se prolonga, como lo indican los expertos, la austeridad seguirá siendo la norma. Aun así, para el 2017 será imposible cuadrar las cuentas públicas si no se identifica una manera de remplazar, al menos parcialmente, lo que se dejó de recibir después de que finalizó la bonanza en las cotizaciones de los hidrocarburos.

Cuando la propuesta formal sea presentada, habrá oportunidad de comentar las iniciativas específicas orientadas a mejorar los recaudos tributarios. En el entretanto, lo importante es demostrar que los principios que siempre nos han identificado, de una hacienda responsable, siguen vigentes.

Quien piense lo contrario no tiene más que mirar la realidad de vecinos como Brasil y Venezuela, cuyas dificultades son inmensas por querer postergar lo inaplazable. Y lo inaplazable es vivir dentro de nuestras posibilidades, ahora que las vacas flacas han llegado. Antipático como suena, la verdad es una sola y esta obliga a aceptar que tenemos que ajustarnos a nuestras circunstancias, pues, como dice la expresión popular, “el palo no está para cucharas”. Las finanzas estatales, tampoco.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

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