20 años de un sueño llamado San Miguel

20 años de un sueño llamado San Miguel

Nació como un taller infantil y ahora es ejemplo de educación artística, bilingüe y ambiental.

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21 de febrero 2016 , 11:17 a.m.

El Liceo Taller San Miguel es una institución educativa donde confluyen academia, consciencia ambiental y artes, que surgió del sueño y el esfuerzo de una familia.

Es, tal vez, el colegio al que cualquier estudiante quisiera ir: amplio, agradable, lejos del ruido y muy natural. Tiene una granja, un humedal, un bosque, un guadual y dos quebradas que lo circundan. Educa a 765 estudiantes y está celebrando sus 20 años.

Nació como un taller extracurricular de artes para niños, iniciativa de Teresa Tisnés y su hija. Luego se convirtió en jardín infantil y los padres, satisfechos, le propusieron a la familia llevar su proyecto a la educación formal.

Para los Tisnés, los retó a desarrollar competencias académicas –como la mayoría de los colegios–, pero también a fortalecer el factor humano y ético, además de las competencias creativas. Así es como construyeron su formación: bilingüe, ambiental y artística.

“Las artes plásticas, la danza, la música y el teatro son formas de potenciar la creatividad y trasversalizar del proyecto para que sea un dispositivo de aprendizaje. No buscamos formar artistas, sino impulsar el pensamiento creativo, que no se reduce a hacer cosas bonitas sino a encontrarle salida a más de una situación”, expresó Teresa.

Luz Stella Tisnés es, en palabras de su hermana Teresa, una luchadora ambiental, que fomenta el amor por la naturaleza desde los espacios que tiene el colegio. “La educación ambiental encaja con la formación ética que queremos para ellos. Desde párvulos trabajamos la conciencia ambiental”, explicó la rectora del colegio, Ana Isabel Jiménez.

‘El pequeño gigante’ es como le dicen al humedal que tienen en el colegio, porque no es un ecosistema que reciba aves migratorias sino un lugar de investigación, un laboratorio vivo. Hace parte de la Red Latinoamericana de Humedales y su equivalente a nivel mundial, la WLI, con sede en Reino Unido, que los apoya con asesoría técnica.

“Tenemos una conexión con Canadá para hacer intercambios y campamentos de verano, especialmente con Vancouver, que es un gran referente en calidad de vida y compromiso ambiental. Eso les da la posibilidad a los alumnos de verificar que son necesarios los conocimientos ambientales y de un segundo idioma y también que tenemos un hábitat maravilloso”, agregó Teresa.

Recorrer el humedal con Luz Stella deja ver su amor por la naturaleza y su preocupación porque el cambio climático lo tiene seco. Ella lo riega una vez a la semana, con los permisos necesarios. El verano también acabó con muchas plantas y ha afectado los cebaderos de mariposas.

“De los niños es sorprendente su sensibilidad ante la naturaleza. Con ellos hacemos reproducción de plantas hospederas y alimenticias y ahora queremos hacer un mariposario al aire libre”, contó Luz Stella. Su pasión por estos insectos la lleva a los mariposarios de la región a observarlas por horas, a capturarlas con su cámara y a mostrar orgullosa las fotos que ha tomado de los apareamientos.

Interrelacionar las clases es una estrategia para aprovechar los conocimientos en distintas áreas, y con el programa ‘Aulas escolares al aire libre’ buscan usar los ecosistemas que tienen para involucrar a los estudiantes con el mundo real que está fuera de las aulas.

Este negocio familiar tiene a seis integrantes como administrativos y docentes; otros, como estudiantes. Según la abuela Teresa, son más de 30 personas las que se unieron al proyecto desde sus inicios y hacen parte de esa familia.
“El dicho reza que la primera generación funda; la segunda, administra y la tercera, acaba. Nuestra situación es diferente: la tercera generación se está educando en el colegio con un gran sentido de pertenencia”, dijo Teresa Tisnés.

Están próximos a graduar su sexta promoción. Teresa resaltó que ver crecer su sueño como vio a sus hijos es un privilegio y que formar personas en humanística es garantizar que tendrán un excelente desempeño académico, pues los valores confluyen con la vida y ese es el punto de partida para la academia.

En sus 20 años, reafirman la pasión por su quehacer, que contagia a las personas a su alrededor y que la tarea para la educación es repensar sus programas, para que la parte humanista no quede por debajo de la academia.

THALÍA STEPHANIE YUMBLA RUÍZ
Para EL TIEMPO
Pereira

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