ONU pide vencer negativismo sobre diálogos

ONU pide vencer negativismo sobre diálogos

Fabrizio Hochschild, jefe de la misión de Naciones Unidas en Colombia, dejará el país el 4 de marzo.

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20 de febrero 2016 , 06:26 p.m.

El próximo 4 de marzo Fabrizio Hochschild, jefe de la misión de Naciones Unidas en Colombia, dejará el país. Sin duda, sus opiniones y aportes durante los diálogos de La Habana fueron una luz tanto para los negociadores en Cuba como para la opinión pública.

Hochschild, quien habló con EL TIEMPO sobre algunos aspectos del proceso de paz, será el encargado de organizar una cumbre de jefes de Estado sobre uno de los temas que más inquieta al mundo actualmente: los movimientos masivos de refugiados en varios países.

¿Cómo encontró el país cuando llegó y cómo lo deja?

Llegué hace casi 3 años, en abril de 2013, y me encontré con un país donde las discusiones de paz habían comenzado, pero estaba aún en conflicto, no se había llegado a ningún acuerdo. Los niveles del conflicto no habían bajado mucho. Había algunos sectores con esperanza en que los diálogos llegarían a buen término, pero había muy poca fe.

¿Y ahora?

Estoy yéndome de un país que está a punto de firmar un proceso de paz, donde el desplazamiento ha caído un 25 por ciento, las víctimas de minas antipersona un 50 por ciento y los niveles de violencia más bajos en 40 años.

¿Cree que se demore mucho la consecución del acuerdo final en La Habana?

Cuando se trata de percepciones sobre el proceso de paz hay algo muy notorio que es el contraste de cómo lo ven los que vienen de afuera y los que están acá. Muchos colombianos ven el proceso de paz con lentes mal formulados que achican u oscurecen todo lo positivo y agrandan lo negativo. Lo que se desconoce es que este es el proceso de paz que a mayor ritmo avanza en el mundo, que apunta a las raíces del conflicto, que no tiene precedentes en términos de involucramiento de víctimas, que en materia de género está más avanzado que cualquier otro, pero acá es como si esto no existiera o se ve con indiferencia o con incredulidad, y eso es producto del temor al cambio y el miedo a la paz.

¿Por qué puede pasar esto?

Es muy entendible después de una guerra de tanto alcance porque uno se acostumbra a todos los males. Es el síndrome de Estocolmo relacionado con el conflicto, pero es muy negativo porque la paz se da no solo gracias a un proceso, sino también a un deseo unánime. Si un equipo de fútbol entra en la cancha con las mejores habilidades, pero pensando que ganar es imposible, seguramente no lo hará. En cambio, si no solo tienen las habilidades, sino también la fe, difícilmente perderá y Colombia necesita tener fe en que la paz sí es posible.

El presidente Santos dice que tal vez los colombianos sientan temor al cambio que significaría vivir en paz, ¿cuál es su opinión?

Humberto de la Calle también habló de la necesidad de limpiar y reprogramar las neuronas de la gente acostumbrada a cincuenta años de guerra. Creo que eso es fundamental, porque lo que crea la sostenibilidad y una paz duradera no es tanto un acuerdo sino la manera de pensar de los propios colombianos. Creo que hay diferentes retos y uno es superar el negativismo, el pesimismo y eso lo veo no solamente en la politiquería, sino también en las personas que viven en las zonas de conflicto y que están tan acostumbrados a que un actor armado, cuando hay un proceso de paz, es cambiado por otro y no se atreven a cambiar ese negativismo. Lo otro es cambiar la indiferencia. Gran parte de Colombia piensa que el conflicto en Putumayo o Chocó es en otro país y que no los afecta, no se dan cuenta de lo que están perdiendo en un país en guerra.

¿Qué ha faltado para que la gente se implique más en el proceso de paz?

He destacado muchas fortalezas de este proceso, pero si ha tenido una debilidad bastante grande ha sido la falta de pedagogía y una pedagogía diferenciada frente a las audiencias porque el tipo de desconocimiento y desconfianza es muy diferente según la región, el estrato social y las opiniones políticas. La pedagogía que se ha dado está muy orientada hacia un público urbano y que ya está bastante convencido del proceso, pero no se ha logrado comunicar a los escépticos ni a las regiones y a los afectados por el conflicto.

¿Es optimista en que el 23 de marzo se dé fin al conflicto con las Farc?

Espero que se cumpla con el fin del conflicto muy pronto. No tengo una bola de cristal para decir en qué fecha, pero lo que está claro para mí, y lo digo después de haber estado hace algunos días en La Habana, es que tanto las Farc como el Gobierno están alineados en su retórica sobre la necesidad de avanzar lo más rápido posible hacia un acuerdo final. No dudo que si no se llega a cumplir con esa fecha, no se tardará mucho más. Creo que ver esa fecha en términos de un gran éxito o un gran fracaso es menospreciar los avances que se han hecho y el ritmo con el cual se está avanzando. Si tarda unas semanas o meses más, lo más importante es que haya un acuerdo sólido y sostenible.

Según su experiencia en otros procesos de paz y a esta altura de la negociación de La Habana, ¿hay algún elemento que pueda echar al traste la negociación?

Siempre los hay. No hay proceso, y Colombia no será la excepción, que no haya avanzado con altas y bajas. No dudo que de aquí a la firma del acuerdo final vendrán muchas crisis, sería muy anormal si no, lo importante es que haya perseverancia y capacidad para resolver los problemas.

¿Cómo ve el tema de la implementación de los acuerdos de La Habana?

Para mí esa es la mayor preocupación, no tanto si se va a cumplir la fecha del 23 de marzo o si va a haber otra crisis o no, que son cosas que se pueden dar, pero lo más complicado va a ser la implementación de los acuerdos.

¿Por qué?

Mucha de la discusión pública se enfoca, por ejemplo, en el acuerdo sobre justicia, si está bien hecho o no, o si en términos de penas alternativas es adecuado o no. Lo que se ha perdido de vista es que los acuerdos son tremendamente ambiciosos, visionarios y, a nuestro parecer, muy necesarios. Tratan de hacer en 10 años –el Alto Comisionado de Paz habla de 10 años de implementación– lo que Colombia no ha logrado hacer en 200 años en términos de construcción de bienes públicos o de extensión del régimen de la ley a lugares a los que nunca llegó o había muy poco. Se han construido unos planes maravillosos, con rascacielos de última generación tremendamente bien diseñados, pero la pregunta es si hay las herramientas en términos de trabajadores, recursos y materiales para construir estos rascacielos, o si por problemas de corrupción o de cambio de gobiernos el proyecto puede quedar a medias.

JUAN FRANCISCO VALBUENA G.
Redacción Política

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