Barack Obama en Cuba, el empujón que le faltaba al deshielo

Barack Obama en Cuba, el empujón que le faltaba al deshielo

Anuncio del viaje en marzo provocó toda clase de reacciones. Cierra última brecha de la Guerra Fría.

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20 de febrero 2016 , 06:25 p.m.

En enero de 1928, el republicano Calvin Coolidge se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en visitar Cuba. Coolidge llegó a La Habana en un barco de guerra, ya que en esa época todavía no existían los vuelos comerciales, y quizá para recordarle a la pequeña nación caribeña quién era el patrón.

Lo que nadie sabía entonces era que tendría que pasar casi un siglo, plagado de conflicto y animosidad, antes que un mandatario de EE. UU. volviera a pisar sus tierras.

Ese ayuno se romperá este próximo 21 de marzo, cuando el presidente Barack Obama realice un histórico viaje a la isla que podría sellar la última brecha de Guerra Fría que aún permanecía en la región.

Aunque su gira se venía anticipando desde finales del año pasado, la determinación del presidente estadounidense tomó a muchos por sorpresa.

“Hace tan solo quince meses habría sido impensable suponer que un presidente de EE. UU. visitaría la isla. Es un testamento de lo mucho que se ha progresado desde el inicio de la normalización de las relaciones y una clara señal para los políticos en el país de que el capítulo de la Guerra Fría ya está cerrado”, sostiene Jason Marczak, del centro de pensamiento Atlantic Council.

Ese proceso comenzó en diciembre del 2014, cuando Obama y el presidente cubano, Raúl Castro, le anunciaron al mundo su intención de restablecer relaciones diplomáticas tras más de 50 años de ruptura.

Con la reapertura de embajadas, el 20 de julio del 2015, se restablecieron formalmente los canales. Un hecho que dejó por sentado el secretario de Estado, John Kerry, cuando visitó la isla un mes después para izar la bandera estadounidense en La Habana.

En este año largo que va desde el anuncio de los presidentes en el 2014, ambos países han venido sosteniendo negociaciones para zanjar muchas de las disputas que aún los separan.

Estados Unidos, por ejemplo, excluyó a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo y allanó el camino para que La Habana pudiera acceder a su mercado financiero.

Así mismo, Obama ha utilizado órdenes ejecutivas para suavizar el embargo que aún persiste y que solo puede ser removido con una acción del Congreso.

Además de levantar algunas restricciones para el intercambio comercial, se han suavizado medidas para permitir el flujo del turismo. La última de ellas esta misma semana, cuando se autorizó el restablecimiento de vuelos comerciales entre ambos países.

Dicho esto, todavía quedan muchos escollos por resolver, algunos de ellos serios y que serán parte de la agenda de los presidentes.

Como el control de la bahía de Guantánamo (donde Estados Unidos tiene una base militar que Cuba reclama), la millonaria indemnización que piden personas en EE. UU. cuyas propiedades fueron expropiadas tras el triunfo de la revolución, y el fin absoluto del embargo, un asunto irritante para las relaciones que, al parecer, no podrá solucionarse mientras los republicanos controlen el Legislativo.

En todo caso, y si bien Castro y Obama ya se habían estrechado las manos en la Cumbre de las América de Panamá, en abril del 2015, y luego durante la Asamblea General de la ONU en septiembre, la visita de Obama encierra un enorme simbolismo.

Para el presidente estadounidense, es la manera de consolidar un legado en política exterior muy bien recibido en América Latina y por el que será recordado en el futuro.

Y que quedará redondeado si el proceso de paz en Colombia se materializa y el jefe de Estado puede mostrarlo como otro caso donde apostó y ganó.

Pero el viaje trae consigo riesgos. En diciembre del año pasado, Obama había indicado que solo visitaría Cuba cuando viera cambios suficientes en la isla, especialmente aquellos relacionados con los derechos humanos, y una apertura comercial y democrática. Y aunque se reconocen algunos pasos dados por el régimen castrista en el ámbito económico, muchos piensan que poco o nada ha cambiado en cuanto a derechos políticos y libertades civiles.

De hecho, grupos de derechos humanos sostienen que la represión política continúa y hasta se ha incrementado. Aunque salieron de las cárceles algunos disidentes –los que llevaban más años presos–, en el 2015 se presentaron 8.000 nuevos arrestos, según cifras de las Damas de Blanco.

“Obama está premiando a los Castro sin recibir nada a cambio. Lo mínimo que se podría esperar ahora que los visita es que le pida a la dictadura que permita elecciones libres”, dice Roger Noriega, exsubsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental.

Un mensaje muy similar al que han expresado el grueso del Partido Republicano y los candidatos que se disputan la nominación para la presidencia.

Según Ben Rhodes, asesor en Seguridad Nacional de Comunicaciones Estratégicas, el principal objetivo del viaje de Obama es provocar una apertura que termine beneficiando al pueblo cubano.

“El aislacionismo que intentamos durante 50 años no funcionó. Solo trajo más pobreza y dificultades. Este presidente cree que hay una mejor manera de lograr ese cambio, y por eso visita la isla”, opina Rhodes.

Eso está por verse. De lo que sí no hay duda es de que Barack Obama, como deja claro este viaje, se está jugando a fondo con Cuba.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington.

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