Editorial: Otro intento en seguridad

Editorial: Otro intento en seguridad

Bienvenidos todos los esfuerzos para disminuir el delito en los 754 puntos rojos de la ciudad.

19 de febrero 2016 , 09:32 p.m.

Cuando se observa el mapa de Bogotá, con sus 754 puntos críticos en materia de inseguridad, no cabe más que sobrecogerse. Pareciera que no hay rincón de la ciudad que esté al margen de las acciones del hampa en sus distintas modalidades.

Sobre el terreno, lo que indican esos puntos es que se trata de zonas que han sido identificadas por las autoridades como epicentros del crimen, pero en las que también se han creado las condiciones para que este se reproduzca. Un parque, por ejemplo, puede ser un espacio propicio para el atraco a mano armada, el consumo y venta de estupefacientes o la realización de actos obscenos. Pero si ese espacio está mal iluminado, sucio, sin ningún tipo de protección y sin un patrullaje permanente de la Policía, las probabilidades de que todo esto ocurra aumentan.

Y es eso, a nuestro entender, lo que quiere empezar a erradicar la Alcaldía Mayor: los escenarios que coadyuvan en la ocurrencia de hechos que atentan contra la integridad de las personas. Una tarea nada fácil, dada la cantidad de zonas ‘calientes’ que existen y porque las medidas anunciadas demandan un esfuerzo interinstitucional y sostenibilidad en el tiempo. El gobierno se ha dado tres meses para evaluar los primeros resultados.

Aunque no se conocen más detalles, es preciso considerar tres factores que resultan claves para que la iniciativa funcione. El primero de ellos es la recuperación de la confianza entre autoridades y vecinos. Más del 60 por ciento de los bogotanos tienen una imagen desfavorable de la Policía, envuelta en varios escándalos recientemente, tendencia que hay que revertir a toda costa, porque sin esa alianza será difícil conseguir resultados a mediano plazo.

En segundo término, hay que dar una lucha sin cuartel que conduzca al desmantelamiento de redes delincuenciales dedicadas al hurto de celulares, tráfico de drogas, trata de personas, extorsión y fleteo, verdaderos cánceres de Bogotá hoy. Y ello requiere el concurso no solo de la autoridad local, sino del departamento y del propio Gobierno Nacional.

Por último, está la participación ciudadana. Los bajos índices de inseguridad que registraron Medellín y Barranquilla en los últimos años tuvieron como eje el involucramiento de la comunidad, al tiempo que es urgente fortalecer los cuadrantes de la Policía y los frentes de seguridad.

Todo lo anterior exige de la Alcaldía comunicación constante, pedagogía y estrategia; es decir, una política de seguridad seria e integral que evite, como en el pasado, el divorcio entre Administración y Policía. La seguridad es un patrimonio que depende de todos. Hay que volver a los tiempos en que la gente del barrio sabía quiénes vivían allí, recomendaban sus casas y se cuidaban unos a otros.

Y para ello es determinante, como lo hemos advertido, un robustecimiento de la justicia, principal obstáculo que hoy enfrenta la lucha contra el crimen y, por ende, generador de una percepción de inseguridad que no cede.

Bienvenidos todos los esfuerzos que se hagan en esta materia, sin olvidar que la mejor estrategia para prevenir el delito es la que resulta de combinar la autoridad con la generación de oportunidades para el conjunto de la sociedad.


editorial@eltiempo.com

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