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Los gatos celebran su día

Los gatos celebran su día

Revisamos algunos mitos y verdades sobre las características que hacen particulares a los felinos.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de febrero 2016 , 06:15 p. m.

El 20 de febrero se celebra el Día Internacional del Gato (hay otras dos fechas, pero esta es más popular) debido a que en esta fecha, en el año 2009, murió Socks, el gato de la hija de Bill y Hillary Clinton y una de las mascotas más queridas de la Casa Blanca. Era un gato muy popular en redes, por lo que la gente decidió rendirle un homenaje instaurando la celebración a nivel mundial.

Aprovechando esto, revisamos algunos mitos y verdades que hay sobre ellos.

Nunca cerca de las embarazadas

La toxoplasmosis es el terror de las embarazadas al ver un gato. Sin embargo, las probabilidades de que el felino les transmita esta enfermedad (que también se puede adquirir por ingerir frutas mal lavadas o carne cruda) son casi remotas. “Para que una mujer se infecte por medio de un gato con toxoplasmosis tiene que entrar en contacto con las heces de este, que debe estar infectado con el parásito”, explica la veterinaria Paola Cardona. Además, el gato ha debido infectarse por comer una paloma o ratón que tuvieran el parásito, o carne cruda, cosa que no suele pasar si son felinos que salen poco y son alimentados en casa. Por si acaso, no toque las heces.

Siete vidas y hasta más

Sí, los gatos se salvan de muchos accidentes y por eso se considera que tienen buena suerte, a tal punto que inspiró el dicho de “tener más vidas que un gato”.

Hay un origen cultural y otro real en esto. El primero viene de los antiguos egipcios, que creían que el gato también reencarnaba, y lo hacía siete veces; a la siguiente volvía como humano. El segundo, tiene que ver con su contextura. “Su sistema esquelético les permite tener flexibilidad y agilidad para acomodarse y salir bien librados de una caída o atropellada”, explica la veterinaria. Esto tiene que ver con aquello de que el gato siempre cae parado. “Su aparato vestibular, que les permite mantener o encontrar el equilibrio, hace que puedan responder rápidamente si están en una mala posición y ubicarse”, agrega Cardona.

Tienen mayor capacidad y más tiempo de acomodarse desde alturas mayores que de las más bajas. A pesar de esto, el riesgo existe.

Su contextura los ayuda a ser flexibles a la hora de las caídas. / Foto: 123rf

Ven más en la oscuridad

Como parte de su famosos instinto cazador, los gatos ven bastante más que un humano cuando hay poca luz, pero no si hay oscuridad total.

El ojo del gato (y de otros animales) tiene varias características anatómicas que están diseñadas para mejorar su visión nocturna, entre ellas la ‘tapetum lucidum’, una capa de tejido situada en la parte posterior del ojo que le permite absorber mucha luz aumentando la capacidad de ver de noche.

Esto es lo que hace que veamos brillar sus ojos en la oscuridad.

No son amigos de los perros

Tal vez en tiempos remotos, cuando los perros y gatos vivían salvajemente, uno podía ser presa de caza del otro, pero entre animales domesticados ya no pasa eso, aunque no faltan las excepciones. “Sí hay perros que persiguen a los gatos, pero es más común que, si se crían juntos, sean los mejores amigos”, comenta la veterinaria Paola Cardona. Y agrega que el gato tiene el instinto de huir cuando se encuentra con un animal más grande, si no ha socializado con él, o, a veces, el de defenderse y lo enfrenta.

Ratones, ¿su presa favorita?

Realmente a los ratones les va mal con los gatos o, mejor, a sus crías (se meten con los más pequeños y desprotegidos), pero igual puede ser un pájaro o un insecto.

Por sus antepasados (de la familia de los felinos, parientes de los tigres y leones de la selva que cazan para sobrevivir), los gatos son animales cazadores y conservan su instinto, por lo que les gusta salir a veces de caza, incluso solo para divertirse un rato, jugando con su víctima.

“Cuando el gato vive en casa y tiene comida fija, no tiene la necesidad de cazar para comer. Sin embargo, su instinto lo lleva a ir tras lo que se mueve. Y si es hijo de gatos callejeros, más aún”, comenta la veterinaria Cardona.

Incluso, si el felino pasa mucho tiempo solo y encerrado, puede tender a morder las manos de las personas para ‘mantener’ su instinto cazador.

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