Editorial: ¿A estas alturas?

Editorial: ¿A estas alturas?

Es un grave error que el Procurador insista en poner límites a las cátedras de educación sexual.

18 de febrero 2016 , 09:03 p.m.

Resulta increíble que a estas alturas de la vida una persona sensata, conocedora de las tragedias sociales que aún suceden en Colombia, y que está al día en las estadísticas alarmantes sobre embarazo en menores de edad, pida a la ley que limite las cátedras de educación sexual a los grados superiores del bachillerato y ciertos semestres de la universidad.

El procurador Alejandro Ordóñez ha acostumbrado a la opinión a sus pronunciamientos morales sobre las vidas de los colombianos, pero el concepto que envió a la Corte Constitucional pidiendo que los cursos de sexualidad se sigan limitando a los jóvenes –en respuesta a una demanda del artículo 14 de la Ley 1146 del 2007 interpuesta por el colectivo Sin Embarazos en Adolescentes– resulta fuera de lugar, por decir lo menos.

Razón tiene la ministra de Educación, Gina Parody, cuando le pregunta al jefe del Ministerio Público: “Procurador, ¿prevenimos o lamentamos?”. Pues si algo ha marcado a la Colombia de estos tiempos ha sido esa realidad devastadora que es el embarazo adolescente. Según un alarmante informe del 2015 del Departamento de Planeación Nacional, aquí el 5 % de los hombres y el 14 % de las mujeres entre los 14 y 19 años ya se han enfrentado a su primer embarazo, y ello significa que 19 de cada 100 niñas viven su primera gestación en el colegio. Y no hay que ahondar demasiado para comprender que la desinformación de millones de colombianos, y una cultura repleta de tabúes en relación con el sexo, tiene mucho que ver con esas cifras lamentables.

Por otra parte, como bien recordó la Ministra, prevenir en estos casos no es solo prevenir el embarazo, que contribuye de modo innegable a ahondar las desigualdades en un país que lucha por disminuirlas, sino evitar el abuso sexual del que pueden ser víctimas los menores desde la más temprana edad.

Que los niños de 5 años reciban lecciones de sexualidad de sus profesores resulta la mejor manera de enseñarles a respetar sus cuerpos y los de los demás, y a ponerles límites a aquellos victimarios –parientes en la mayoría de los episodios– que, según las estadísticas, suelen aparecérseles a los menores cuando justamente comienzan los años de preescolar.

Es un error insistir en un modelo de educación sexual que les niega a sus niños sus cuerpos sobre la base de la moral –o que, al menos, contagiada de prejuicios, aplaza la inaplazable discusión sobre el sexo– hasta cuando se hace demasiado tarde para evitar los reveses de fortuna, los traumas y las tragedias que marcan para siempre una vida. Pero más que todo, es una irresponsabilidad que raya con la torpeza impedirles a los niños pequeños que tengan de su lado una información que nada tiene de extraña ni de indecente en el siglo XXI, cuando se ha vuelto común en los colegios, además, la presencia de los psicoterapeutas, y que puede llegar a significar la diferencia entre la vida y la muerte.

El Procurador, una vez más, ha dejado claro lo que piensa, pero en estos casos –documentados por el Estado y estudiados por la ciencia, lejos de los preceptos religiosos– debe prevalecer siempre la protección de los niños, y para eso fue inventada la educación sexual.


editorial@eltiempo.com

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