Zika y aborto: la mujer decide

Zika y aborto: la mujer decide

El aborto es un derecho de salud fundamental que se ha frenado por razones moralistas.

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18 de febrero 2016 , 08:27 p.m.

En Medellín hemos venido manejando una campaña sobre la autonomía femenina que tiene por eslogan “Soy mujer, yo decido”. Esta viene muy bien frente al tema del zika: la mujer es la que decide: es su salud, es su embarazo, es su derecho, es su vida presente y futura. Recurrir al aborto cuando siente amenazada su salud (física-mental) es un derecho natural que se le ha quitado por razones moralistas. Además, el aborto es un derecho jurídico plenamente vigente en Colombia. Toda la polémica en torno al tema son eufemismos para tratar una vez más de atropellar los derechos de la mujer, que son derechos humanos.

La legislación colombiana acepta el aborto desde el 2006, en tres casos: cuando la vida o la salud de la madre corre peligro (la presencia del zika es un riesgo para la salud física y mental de la madre y el niño); por malformaciones del feto y por violación o inseminación forzada. El Ministerio de Salud de Colombia ha hecho una recomendación especial en la que se pide a las parejas no embarazarse antes de julio del 2016 por el alto riesgo de que los niños nacidos de mujeres infectadas con el virus nazcan con malformaciones congénitas y alteraciones neurológicas. El Instituto Nacional de Salud registra 31.555 casos en estudio de afectados por zika, de ellos 4.380 mujeres. Se informó del primer caso de un aborto con ocho meses de gestación por malformación, de una mujer que tuvo zika y fue mal diagnosticada y mal manejada por los profesionales que la atendieron en primera instancia.

Es claro: una mujer embarazada que contrae el zika en sus primeros meses de gestación es potencialmente portadora de una criatura que, si sobrevive, podría nacer con microcefalia y trastornos neurológicos, entre otros, lo cual es una tragedia para él y para su madre que es generalmente la que lleva en este país la carga de atender enfermos, ancianos y discapacitados, sin que el Estado y los llamados grupos por la defensa de la vida asuman la responsabilidad de sostener y cuidar a esa criatura enferma. Es la mujer la que da la vida; es ella la que debe decidir si aborta o no en casos como estos.

Lo que está sucediendo en Brasil con la relación entre la epidemia del zika y la cantidad de niños nacidos con microcefalia y otros trastornos neurológicos es suficientemente alarmante, y en Colombia no podemos esperar a llegar a esa situación. La pediatra brasilera María Ángela Rocha declaró a la BBC News: “En 20 años de ejercicio profesional nunca había visto algo así; estos niños podrán no hablar, no caminar y dependerán de neurólogos toda la vida”.

La pregunta es obvia: ¿Quisiera alguno de quienes se aponen al aborto en estos casos verse sometidos a esta situación para ellos y sus hijos? ¿Quién puede obligar a una mujer a traer hijos al mundo en estas condiciones? El ministro de Salud, Alejandro Gaviria declaró: “El profesional de la salud evalúa y es la mujer la que toma la decisión”. Eso es así de claro. Pero ojo, que el Estado cumpla con la obligación de informar a las mujeres con zika que ellas están en el derecho de practicarse un aborto una vez informadas claramente sobre los riesgos de su embarazo. También debe la comunidad saber, que en este como en el caso de un embarazo por violación, los organismos de salud no pueden negarse a practicar el aborto. Un niño que nace enfermo como consecuencia del zika puede ser causal de una demanda a los prestadores de los servicios de salud si no dieron la información pertinente y si se negaron a acatar la decisión de la madre de abortar. En síntesis: mujer, frente al zika y un embarazo, usted es la que decide; no tiene que pedir permiso a nadie. Es su vida, es su responsabilidad.

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Punto aparte: el alcalde de Medellín prometió en campaña una EPM totalmente pública. Ahora está en camino la venta de la acciones de EPM en Isagén. Es su oportunidad de asumir una posición independiente y mostrar todos los argumentos en contra de esta venta, en lugar de decir simplemente que habría detrimento patrimonial si EPM no vende esas acciones. Que haga una consulta popular; que represente la voz del pueblo. Esta sería una decisión memorable e histórica.

Sonia Gómez Gómez

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