La cinta colombiana que brilló en el Festival de Sundance

La cinta colombiana que brilló en el Festival de Sundance

'La ciénaga: entre el mar y la tierra' recibió tres premios, dos de ellos en actuación.

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18 de febrero 2016 , 08:00 p.m.

Antes de cada jornada de filmación, Manolo Cruz hacía una sesión estricta de estiramientos musculares. Debía calentar el cuerpo y prepararse para pasar varias horas tendido en una cama como Alberto Navarro, un hombre diagnosticado con una enfermedad muscular degenerativa.

“Después de 27 años actuando en cine, televisión y teatro empecé a sentir un encierro, algo muy parecido a lo que vive Alberto, mi personaje. Quería ponerme un reto para explotar todo lo que soy capaz de hacer. Me empecé a sentir así, limitado; quería una historia en la que pudiera mostrarme”, cuenta Cruz.

El desafío personal se transformó en un guion que él mismo escribió, inicialmente, como insumo de un cortometraje, que se tituló La ciénaga, entre el mar y la tierra.

El lugar escogido para situar el drama de este hombre de 28 años de edad fue la Ciénaga Grande de Santa Marta, lugar de pescadores, con 42 grados a la sombra. Durante 22 días, en una casa de madera que la misma producción construyó con un estilo similar a las demás de la zona –con las bases entre el agua– se desarrolló esta historia de amor, dolor y sacrificio, en la que Rosa, la madre de Alberto, es la otra piedra angular.

“Me puse la vara muy alta con un personaje que no se puede mover, que tiene una enfermedad que lo mantiene atado a una cama y sin poder hablar. Lo difícil era poder transmitir sensaciones durante hora y media”, agrega Cruz. La ciénaga, entre el mar y la tierra, por consejo de sus amigos, y sobre todo por intuición propia, se transformó en un largometraje, aun a riesgo de que naufragara por costos (un cálculo inicial de producción podía superar el millón de dólares).

Las vicisitudes de Alberto y Rosa son encarnadas visceralmente por Cruz y la laureada actriz Vicky Hernández; Viviana Serna y Jorge Cao completan el elenco. Para darle vida a este hombre, que respira a través de una traqueostomía, también consecuencia de la distonía (que genera contracciones involuntarias y dolorosas de los músculos), Cruz perdió 21 kilos de peso con una dieta extrema a la que se sometió en cuatro meses; además, debió documentarse respecto a ese padecimiento.

“Cuando me di cuenta de todo lo que me había propuesto, me asusté. Supuse que si lo lograba, sería el mayor logro de mi vida”, acota el actor bogotano.

Hasta el momento, así ha sido: La ciénaga… acaba de darle visibilidad internacional, gracias a los premios que obtuvo en el pasado Festival de Sundance, que se celebró en Park City (en Utah, EE. UU.), de donde regresó con tres premios: dos en actuación (uno para Hernández y otro para él) y uno como la mejor película de la competencia de ficción World Dramatic.

En el certamen, considerado el más importante del cine independiente, La ciénaga… se codeó con producciones de gran magnitud. “Nuestra película costó unos 40.000 dólares y compitió con otras cuyos presupuestos superan los 9 millones de dólares. Una diferencia abismal”, recuerda Cruz. “La ciénaga… venía bendecida”.

Al calor del Caribe

Las condiciones del rodaje fueron tan extremas como la historia del relato: además de la casa que construyeron, en Tasajera y Pueblo Viejo, Cruz sufrió un colapso muscular, que lo obligó a dormir en la clínica durante tres noches, y allí le suministraron relajantes. Eso, sin mencionar el calor inclemente y los mosquitos, que hicieron del director de arte, Arley Garzón, su platillo favorito.

“Con Vicky (Hernández) fue muy complejo, porque ella es perfeccionista y apasionada. Siempre aporta en todo, no solamente en su rol, sino en los diálogos y el entorno. Eso es una fortuna, pero no todos lo ven con buenos ojos, porque ella es tajante en lo que dice”, agrega Cruz.

La actriz Vicky Hernández obtuvo un galardón en Sundance por su emotivo personaje en la cinta. Archivo particular

Pasaron 20 meses para tener el filme finalizado, un tiempo récord para una producción en Colombia. El milagro fue posible gracias a dos premios que ganó el guion en Ventana Sur (un mercado de cine latinoamericano que depende del Festival de Cannes) y a la fe de los coproductores: además de Cruz, se sumaron Robespierre Rodríguez (director de fotografía) y Carlos del Castillo (director del filme).

“Manolo es un estupendo actor. Él hizo un trabajo impecable, con mucho esfuerzo; me le quito el sombrero, también desde la escritura. Él es el artífice de la película y yo tuve la suerte de ser el director, de que este proyecto llegara a mis manos”, comenta Del Castillo.

La relación entre el autor de La ciénaga… y su director empezó tres años atrás, durante el rodaje en Chile del filme Talión. “Carlos me propuso que le diera la dirección de la película para que me pudiera enfocar en el personaje. Acepté. Puse en sus manos la toma de las imágenes que necesitamos”, recuerda Cruz.

Con créditos en series como Diomedes Díaz, La viuda negra, Los tres Caínes, Escobar, Sin tetas no hay paraíso, Valentino el argentino y Cuando quiero llorar no lloro (los famosos Victorinos), el intérprete siente que el trabajo está hecho. Por ahora, espera que La ciénaga: entre el mar y la tierra se estrene en salas de cine del país el próximo 12 de mayo.

Unas son de cal

Manolo Cruz alterna su pasión por la actuación con la venta de carros de alta gama, un negocio en el que invirtió cuando nació su única hija, hoy de 17 años y que vive en Estados Unidos.

Quisiera hacer menos televisión y más teatro y cine, un espacio en el que cuenta con una filmografía que incluye Retratos en un mar de mentiras, La primera noche, La noche, Talión y La milagrosa.

Hace tres años, el hijo de Gustavo Cruz y Magnolia Urrego tuvo una revelación: ya no quería seguir poniendo el pellejo en papeles estereotipados y violentos. Otras circunstancias personales (un millonario robo y su divorcio) también lo confrontaron con la existencia que llevaba.

“La película tiene un mensaje muy fuerte de amor, de entrega, de sacrificio. Hace pensar acerca de las prioridades en la vida, en la esencia, en las cosas que dejamos de hacer”, cuenta Cruz.

Del Castillo agrega: “Creo que a Manolo se le cruzó la oportunidad actoral y de dar un mensaje, y lo condensó en La ciénaga...”.

Una prueba del alcance de su historia lo vieron en Sundance. “Un señor se me acercó llorando, al finalizar una de las proyecciones. Me dijo: ‘Gracias porque me he dado cuenta de que no estoy dándoles importancia a las cosas que debo’ ”, agrega Manolo.

Cruz, actor y guionista (izquierda), y el director Carlos del Castillo reciben el premio de la competencia de ficción World Dramatic, en Sundance. EFE

Después de su paso por el prestigioso festival, director y actor han tenido roces. Algunos comentarios fuera de lugar generaron inquietud y confusión. Sin embargo, ambos coinciden en que lo importante aquí es el filme.

“Hicimos una gran película, con gente talentosa, fue un trabajo en equipo, con poca experiencia y en condiciones difíciles. Fue hecha con mucho corazón”, asegura al respecto Del Castillo, que se ha hecho una carrera en la publicidad y el videoclip y que ya trabaja en su siguiente producción, El niño de los mandados.

Los sueños de Alberto Navarro, el personaje de Cruz en La ciénaga…, son sencillos: quiere decirle a su mamá que la ama, quiere correr, que los dibujos que hace con tanta dificultad sean admirados y, sobre todo, quiere nadar en el mar. Una ironía contando con que el enorme y profundo océano está a pocos metros de su cama, tan solo cruzando la calle.

“Yo quisiera que los colombianos vayan al cine a ver la película y que digan que esta historia nos representa. Creo que podemos contar historias que nos hacen sentir cosas distintas. Que nos hagan sentir orgullosos”, concluye Cruz.

SOFÍA GÓMEZ G.
Cultura y Entretenimiento

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