TransMultimodal

TransMultimodal

El dilema es si debemos instaurar un Transporte Multimodal o quedarnos con el Unimodal, ya obsoleto.

notitle
18 de febrero 2016 , 04:36 p.m.

En su editorial principal del pasado martes 16, titulado adecuadamente ‘El 'ring' de TransMilenio’, analiza este diario “la nueva oleada de protestas en el transporte masivo de Bogotá a raíz de deficiencias evidentes en su servicio”. Considera el editorial que la discusión “de nunca acabar” sobre la conveniencia de TransMilenio como solución para la movilidad de los bogotanos está “viciada de base”.

El editorial citado se inclina abiertamente por calificar a TransMilenio como ‘la joya de Bogotá’ y propone no caer en “falsos dilemas como aquel que obliga a escoger entre los articulados y el metro”. En efecto, tal dilema sería falso si se hubiera planteado; pero que yo sepa ninguno de los que critica, o que criticamos, el pésimo servicio de TransMilenio ha propuesto escoger entre los articulados y el metro.

El dilema verdadero que hemos venido planteando hace más de diez años no es escoger entre los buses de TransMilenio y el metro, sino decidir si lo que le conviene a la movilización masiva de transporte en Bogotá es un sistema multimodal o un sistema unimodal (el que tiene actualmente). El editorial mencionado, sin abordar el asunto, se inclina por TransMilenio como la única posibilidad de que Bogotá cuente con un servicio eficiente de transporte masivo y solo admite, a regañadientes, que el metro, el tranvía, o el cable aéreo, podrían servir apenas como “complementarios” de TransMilenio. Así concluye la nota editorial, muy interesante para encontrarle claridad al debate:

La discusión debería apuntar a buscar soluciones inmediatas de alto impacto, a concertar qué obras son las prioritarias y cómo deberían llevarse a cabo, y a establecer cuáles modos de transporte complementarían mejor el sistema de buses, que, es un hecho, llegó para quedarse. El mismo que si está hoy en cuidados intensivos, es en gran medida porque ha sido cuadrilátero de batalla política, hecho en el que todos los involucrados tienen algo de responsabilidad”.

No entiendo, y no creo que lo entienda ningún lector del común, de los que padecen a diario las deficiencias de TransMilenio (que el mismo editorial reconoce), en qué consisten “las soluciones inmediatas de alto impacto”. Nos quedaron debiendo la explicación. Sin embargo, me atrevo a suponer que esas soluciones inmediatas de alto impacto se refieren a una reestructuración administrativa (“regeneración administrativa fundamental o catástrofe”, como advirtió Núñez) inmediata de TransMilenio, pues precisamente sus administradores y las familias que lo han operado (o mejor, ordeñado) en estos quince años son los causantes únicos de que la obra cumbre del alcalde Peñalosa se encuentre “en cuidados intensivos”, como bien lo dice EL TIEMPO. Atribuirle el desastre de TransMilenio a una ‘batalla política’ es desvirtuar por completo la realidad y nublar el camino hacia la solución eficiente y eficaz del problema. Más buses, más troncales, sin cambiar el sistema administrativo y sin romper el monopolio de los actuales operadores no harán sino profundizarlo y agravarlo.

Tampoco entiendo la advertencia perentoria de que el sistema de buses (articulados) “llegó para quedarse”, si nadie le está diciendo que se vaya.

¿Transporte multimodal o transporte unimodal? “He ahí el dilema”. De imponerse el unimodal, como lo pretende el alcalde Peñalosa, Bogotá será la única capital del mundo que se mueve con un sistema ya obsoleto desde mediados del siglo pasado.

Si nuestros ilustrados urbanistas se fijan en las grandes ciudades (Londres, París, Viena, Berlín, Nueva York, Chicago, Buenos Aires, Ciudad de México, Caracas, Santiago de Chile y un largo etc.) verán que todas tienen transporte multimodal. Que en todas el sistema axial de ese transporte multimodal es el metro subterráneo, y que, alrededor del metro, en todas operan formidables servicios de tranvía, buses articulados, metrocable y busetas. ¿Estarán por unanimidad esas capitales terriblemente equivocadas y Bogotá, bajo el liderazgo del alcalde Peñalosa, es la reina del transporte masivo con solo buses articulados?

Creo que ese es el debate que debemos dar en torno al transporte masivo de la capital. No se trata de una ‘batalla política’ sino de una controversia racional que se sustente sobre lo que más les conviene a los ciudadanos para su movilización cómoda, rápida y segura. Y en cuanto a TransMilenio, el debate de ‘alto impacto’ hay que centrarlo en el mal manejo por parte de sus administradores y beneficiarios económicos, que no son precisamente los pasajeros.

Ahora, el problema del Transporte masivo es sólo uno de los más de cien, todos graves, que afectan al Distrito Capital. No podemos dedicarle todo el tiempo a discutir pendejadas sobre si TransMilenio es mejor que el Metro, o al contrario. Encuentro en las “Cartas a los lectores” de El Espectador (17/2/2016, p. 24) una que suscribe el ciudadano Pablo Leyva, con el título de ‘Bogotá y sus alrededores’, donde sintetiza admirablemente los desafíos (para no iterar en el fastidioso vocablo ‘problemas’) que hoy enfrenta Bogotá de cara al Siglo XXI. Recomiendo esa carta como un documento básico para abrir el gran debate del que ningún bogotano puede estar ausente.

Enrique Santos Molano

Despierta con las noticias más importantes.Inscríbete a nuestro Boletín del día.

INSCRIBIRSE

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.