El papa Francisco puso el dedo en la llaga mexicana

El papa Francisco puso el dedo en la llaga mexicana

Su visita avivó varios temas que desgarran socialmente a México, pero también generó críticas.

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17 de febrero 2016 , 07:39 p.m.

“Dios pedirá cuentas a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas”.

Esta parte del discurso del papa Francisco el miércoles en Ciudad Juárez, en el último día de su visita a México, refleja el sello de un pontífice que, lejos de complacencias, señala los errores y las fallas en las que ha caído la sociedad. (Lea también: El papa Francisco termina su gira mexicana en Ciudad Juárez)

Pero también en el país hubo algunos inconformes con el hecho de que no hubiera tenido gestos como el de recibir a los familiares de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

La miseria, el hambre, la violencia, la corrupción y la discriminación estuvieron presentes en cada palabra pronunciada por el Papa en cada uno de los cinco días en los que estuvo por tierras mexicanas, pero a la vez también dejó un mensaje de aliento a un país que se viene desgarrando socialmente.

El pontífice, como lo había hecho en su anterior gira por Kenia, Uganda y República Centroafricana, no escogió lugares fáciles para su prédica. Al decidirse la gira, el papa Francisco había elegido a Ecatepec, Morelia y Ciudad Juárez, rincones mexicanos afligidos, atenazados por la muerte, el olvido y la desigualdad.

En Morelia les dijo a los jóvenes: “No todo está perdido”, y los invitó a actuar. “No se dejen pisotear por nadie”. “No dejen de soñar”, pero claramente les explicó que soñar no es dormitar. Para este Papa hay que luchar, trabajar mucho en el campo de la educación, no solo en el de la educación cristiana sino para todos los sectores de la sociedad”, le aseguró a EL TIEMPO el escritor mexicano Carlos Villa Roiz, integrante de la división local de la ONG Ayuda para la Iglesia que Sufre.

El mensaje papal en Morelia responde a una realidad muy palpable en esa región, que ha visto cómo carteles de la droga se han apoderado de la vida local y ven en los jóvenes un amplio mercado para su accionar. “No se puede generalizar, pero sabemos que una manzana podrida afecta a las demás, y es ahí donde va la palabra del Papa, a la acción para salvar el futuro”, agregó Villa Roiz.

“El papa Francisco vino a hablarnos cara a cara. Nos recordó que tenemos una gran riqueza en nuestra juventud que estamos echando a perder; que tenemos tesoros naturales que estamos malgastando por una sola razón: tenemos la conciencia adormilada por la corrupción, la violencia y el desempleo”, le dijo a este diario Jaime Septién, experto integrante del consejo consultivo del Centro de Investigación Social Avanzada.

En su lengua natal

Como en cada visita que realiza, el máximo jerarca católico dejó su impronta en México con un acto de amplio significado: el rezo de la liturgia en lenguas nativas. En su paso por el estado de Chiapas, el más pobre del país y con la mayor población de origen indígena, Francisco oyó de sacerdotes locales los ritos en zoque, chol, tzeltal y tzotzil.

“Ese gesto nos habla de una Iglesia en movimiento. Es un acto de justicia muy tardío con el Concilio Vaticano Segundo, que pugnó porque todas las misas se celebraran en los idiomas propios de cada región. Si bien lenguas como el tzeltal y el tzotzil no son tan significativas como el español o el inglés, con el hecho de que se pueda rezar en ellas se les hace justicia a los pueblos indígenas”, afirma Villa Roiz.

Es recuperar la dignidad, pero también pedirles perdón por parte de la Iglesia católica a los pueblos originarios traduciéndoles en su propia lengua el mensaje de Jesucristo. Creo que es parte de ese gran perdón que se les pide a los indígenas por no haberlos tenido en cuenta durante 500 años”, asevera Septién.

Los inconformes

El periodista Jenaro Villamil, en un artículo titulado ‘Papa Francisco, la visita decepcionante’ en la revista Proceso, le reprochó el que no haya recibido a los parientes de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. “Todo periodista identifica este asunto como el caso más emblemático y mencionado a nivel internacional como la peor muestra de la crisis de los derechos humanos en México”, indica Villamil en el escrito.

Francisco tiene esta clase de aspectos polémicos. Por ejemplo, en Cuba, en septiembre pasado, no habló sobre el tema de la persecución a los disidentes y en su propio país se le acusa de exagerada intervención en los asuntos internos, con las continuas recepciones a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner durante el último año de su mandato.

Ahora mismo está en el ojo del huracán por enviarle un rosario a la dirigente Milagro Sala, actualmente encarcelada y acusada de malversación de fondos estatales.

LUIS ALEJANDRO AMAYA E.
Subeditor Internacional

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