'El perdón es alcanzable, pero no caerá del cielo': Frederik de Klerk

'El perdón es alcanzable, pero no caerá del cielo': Frederik de Klerk

El expresidente sudafricano habló sobre el proceso de paz que se realiza en Colombia.

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16 de febrero 2016 , 08:58 p.m.

La paz en Sudáfrica no la hizo solo Mandela. Para cerrar el proceso que pondría fin a la brutal política del apartheid –un sistema de segregación que permitía a la minoría blanca dictar un marco legal discriminatorio contra la mayoría negra– el legendario ‘Madiba’ tuvo que negociar con quien en su momento fue la representación viva del régimen contra el que luchaba. Al ser la otra mitad del milagro sudafricano, el presidente Frederik de Klerk pasó de rival a socio de Mandela y así como compartió con él las vicisitudes del proceso de negociaciones, compartió con él el premio Nobel de Paz.

De Klerk estará mañana en la conferencia académica ‘El futuro de un país en paz’, en el Gran Salón del Cubo de Colsubsidio. Allí dialogará con el presidente Juan Manuel Santos, en un conversatorio presentado por el director de EL TIEMPO, Roberto Pombo.

¿Qué sabe usted del proceso de paz que adelanta el Gobierno colombiano con la guerrilla de las Farc?

Me ha interesado mucho este proceso. Esta es mi cuarta visita a Colombia. Vine dos veces en el gobierno Uribe y la de este miércoles es mi segunda charla con el presidente Santos. No soy un experto, no estoy en el círculo interno del proceso. Pero he conocido a negociadores de las dos partes, cuando visitaron Sudáfrica. Mi negociador principal, Roelf Meyer, también ha estado muy involucrado compartiendo nuestra experiencia.

Hay una expresión que se usa con frecuencia en nuestro país, y es la de que el proceso ‘ha alcanzado un punto de no retorno’. ¿Cree usted que exista tal cosa? ¿Lo experimentaron en el proceso sudafricano?

Definitivamente experimentamos un punto de no retorno. Alcanzamos un punto en que ambas partes (eran más de dos, pero las dos principales) habían alcanzado acuerdos sobre sus preocupaciones principales y habría sido estúpido, una locura, anular el buen trabajo ya realizado. En un momento sientes que el peso ha virado y ahora hay que concluir. Es casi como un avión que va despegando y a cierta velocidad tiene la opción de detenerse, pero cuando alcanza cierta velocidad tiene que despegar y volar a alguna parte, o de lo contrario habrá un accidente y una terrible tragedia.

Siendo como son países tan separados, épocas tan diferentes y condiciones tan distintas, ¿hay aspectos del proceso que vivió Sudáfrica que usted crea que se pueden aplicar al caso colombiano?

Creo que sí. No es comparable directamente, pero déjeme apuntar solo dos aspectos que creo fundamentales y que aprendimos en nuestro proceso y que son aplicables a otros países. Primero: la gente debe entender que no se puede elegir con quién se debe negociar, deben negociar con gente que tenga el poder de cambiar las cosas, gente con liderazgo, gente que pueda hacer acuerdos y hacer promesas, y cumplirlas. Lo segundo: el punto de partida de una negociación exitosa es la aceptación, por ambas partes en pugna, de que las cosas no pueden seguir como están, que hay una necesidad de un cambio fundamental unida a la voluntad de un proceso de toma y dame, de sentarse a la mesa con el más acérrimo de los enemigos. Hablaré de muchos de esos puntos en mi charla.

¿Puede recordar cuáles fueron los momentos más complicados de la negociación con el partido de Mandela? ¿Cómo los manejaron?

Uno de los temas más difíciles fue cuando el Congreso Nacional Africano (ANC) se levantó de la mesa. Estábamos progresando, pero las facciones más radicales de esa parte eran de la opinión de que todo iba demasiado rápido y que el ANC estaba haciendo demasiadas concesiones. Entonces se levantaron de las negociaciones. ¿Cómo lo manejamos? Seguimos hablando. Ellos salieron a las calles, dijeron: “Vamos a hacer que el país sea ingobernable”. Pero Mandela y yo, a través de mensajeros, no dejamos de hablar jamás, ni siquiera en esos momentos tan difíciles. Meses después nos volvimos a sentar a la mesa y retomamos el diálogo donde habíamos quedado.

¿Recuerda dificultades significativas después de la firma del acuerdo final?

Sí, una de las principales fue que, justo antes de las primeras elecciones igualitarias, en 1994, dos partidos muy importantes (no los más grandes, pero dos muy importantes: el que representaba a la derecha blanca afrikáner y el que representaba al nacionalismo zulú) dijeron que no iban a participar. A último minuto logramos un acuerdo. El presidente Mandela jugó un papel vital para sumarlos y hacer que participaran. Después, a los dos años de un gobierno de Unidad Nacional que debía durar cinco años, el ANC comenzó a tratar de usar su mayoría para tratar de silenciarme, no solo como presidente adjunto sino como el principal líder de la oposición, y a decir que no tenía el derecho de criticar cualquier decisión del gabinete. Eso llevó a que mi partido saliera del Gobierno de unidad. Así que tuvimos toda clase de crisis, pero siempre encontramos la forma de superarlas.

¿Es decir que hablamos de años después de la firma de un acuerdo para alcanzar una paz significativa?

Sí, hablamos de que toda clase de cosas van a pasar después. La paz no se logra en un día. Cuando uno se sumerge en negociaciones intensas, como las que hicimos nosotros y como las que esperamos están por concluir ustedes, se crean los cimientos de la paz, el marco de la paz. Pero uno tiene que seguir trabajando para concretarla y nunca se puede ser complaciente y decir: “hemos alcanzado la paz”. En Sudáfrica, en este momento, las personas se gritan unas a otras, se acusan de nuevo de racismo… Hemos perdido mucho terreno desde las épocas de Mandela y los primeros días de Mbeki, cuando había realmente una reconciliación significativa. Hoy vemos que hemos perdido terreno en ese aspecto.

Según eso, a la vista de ese terreno perdido, ¿cree usted que el perdón y la reconciliación son realmente alcanzables para una nación?

Sí, son alcanzables, pero no caen del cielo. Demandan liderazgo de todos los partidos y movimientos, demandan la participación activa de la sociedad civil, demandan una buena Constitución, con cortes independientes capaces de actuar contra quienes cometan excesos… Es alcanzable, pero hay que trabajar en ello constantemente.

Usted ha de saber que en Colombia hay amplios sectores políticos y sociales en abierta oposición a las negociaciones, a la idea de concesiones a las Farc e incluso a la firma de la paz en las presentes condiciones… ¿Se puede avanzar hacia ese fin con sectores del país en resistencia a un acuerdo?

Lo cierto es: ¿tienen los líderes involucrados en las negociaciones, los que firman el acuerdo, suficientes, razonables mayorías para respaldarlos? Así es como funciona la democracia. La gente que se opone, pero que es una minoría, debe –en una democracia– aceptar el resultado. Eso pasó en Sudáfrica. En un punto, mis constituyentes blancos argumentaron que yo no tenía el mandato para negociar. Entonces decidí convocar a un referendo para decir: “ustedes saben lo que negociamos, saben cuán avanzados estamos. Ahora deben decidir si seguimos adelante, sí o no. Si una mayoría de los votantes dice no, renuncio a mi cargo y convoco elecciones. Si dice sí, tengo un mandato para concluir las negociaciones. Y enfrentados a eso, el 69 por ciento de los votos blancos dijo que sí. Eso fortaleció mi mano y renovó mi mandato. En una democracia, la mayoría (en especial si es amplia) decide lo que pasa.

¿Qué pasa si hay sectores de las Farc que persisten en su acción violenta? ¿Es viable adelantar un proceso, se puede aplicar la fuerza?

Creo que si tienes leyes en su lugar, la gente se puede oponer al proceso, pero si rompen la ley hay que aplicarla y perseguirlos, incluso criminalmente.

¿Ve usted en la Sudáfrica de hoy la realización de lo que proyectaron Mandela y usted, o cree que el país va hacia atrás en materia de la reconciliación que se buscaba?

No creo que estemos yendo atrás. En perspectiva me hallo feliz donde estamos. Hay asuntos que, para mí y para muchos otros, son causa de gran preocupación, pero con todos sus problemas y desafíos la Sudáfrica de hoy es un lugar mucho mejor que lo que sería si no hubiéramos tomado la iniciativa que tomamos y si no hubiéramos concluido los acuerdos que concluimos.

¿Cuál sería la principal lección que la experiencia sudafricana puede darle a Colombia con su proceso de paz?

Que incluso los problemas más desafiantes pueden resolverse mediante la negociación si hay la voluntad de hallar soluciones que funcionen. La negociación lleva a compromisos muy dolorosos. Si una parte termina sintiendo que ganó todo lo que quería y la otra siente que perdió todo lo que no quería, entonces has sembrado las semillas de un resurgir del conflicto. Si las dos partes terminan sintiendo que aseguraron las respuestas a sus preocupaciones principales, pero hicieron concesiones importantes para alcanzar la paz, ese es el mejor resultado que puedes obtener.

Finalmente, si yo soy un colombiano, afectado o no de manera directa por el conflicto, y mi posición personal es que no quiero perdonar a las Farc y no quiero que se les den concesiones a cambio de la paz, ¿qué me diría?

Diría que es poco sabio. Discutiría contigo y trataría de convencerte de que es importante poner el pasado detrás y mirar al futuro, pensando en el mejor interés de nuestros jóvenes y que nos elevemos por encima de nuestras frustraciones, incluso por encima de nuestros odios, para asegurarnos de que Colombia pueda alcanzar su verdadero, maravilloso, potencial.

Foro de EL TIEMPO y la U. del Rosario

Este jueves, la Universidad del Rosario y EL TIEMPO Casa Editorial realizarán el encuentro sobre ‘El futuro de un país en paz’, con la presencia del expresidente sudafricano Frederik de Klerk y el presidente Juan Manuel Santos.
De Klerk y el mandatario colombiano realizarán un conversatorio cuya introducción estará a cargo del director de EL TIEMPO, Roberto Pombo.

También intervendrá el jefe del equipo del gobierno en La Habana, Humberto de la Calle. El comisionado de paz, Sergio Jaramillo, y excomisionados de paz de gobiernos anteriores analizarán las expectativas del fin del conflicto.

EDULFO PEÑA Y WILSON VEGA
Editores de EL TIEMPO

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