Al rescate de La Candelaria

Al rescate de La Candelaria

Este barrio es un patrimonio de Bogotá y de Colombia. Merece una mejor suerte que la que hoy tiene.

16 de febrero 2016 , 08:40 p.m.

La iglesia León XIII en medio de las casas coloniales de La Candelaria. Foto: Rodrigo Sepúlveda /Archivo EL TIEMPO

En todas las ciudades con historia siempre hay íconos que las convierten en símbolo. En Bogotá, ese símbolo se llama La Candelaria. Es la localidad 17 y está incrustada en el corazón de la urbe. La más pequeña de las 20 que componen el tejido urbano de la capital, con apenas 24.000 habitantes distribuidos en 7 barrios y una UPZ.

Pese a su tamaño, alberga 11 universidades, allí tienen asiento todos los poderes de la Nación y su población flotante se multiplica por millones. La Candelaria es una de día –agitada y cosmopolita– y otra de noche –bohemia y fantasmal–.

Quienes recorren sus calles, sin embargo, advierten la ironía de un pasado histórico, una belleza arquitectónica, unas calles estrechas y empedradas y casonas de ilustres antepasados, con el estado lamentable que presentan muchas de sus vías, la suciedad evidente, los grafitis en las paredes y las camionetas de ilustres hombres de la patria estacionadas por doquier.

A ello se suma, cómo no, una alta presencia de habitantes de la calle, consumidores de estupefacientes y fenómenos de inseguridad que muchas veces son contagiados por sus vecinos.

Y no es que no tenga protectores. Hay amigos de La Candelaria que velan por su patrimonio. Pero la desidia de sus visitantes, el pésimo comportamiento de algunos parroquianos y una escasa presencia de autoridades que ayuden a controlar los desmanes que se cometen a diario han hecho que este territorio, que en tiempos ancestrales albergó a la Real Audiencia y fue “capital de gobernación, de virreinato y de república”, como bien lo recoge una monografía de la Secretaría de Planeación, esté hoy adornando las páginas de los diarios para denunciar tales tropelías.

La Candelaria es un patrimonio de Bogotá y de Colombia. Por tanto, merece una mejor suerte. Su alcaldesa actual (e), Norma Leticia Guzmán, es su primera doliente y hace esfuerzos por que la localidad siga preservando el legado que mejor simboliza a la Bogotá de hoy. Pero ello no basta, los dolientes tenemos que ser todos, porque es un bien de todos.

editorial@eltiempo.com

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