Los problemas en TransMilenio

Los problemas en TransMilenio

El principal de ellos es que se desbordó debido a que superó las previsiones o límites.

16 de febrero 2016 , 07:19 p.m.

Acerca de su editorial ‘El ring de TransMilenio’ (16-2-2016), quienes habitamos la capital condenamos con vehemencia los actos de destrucción contra TransMilenio, pero también debemos aceptar que el sistema tiene problemas cuya solución debe ser inmediata. El principal de ellos es que se desbordó debido a que superó las previsiones o límites. Se requiere aumentar la flota de articulados, las troncales y la frecuencia de rutas. La congestión en el servicio provoca incomodidad para los usuarios y toda clase de acciones delictivas.

Se necesitan seguridad y acción preventiva de la Policía Nacional y la colaboración de la ciudadanía. Hay demasiada congestión. TransMilenio, en las horas pico, es un completo caos; los vendedores ambulantes y cantantes hasta pelean entre ellos y con los usuarios del servicio; hay robo en todas las modalidades e incluso agresiones contra mujeres. Reitero, no hay derecho para las acciones vandálicas, pero se necesita con urgencia mejorar el servicio, que es caro.

Jorge Enrique Giraldo Acevedo

Cursos para motociclistas

Señor Director:
En los tiempos del Datt y del Intra (el de los azules), el pase se revalidaba o recategorizaba con un curso obligatorio dictado en el Salitre, sobre señales de tránsito, mecánica general, control de incendios, primeros auxilios y relaciones humanas.

Una vez aprobado, se finalizaba el proceso con un examen final práctico. Con las motos, y dada la enorme accidentalidad de este medio, el Ministerio de Transporte debería dictar por una vez tales cursos a los motociclistas como obligación adicional al técnico-mecánico, a fin de atajar la irresponsabilidad con que estos vehículos son conducidos y ahorrarnos tantos muertos, discapacitados y pérdidas materiales. Aún estamos a tiempo.

Sulia Alfonso
Bogotá

Sobre el drama migratorio

Señor Director:
La presión migratoria aumenta en el sur de Europa, al mismo tiempo que el norte del continente presiona para frenarla. Es como si Europa quisiera desviar la riada con sacos de arena que se ven continuamente desbordados. Es precisamente el norte rico, el que durante decenios se ha mostrado más incluyente e integrador, el que hoy se niega a la acogida. Suecia y Dinamarca, paradigmas del Estado de bienestar y de las políticas sociales, y Holanda, el reino de las libertades individuales, se niegan a recibir refugiados. Los daneses, además, han resuelto legislativamente que aquellos que entren en sus fronteras deberán pagarse la manutención con los pocos bienes que hayan conseguido sacar de la guerra de la que escapan. Todo es un despropósito y una vergüenza.

Con políticas de este corte, no es de extrañar que en la ciudadanía europea crezca el fantasma de la xenofobia.

Enric Barrull Casals
Girona (España)

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opinion@eltiempo.com  - @OpinionET

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