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La lucha del Instituto Cerros del Sur por sobrevivir

La lucha del Instituto Cerros del Sur por sobrevivir

Se quedó con 60 alumnos después de que la Alcaldía pasada acabara convenio que lo hacía público.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de febrero 2016 , 08:55 p. m.

El único colegio de Potosí, un sector del barrio Jerusalén en Ciudad Bolívar, agoniza y lucha para que los alrededor de 60 estudiantes que aún tiene no se queden sin educación.

Hace menos de dos años el Instituto Cerros del Sur (Ices) tenía 337 alumnos matriculados, pero ante la terminación del convenio el año pasado con el Distrito por decisión de la Administración pasada tuvieron que empezar a cobrar por la matrícula, que antes era gratuita.

Ahí no solo se enseña matemáticas y biología. Ha sido un ejemplo de escuela- comunidad y lucha contra las desigualdades. Aunque solo cobran 60.000 pesos mensuales, ya no tienen los recursos para educar a los niños que no tienen con qué pagar.

Aquí no hay manual de convivencia, no hay uniformes, ni puertas que se cierran. En Cerros del Sur los estudiantes visten como quieren y permanecen allí para aprender, y actuar contra los problemas de su vecindario. Tampoco hay muros, ni puertas, ni un vigilante de seguridad. Y aunque le tocó volverse privado tras la terminación del convenio, quiere ser colegio público y recibe a los que puede, así no paguen.

En 1984 Evaristo Bernate, un joven filósofo, lo fundó bajo la teoría de educación pública popular. “Esta escuela no solo carece de muros físicos, también de muros raciales, religiosos, políticos, económicos y tendencias sexuales, dice Leonidas Ospina, uno de los docentes.

De público a privado

Un convenio con la Secretaría de Educación permitió que alguna vez unos 1.200 niños y jóvenes de Jerusalén pudieran estudiar gratis en un colegio que poco a poco iba teniendo la mejor biblioteca de la localidad, un laboratorio, un salón de artes, un auditorio y salas de cómputo.

Para Héctor Gutiérrez, docente de artes del Ices, “las diferencias políticas hicieron que el convenio se terminara, dejando a la institución sin los recursos suficientes”. Este año la única entrada que tienen es la pensión y un arriendo que la Universidad Minuto de Dios paga por usar las instalaciones.

Según Ospina, “hay estudiantes que no pagan y aun así, no les negamos la educación. El personal de aquí no tiene todos los beneficios laborales, pero continuamos por no dejar morir un proyecto comunitario”.

Para los docentes este es un modelo de educación autónomo y alternativo. Sin embargo, resaltan que tienen el apoyo de figuras e incluso de la beca Rudolf Hommes, que desde 1985 ha beneficiado a 40 estudiantes mediante becas en universidades como Los Andes, Jorge Tadeo Lozano y Libre, de donde han salido profesionales en psicología, economía, ingenierías y licenciaturas. Otros han logrado becas en Cuba, México y Luxemburgo.

Para Néider Soto, egresado del Ices, este colegio no se destaca en áreas de ciencias exactas como otros del sector, pero sí en las humanidades, los temas sociales y ambientales, “estamos más encaminados a aprender sobre la comunidad, los derechos humanos y el trabajo en equipo para construir un mejor barrio”.

Contra la minería ilegal

De lo que es ahora un edificio azul de cuatro pisos, también nació ‘No le saque la piedra a la montaña’, una mesa ambiental liderada por Andrey Téllez, licenciado de la Universidad Pedagógica y profesor del Ices. Junto a los estudiantes y sus actividades artísticas y deportivas se convirtieron en el talón de Aquiles de la cantera de Potosí, ese paisaje excavado que durante más de 20 años le ha ido quitando terreno y recursos naturales a Ciudad Bolívar.

Ahora la cantera está cerrada, pues desde el primero de abril del 2015 se suspendió la actividad minera por la disposición inadecuada de material, el mal almacenamiento de combustibles y el vertimiento de aguas residuales.

Unido a los problemas de salud y el daño al ecosistema subxerofítico, las manifestaciones de los estudiantes fueron determinantes para que hoy no vuelvan a abrir la cantera. “Montados en zancos, con cantos, carteles y plantones hicimos una intervención en la entrada de la cantera con la que manifestamos nuestro desacuerdo”, dice Andrey.

El terreno amplio detrás del colegio también ha servido para que estos jóvenes encuentren su gusto por las actividades físicas. Las caminatas hacia la montaña se convirtieron para algunos en marchas atléticas, que les han permitido competir en las olimpiadas: uno en Beijín, tres en Londres y próximamente tres en Río de Janeiro. Además han representado al club del colegio en México y en los juegos intercolegiados.

EL TIEMPO

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